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Opinión

  • | 2019/01/23 01:30

    Gobernabilidad posmermelada

    Este año resulta crítico para que un mecanismo moderno de relacionamiento político se consolide y quienes más deberían acompañar al gobierno en esta tarea son las fuerzas alternativas.

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Una de las principales apuestas del gobierno del presidente Duque es la transformación de las relaciones entre el Ejecutivo y el congreso para establecer un nuevo modelo de gobernabilidad. Esta iniciativa merece más apoyo por parte de todos aquellos interesados en la lucha contra la corrupción y la modernización del Estado.

Lamentablemente, los colombianos no conocemos una forma de gobierno distinta a la contraprestación mutua entre estos dos poderes públicos a costa de los impuestos que pagamos y por eso no resulta fácil entender la importancia del cambio en las reglas de juego que ha propuesto el gobierno y su trascendencia para la democracia colombiana.

Los gobiernos han logrado construir mayorías parlamentarias comprometiendo el acceso por debajo de la mesa de los congresistas al presupuesto público. Colombia es uno de los pocos países que no tiene iniciativa de gasto en cabeza del legislativo, lo cual convierte a este órgano en un aparato eunuco a la hora de responder a las demandas que hacen los votantes en las regiones. Como el ejecutivo sabe que el principal interés de la mayor parte de los congresistas es llevar obras a sus electores para conseguir así los apoyos que permitan tanto su reelección como la ampliación de su poder político, se aprovecha de ello para establecer una relación opaca con los miembros del congreso mediante la cual les permite acceder al presupuesto de inversión a cambio de la lealtad política.  De este modo, los que apoyan al gobierno participan del gasto público y los que no se quedan por fuera.

Este arreglo institucional permite la conformación del “partido del presidente” según la expresión del maestro Fernando Cepeda. El problema de este arreglo es que resulta disfuncional para el conjunto del sistema democrático.  En primer lugar, debilita a los partidos políticos, los cuales no tienen la capacidad de ser coherentes con las plataformas programáticas que ofrecieron a sus electores pues en el momento de votar prima la necesidad de alinearse con el gobierno para conservar el acceso a los recursos de inversión. La incoherencia ideológica de los partidos deteriora la credibilidad del conjunto del sistema democrático pues los ciudadanos deducen que no es a través de los partidos como se logra la defensa de los intereses colectivos y acuden a otros mecanismos.

Igualmente, se debilita la capacidad del congreso para realizar control político. El control de las mayorías conlleva un permanente estado de sumisión del legislativo. Esto explica que Colombia sea uno de los pocos países que cuentan con un Estatuto de la Oposición consagrado legalmente, cuando esas mismas garantías en la mayor parte de las democracias occidentales están consagradas en el propio reglamento del congreso. Sin un congreso con vocación de control político el centro del debate democrático se traslada a otros escenarios, razón por la cual en Colombia son más importantes los programas de opinión radiales que las citaciones del congreso a los ministros.

Finalmente, la característica más visible del modelo de la mermelada es la desviación de los recursos públicos hacia las arcas de los congresistas que aprovechan la falta de transparencia en la asignación de estos para acceder a una porción como recompensa por sus trámites. Como solo los congresistas saben cuantos recursos les asignaron y en que programas, pueden controlar el giro de los recursos hacia aquellas alcaldías que se quieren beneficiar de las obras bajo las condiciones (contratistas) que ellos imponen.

Salir del modelo de la gobernabilidad con mermelada es una tarea de enorme complejidad en la cual es necesario acompañar al Presidente de la República, resulta necesario construir un modelo de relacionamiento distinto entre el Ejecutivo y el legislativo si el país quiere avanzar en las tareas de modernización que requiere el Estado y hacer eficaz la lucha contra la corrupción.

Este año resulta crítico para que un mecanismo moderno de relacionamiento político se consolide y quienes más deberían acompañar al gobierno en esta tarea son las fuerzas alternativas. De cara a las elecciones locales uno es el escenario con los congresistas apalancando sus candidatos con los recursos del gobierno nacional y otro muy distinto si

La competencia se da en un terreno mucho más equilibrado.

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