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Opinión

  • | 2019/08/05 21:35

    Guerra eterna con el ELN

    Cumpliendo con una de las promesas de campaña del partido de gobierno, el Presidente de la Republica firmó hace pocos días la ley que elimina la conexidad del narcotráfico y el secuestro con los delitos políticos.

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Una ley bastante exótica (incluso para nuestros estándares tropicales), que prohíbe con rango constitucional lo que ya estaba prohibido, resuelve un problema que no existía, y reordena jurídicamente lo que siempre estuvo claro y ordenado. Haciendo “la vuelta del bobo” como lo definió la Representante Juanita Goebertus.

La verdad jurídica que poco se explicó en los pronunciamientos oficiales, es que este acto legislativo, no aplica ni al proceso anterior con las FARC, ni al suspendido proceso con el ELN, ni a futuras negociaciones con las BACRIM (o con las siglas que se le pongan después a las organizaciones de narcotráfico derivadas de la primera hasta la enésima generación de sucesores del paramilitarismo), pero si le genera confusión y dudas a todos los anteriores.

Con la entrada en vigencia de la “Ley Duque”, hay un desenlace cierto y otros inciertos: Primero, es un mensaje político que cae como un bálsamo entre las barras del NO a pocos meses de las elecciones regionales, no renuncia el partido de Gobierno a hacer política electoral en la plaza pública ahondando la polarización. El segundo es en cambio más incierto y es que genera un galimatías en la suspendida mesa de negociación con el ELN, porque allí no solo cuenta lo jurídico sino también el mensaje político hacia su guerrillerada. 

El asunto complejo está en que a partir de la semana pasada, una de las cartas de la negociación que es el delito político y sus conexidades, queda doblemente trancada, lo cual la cotiza como un punto de honor para la guerrilla. En otras palabras, el Gobierno le acaba de subir el precio a un elemento de la negociación que era insignificante y el ELN lo sabe, si de un lado de la mesa hacen populismo constitucional pues del otro lado le van a responder igual o peor. 

No se vale poner cara de sorprendidos cuando el ELN exija como parte del proceso de reanudación de la negociación, que se le restablezca la conexidad entre el narcotráfico, el secuestro y sus delitos políticos; aunque carezca de viabilidad jurídica, esta exigencia se les acomoda a la perfección con su manto ideológico. El ELN no es solo la guerrilla más antigua del mundo, es también la más terca y la más obtusa.

La gran mayoría de los colombianos quisiéramos ver a los miembros del Comando Central del ELN alias “Gabino”, “Pablo Beltrán”, “Ramiro Vargas”, “Antonio Garcia” y el más sanguinario “Pablito”, tras las rejas, ojala extraditados y reparando con sus bienes que son producto del secuestro, y el narcotráfico, a las decenas de miles de víctimas. Pero la verdad es que nada de eso va a pasar durante el mandato de Duque, el ocaso armado y financiero del ELN está lejos, incluso más lejos que la caída de Nicolas Maduro y de todo el socialismo del Siglo XXI en Venezuela. 

Desde su fundación a principios de los años sesenta en las montañas cubanas de Escambray, el ELN no habían gozado de una estabilidad territorial tan cómoda y prolifera como la que hoy tienen dentro de Venezuela. Encumbrados en las finanzas de la “Triple C” que son el tráfico de Cocaína, Contrabando y Coltan, los planes de expansión territorial elenos, no muestran una guerrilla ni en desbandada ni a la defensiva, por el contrario muestran un plan consistente de expansión social y económica a lo largo y ancho de la frontera. Donde además se advierte que la infraestructura productiva privada está entre sus cuentas.

Meterle populismo electoral a un tema de seguridad nacional no es conveniente para Colombia ni para ningún país. Con la reforma legislativa aprobada, que no reduce el secuestro, ni tampoco ayuda a bajar el narcotráfico, lo único que se logra es sumarle peros a una negociación que tarde o temprano deberá hacerse con el ELN, la guerra eterna no puede ser una opción. La gran factura de este experimento legislativo para el Gobierno, es haberse distraído frente al verdadero desafío que tiene con el ELN, y es evitar que esta guerrilla se siga consolidando como la primera línea de defensa de la usurpación venezolana en su frontera con Colombia.

***

El Sistema Integrado de Monitoreo de Cultivos Ilícitos (SIMCI) cumplió sus primeros 20 años analizando las dinámicas territoriales de la hoja de coca y la cadena del narcotráfico. Este sistema creado y operado por profesionales colombianos ha servido de modelo para los demás sistemas de monitoreo en el mundo que opera Naciones Unidas y es una fuente inagotable de estadísticas y mapas para entender no solo la coca sino buena parte de la ruralidad colombiana. 

En medio de la expectativa por las cifras del censo de coca, pasó desapercibido su aniversario y el enorme aporte que han realizado. Felicitaciones a todo el equipo humano de SIMCI y en especial a su director el ingeniero Leonardo Correa que ha mantenido a flote esta iniciativa técnica sin negociar su autonomía y superando cada año las enormes dificultades presupuestales

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