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Opinión

  • | 2018/10/30 01:14

    El gobierno de IBAN Duque

    ¡Cómo se le nota la falta de experiencia al presidente Duque! Se hace cada día más evidente su ausencia de cancha, de olfato y de preparación para el ejercicio del cargo que hoy ostenta.

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Apenas vamos por los tres meses de gobierno y, en esa medida, resulta apenas justo darle al jefe de Estado un compás de espera para ver si le coge el tiro a su nuevo trabajo. Sin embargo, el panorama está lejos de ser esperanzador. La cosa va mal, bastante mal. Duque, que da la impresión de ser un tipo receptivo y estudioso de los temas, parece no haber aprendido nada de las victorias y las derrotas de sus más recientes antecesores.

Hoy por hoy, el presidente está cometiendo un error que le va a salir carísimo por donde se le mire. Me refiero a ese mismo error en el que cayó Juan Manuel Santos al principio de su gobierno: el de querer quedar bien con todo el mundo. Esa decisión, que a decir verdad nace de una intención de buen origen, en un país como el nuestro todavía no funciona. A la hora de calificar a sus dignatarios, está más que demostrado que al grueso de los colombianos les gusta más un tipo que toma posiciones claras, que defiende a capa y espada sus postulados y que no deja espacio para ambigüedades o aguas tibias. Basta no más con comprar la evolución de la imagen favorable de Uribe y de Santos durante sus respectivos mandatos. A la gente en este país le gusta saber a que se atiene con su presidente.

Es normal que al llegar al gobierno Duque haya pensando que él es el presidente de todos y no solo de los que lo eligieron, que quiere unir al país, que quiere cambiar las costumbres políticas, y que debe buscar consensos con Raimundo y todo el mundo para que lo valoren, lo apoyen y lo acepten. Toda eso suena muy bien. Pero a la hora de la verdad, al momento de materializar esas intenciones, al presidente le ha ido como a los perros en misa. Más temprano que tarde se irá dando cuenta.

Los defensores y compañeros de partido del hoy presidente, durante la campaña electoral se dedicaron a pedirle el voto a la gente con el argumento de que Iván Duque era la persona indicada para corregir el rumbo del desastre de país que según ellos entregó Juan Manuel Santos. Entre el mar de lugares comunes en los postulados de campaña del candidato uribista, había unos cuantos que sí sonaban contundentes y que parecían ser la columna vertebral de su plan de gobierno.

Para no hacer el cuento muy largo, hagamos un breve recuento de esos puntos clave. El entonces candidato prometía acabar con la elegibilidad política para los jefes de las Farc, modificar profundamente la estructura de la JEP, cárcel para los máximos responsables, conseguir que le entregaran todas las rutas de narcotráfico, cero tolerancia y cero concesiones para las Farc. Eso por nombrar solo algunas de sus promesas frente al proceso de paz las cuales, estoy seguro, fueron un factor determinante en su victoria. Prometió acabar con la mermelada, nombrar un gabinete paritario y técnico, subir los salarios y bajar los impuestos, acabar con el derroche del Estado, y se comprometió a librar una lucha frontal contra la corrupción, entre muchas otras maravillas.

Teniendo en cuenta que la bandera política del uribismo fue la de decir que Santos era un traidor porque se eligió con unas ideas para luego gobernar con otras, es imposible no ver el tamaño del problema en que el están el presidente Duque y su partido. Las vueltas que da la vida. Al estrellarse con la realidad, a Iván Duque le está tocando hacer justamente eso que tanto criticó y satanizó en el pasado. Se eligió con unas ideas para gobernar con otras. Quienes votaron por él pensando que iba a cumplir lo que dijo en la campaña, se pueden ir preparando para el monumental conejo que les van a poner.

Es que de toda esa carreta que mencioné arriba, lo único que el presidente cumplió fue lo del gabinete paritario y técnico. Hay que ver cuánto dura esa estructura con el problema de gobernabilidad que le ha traído. De resto, carreta pura y dura. En cuanto a los temas de la paz el presidente, en buena hora, se volteó con la misma facilidad que la arepa que cociné al desayuno. Esa decisión hay que celebrarla pues marca el inicio del camino que le conviene al país. Ya Duque dijo, en clara contravía con lo que decía en la campaña, que va a respetar los acuerdos tal y como están, que los va a dejar quietos y que nos les va a cambiar ni una coma. Qué lástima por Uribe, qué bueno por Colombia. En cuanto al tema de la mermelada ya varios periodistas han denunciado que ese fenómeno empieza a asomarse de nuevo. Eso por no decir que a los tres meses ningún gobierno la necesita. Ya veremos qué pasa.

¿Subir los salarios y bajar los impuestos? ¡Paja! Ya ha quedado claro que la reforma tributaria que, para entrar en la onda de Halloween, decidieron disfrazar con el nombre de ley de financiamiento, si va a bajar los impuestos. Lo que se les olvidó decir es que le van a bajar los impuestos a las empresas y a los ricos y van a clavar a todo el resto del país. A la clase media, a los pobres…

Lo de acabar con el derroche se cae de su propio peso si uno se pone a ver cosas como el tamaño de la comitiva para ir a visitar al papa Francisco. Solamente faltaron las mascotas.

Queda entonces el tema de la lucha contra la corrupción que puede ser, tal vez, el más vergonzoso de todos. El presidente no solo ha nombrado en cargos claves a personajes que han sido señalados o destituidos por actos de corrupción, sino que se comprometió a impulsar todas las iniciativas derivadas de la consulta para luego hacerse el pendejo.

Así la cosa no va bien presidente. No puede seguir vendiéndole falsas esperanzas y compromisos a todo el mundo para luego salir con un chorro de babas. Si sigue por ese camino, intentando complacer a la galería, todos los que hoy lo apoyan lo acabarán atacando.

Su gobierno empieza a volverse un listado de todas las cosas que iban a hacer. Iban a luchar contra la corrupción, iban a acabar la mermelada, iban a mejorar la educación, iban a acabar el derroche, iban a bajar los impuestos, iban, iban, iban. A este pasó, su estadía en la Casa de Nariño no será recordada como el gobierno de Iván Duque, sino como el gobierno de IBAN Duque…

En Twitter: @Federicogomezla




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