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Opinión

  • | 1990/09/17 00:00

    JACOBO SI

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Ambos periódicos bogotanos, El Tiempo y El Espectador, se sintonizaron editorialmente con el país la semana pasada, en un rasgamiento colectivo de vestiduras, en torno al cubrimiento que la radio y la televisión le dieron a la muerte de Jacobo Arenas, el guerrillero más viejo del mundo.

Escribió El Espectador en su editorial del jueves 16: "Extraño país Colombia, donde los medios de publicidad, en especial ciertos noticieros de la radio y de la T.V. pero también alguna prensa, destacan con ribetes de mal disimulada trasposición la presencia y manifestaciones de quienes desde las márgenes de la delincuencia (...) suelen colócar en entredicho la acción represiva de las autoridades"
Y El Tiempo del mismo día: A Jacobo Arenas "se le han rendido homenajes que en ciertos medios de comunicación no se dedicaron al ex-presidente Alberto Lleras cuandó el país lloró su pérdida".

Que la gente piense así del despliegue que los medios le hicieron a la muerte de Arenas, vaya y venga. El impacto de la imagen en la televisión hace que, muchas veces, el televidente sólo vea, y no oiga, lo que se está presentando.

A la gente puede perdonársele que confunda la extensión con la promoción. Que suponga que por el simple hecho de mencionar noticiosamente a un personaje se le está exhibiendo. Y que crea que a los malos no se les puede dar pantalla, así se mueran.
Pero a los que no puede perdonárseles que piensen así es a los periódicos, que barajan más o menos el mismo abecedario periódístico que la radio y la televisión.

Aspirar a que la muerte de Jacobo Arenas y sus implicaciones para el país y el futuro de la paz no fueran registradas por los medios de comunicación, es una monstruosa deformación del oficio. La historia de la humanidad también la han hecho avanzar los malos y los herejes y, querámoslo o no, los cuarenta años de Jacobo Arenas en la guerrilla están clavados como estaca en algunos de los capítulos más cruciales de la historia nacional.

En el video, filmado por los propios guerrilleros, del entierro de Jacobo Arenas, transmitido por la televisión, podían descubrirse docenas de razones para que el país quede profundamente preocupado.

El hecho de que en 48 horas hubieran podido reunirse en un solo lugar miles de guerrilleros perfectamente uniformados, fuertemente armados y sobrecogedoramente silenciosos en torno al cadáver de Arenas, provenientes de todos los puntos del país, no sólo es prueba de la preocupante fortaleza de las Farc, sino demostración de que el territorio nacional está lleno de caminos guerrilleros sobre loss que no hay vigilancia de las autoridades, y amplias zonas del país donde no hay imperio de la ley.

A mí me parece que los colombianos tienen derecho de saberlo. Y mientras los periódicos se los pueden contar, la televisión se los puede y se los debe mostrar, así mis queridos Hernando y Enrique Santos crean que el deber de los noticieros de televisión consista, por el contrario, en proteger a los colombianos, ocultándoles los peligros que enfrentan.

Yo considero que los noticieros de televisión tenemos que cumplir tres objetivos. Desmitificar los mitos, acercar a la gente a la realidad, y permitirle a la gente ejercer el derecho de conocer sus propios peligros.

En este contexto, una anécdota:
me decía antenoche en un coctel, con gran orgullo, un empresario costeño de un medio de comunicación: "Cómo te parece. Mientras el país está convencido de que estamos en tregua, resulta que hace tres días pusieron otro carrobomba en Cartagena, y logramos ocultárselo al país".
Yo le pregunto a los lectores: ¿Qué sensación les causaría que les llegara el chisme de que desactivaron un carrobomba a la vuelta de la esquina de sus casas? O el chisme de que casi explota uno en el centro comercial al que sus hijos van a matiné? O el chisme de que explotó un carrobomba la noche anterior en la ruta que utilizan para volver a sus casas, sólo que las autoridades recogieron diligentemente los muertos al amanecer? O el chisme de que como que hubo un carrobomba hace una semana en Cartagena, por lo cual la tregua, no es tal tregua?
El único medio de comunicación que por su propia naturaleza no puede contar un chisme es la televisión, porque tiene que corroborar las afirmaciones que hace, con ayuda de imágenes.

En el noticiero que dirijo está prohibido mostrar cadáveres. Pero hay momentos en los que el testimonio visual de un cadáver trasciende la truculencia de la imagen, como cuando mataron a "El Mejicano", lo que la gente no creyó hasta que lo vio. Por el contrario el mundo está todavía lleno de incrédulos sobre la famosa purga de Castro en Cuba y el fusilamiento de altos funcionarios de su gobierno implicado en narcotráfico. ¿Porqué? Porque faltó mostrar un par de cadáveres por la televisión.

Estas afirmaciones, que pueder sonarles un poco duras, intentan demostrar que no siempre la violenciá que transmiten los noticieros de televisión es gratuita. El reto del periodismo televisivo es escoger qué mostrar, cómo mostrarlo y cuándo mostrarlo.

Si los periodistas de televisión logramos, no "proteger" a los televidentes como nos lo exigen los Santos, sino satisfacer el deseo natural de las personas de ver lo que ha sucedido, y con ello logramos evitar que la gente agrande los peligros que desconoce porque a través de la televisión obtiene la verdadera dimensión de los peligros que enfrenta, habremos cumplido con buena parte de nuestro cometido.

Claro está que también existe la otra opción. No contarles a los colombianos que se murió Jacobo Arenas, mantenerlos convencidos de que la Farc, mijita, están acabadas...
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