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Julio Londoño.
Julio Londoño. - Foto: Juan Carlos Sierra

Grabaciones entre amigos

La grabación que ha trascendido de una conversación entre el embajador de Colombia y la canciller en Washington hace recordar un conocido capítulo en Cuba.

Por: Julio Londoño Paredes

La grabación subrepticia de una conversación privada entre el embajador de Colombia en Washington y la nueva canciller ha generado todo tipo de reacciones, incluso por parte del régimen madurista, que ahora no se limita a insultar a nuestro país, sino que paradójicamente da consejos y recomendaciones al gobierno colombiano. 

No parece haber en la charla entre el embajador y la canciller, ninguna afirmación ofensiva contra los Estados Unidos. Resulta mucho más desafortunada, la costumbre de representantes de organismos internacionales y de algunos funcionarios diplomáticos extranjeros de emitir públicamente juicios y hacer recomendaciones al gobierno colombiano sobre asuntos de carácter doméstico. Habría que preguntarse qué sucedería si nuestros embajadores hicieran lo mismo en los países donde están acreditados. 

El hecho hace recordar el caso de las grabaciones que precipitaron la fulminante destitución del vicepresidente de Cuba Carlos Lage y del canciller Felipe Pérez Roque, el 3 de marzo de 2009. En ese momento las personas más cercanas al comandante Fidel Castro y que se proyectaban con mayores posibilidades para una “sucesión”. En un medio en el cual, esa palabra, ni siquiera se podía pronunciar.  

Todo se derivó de que el empresario cubano Conrado Hernández, representante de los intereses comerciales del País Vasco en Cuba y amigo de la infancia de Lage, cuando regresaba de España, departía con él y con Felipe Pérez en una finca que tenía cercana a La Habana. En esas charlas entre amigos se hablaba entre otras cosas de la actualidad cubana. 

En alguna oportunidad trataron de la conveniencia de una renovación de los dirigentes de la revolución ya que casi todos eran mayores de ochenta años, haciendo incluso chistes de los olvidos de Fidel Castro y poniendo en duda la capacidad de Raúl para dirigir al país. No se habló de un complot ni de nada parecido, ya que tanto Lage como Felipe Pérez eran incondicionales del Comandante. 

Lo que no sabían el vicepresidente y el canciller era que Hernández grababa todas las conversaciones que mantenían jovialmente en su finca, las llevaba a Madrid y las entregaba a la inteligencia española que así tenía información privilegiada sobre la situación cubana y las perspectivas futuras de la isla. 

Sin embargo, el servicio de inteligencia cubano le siguió la pista y en una de sus salidas hacia Madrid, Hernández fue detenido en el aeropuerto de La Habana y le fueron decomisadas las grabaciones que llevaba en un computador portátil. 

El cuerpo diplomático fue convocado de urgencia en las horas de la noche a la cancillería y   en forma lacónica un vocero del gobierno anunció que el vicepresidente y el canciller habían sido removidos de sus cargos. 

Ambos públicamente expresaron después su arrepentimiento. Lage, que era médico, fue asignado a un pequeño puesto de salud. A Felipe Pérez, que era ingeniero electrónico, lo remitieron como operador a una planta que ensamblaba electrodomésticos. Hernández fue procesado por traición a la patria. 

(*) Decano de la facultad de Estudios Internacionales, Políticos y Urbanos de la Universidad del Rosario.