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Opinión

  • | 2003/12/08 00:00

    Incendio en el vecindario

    Venezuela está viviendo una guerra de clases, la pobreza se duplicó en Ecuador, Perú sigue malvendiendo su riqueza minera...

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Hace 10 años todo era alegría. Por vez primera en la historia de América Latina, no había gobiernos militares ni economías quebradas. La última dictadura militar cayó en 1993, y la pérdida de 8 por ciento en el ingreso per cápita que nos dejaron los 80 había sido casi completamente compensada.

Un proceso que ocurre en 20 países distintos y poco conectados entre sí sólo puede explicarse por aquello que tienen en común, vale decir, por cambios en el orden mundial que los afecta a todos. Y el cambio más decisivo de la época fue por supuesto el fin de la Guerra Fría.

Mientras Estados Unidos y la Urss se disputaron el mundo, la prioridad de Washington fue contener la amenaza comunista -y la de Moscú fue infiltrar los movimientos sociales-. En el patio trasero, América Latina, esto implicaba usar el ejército como último recurso ante presiones populares excesivas. En los países donde había más Estado (tipo Chile o Argentina) se trató de dictaduras burocráticas; en los países donde había poco Estado (tipo Nicaragua o Salvador) el intento desembocó en guerras civiles.

Ida la oveja, ida la lana. Ida la Urss, se fue la guerra de América Central y los gringos no volvieron a jalarle a los golpes militares. La tutela o tapón que contenía las protestas populares dejó de funcionar y América Latina quedó libre para volver a sus "retozos democráticos".

Los primeros retozos fueron inocentes. La "sociedad civil" y los estudiantes promovieron cambios de Constitución y eligieron presidentes yuppies. Los pobres no protestaron porque el empleo y el gasto público social estaban aumentando.

Fueron los años dorados de Salinas, Menem o Gaviria, que ellos atribuyen a sus buenas políticas y en efecto se deben a que cambió la economía norteamericana: había exceso de liquidez, tasas de interés bajas y déficit comercial, de suerte que América Latina se inundó de préstamos baratos, se abrió de par en par a los productos gringos y disfrutó así de una bonanza hechiza.

La segunda parte del cuento es menos linda, porque consiste en capotear cuentas de cobro. Cobro de la deuda externa, que no puede dejarse de pagar (¡ay de Argentina!) que en cada uno de los 20 países ha implicado liquidar los activos ("privatizaciones") apretarse el cinturón y frenar la economía.

Cobro, además, de la deuda social, porque el ingreso medio cayó 2 puntos desde el 97, porque hoy tenemos 209 millones de pobres, porque el ajuste lo han pagado los de abajo, en países que tienen 16 de las 20 peores distribuciones de ingreso en el planeta.

A falta de tutela o de tapón, esta segunda ola de retozos democráticos ya es menos inocente. Son las movilizaciones masivas, las protestas populares y las crisis de gobierno que vienen sacudiendo a los vecinos. Para hablar nada más de los andinos:

_ Venezuela está viviendo algo muy parecido a la guerra de clases, con Chávez repartiendo mercados entre el lumpen y los cogollos empeñados en tumbarlo con sables o con firmas.

_ Como fruto de la dolarización, la pobreza se duplicó en Ecuador, los indígenas de Conaie y Pachakutic andan de rebelión en rebelión, y Gutiérrez está a punto de caerse.

_ Perú sigue viviendo de malvender su riqueza minera, pero tiene 66 por ciento de pobreza, tiene el presidente más impopular del hemisferio y tiene incluso el riesgo de que vuelva García.

_ ¿Y qué decir de Bolivia, con los cocaleros que casi ponen presidente, con los aimara pidiendo tolda aparte, con una casi-guerra de regiones por el gas, con "el Goni" renunciado y con Mesa diciendo que él no dura?

La excepción de protestas populares es Colombia, y esta se explica por el conflicto armado que lleva 40 años:

_ Durante la Guerra Fría, aquí no hubo golpe militar (a lo Chile) ni guerra civil (a lo Salvador) porque no había un movimiento popular capaz de tumbar gobiernos; ese espacio fue usurpado por una guerrilla que no podía tomarse el poder pero sí servía como pretexto para reprimir las luchas populares.

_ Cuando acabó la Guerra Fría nos llegó el karma de la droga, para que Estados Unidos mantuviera su tutela o su tapón contra la "narcoguerrilla".

_ Y avivado precisamente por la droga, el conflicto silenció la pobreza, a punto tal que en vez de rebelarse, aquí los pobres están con la derecha que representa el presidente Uribe.

¿O estuvieron, hasta que Lucho y Piedad mostraron otro camino?
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