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Opinión

  • | 2018/03/07 23:29

    ¿Arando en el mar y sembrando en el desierto?

    Fue el doctor Laureano Gómez quien calificó a nuestro pueblo de “inepto vulgo” y el doctor Darío Echandía quien lo llamó “país de cafres”. El doctor Alberto Lleras creía en la existencia de “una coalición informe de ciudadanos impacientes, intolerantes, subversivos”, que causaban buena parte de nuestros infortunios. Y no falta quien considere que el colombiano es de mala fe.

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Es imposible estar de acuerdo con una generalización de este tipo. Pero no hay duda de que existe un cierto número de colombianos, ¿doscientos mil, trescientos mil?, capaces absolutamente de todo, de cualquier cosa. Para muestra los Pablos Escobares, los Rodríguez Gachas y compañía, los Carlos Castaños, los integrantes de las AUC, los del ELN y de innumerables grupos guerrilleros, así como las actuales bacrims. Pero no solo ellos. También las personas que irracionalmente atentan contra la libertad de expresión y de reunión del expresidente Uribe organizándose para sabotearle sus manifestaciones al grito de “asesino”, o de los que intentan una asonada contra el mejor posicionado en las encuestas entre los candidatos llamados de izquierda, Gustavo Petro, a quien se trató de agredir personalmente en la ciudad de Cúcuta, quizá con la intención de producir efectos impensables.

Ya hemos tenido suficientes magnicidios en nuestra historia para agregar unos más: El mariscal Antonio José de Sucre, asesinado en Berruecos en la época de la Gran Colombia; el general Rafael Uribe Uribe, en las gradas del Capitolio Nacional; Jorge Eliécer Gaitán en la carrera Séptima; Luis Carlos Galán Sarmiento en la Plaza de Soacha presuntamente con la colaboración de algunos integrantes de la Policía Nacional y del DAS; Álvaro Gómez Hurtado en la Universidad Sergio Arboleda al salir de dictar clase sobre el arte en la época del romanticismo italiano, homicidio en el cual supuestamente participaron militares retirados y el cartel del norte del Valle, según lo narra el exembajador Myles Frechette en alguna entrevista para El Espectador. Y no es posible dejar de mencionar a Carlos Pizarro Leongómez que acababa de dejar las armas por la política, y fue acribillado en un avión de Avianca poco después de que despegara, por orden de Carlos Castaño, quien según su propio dicho, dirigía la operación desde el aeropuerto El Dorado, inmune a la búsqueda que aparentemente le hacían las fuerzas de seguridad del Estado. Este individuo también asesinó a Jaime Garzón. La muerte le llegó de la misma manera a Bernardo Jaramillo en el Puente Aéreo de Bogotá y a Jaime Pardo Leal. Y ni qué hablar del genocidio de la UP.

Pero el futuro puede ser oscuro si el doctor Álvaro Uribe gana la Presidencia de la República con su candidato Iván Duque quien se propone, siguiendo las instrucciones del expresidente obviamente, a punta de actos legislativos eliminar la JEP, impedir que continúen en Senado y Cámara los comandantes guerrilleros, ahora del partido Farc, y llevarlos a la cárcel, como lo acaba de afirmar antier en Semana en Vivo. Ello equivale a la promesa de incumplir los acuerdos de paz firmados con las Farc y a, como diría con elocuencia Fernando Londoño, a “hacer trizas los acuerdos”, aunque niegue esta expresión, al igual que el doctor Uribe, por razones estratégicas comprensibles. Si este binomio llegara al poder, nos esperarían el fortalecimiento del ELN y de las disidencias de las Farc, lo que implica más guerra y menos paz. El doctor Iván Duque tiene no solo una buena formación económica. También la tiene jurídica y filosófica. Por eso me ha sorprendido oír su afirmación de que las Farc se han quedado con armas y con riquezas. Es cierto que a este respecto no ha hecho más que repetir las declaraciones del señor fiscal general de la Nación. ¿Siendo ambos abogados, cómo es posible que hagan afirmaciones tan graves en contra de la paz del país sin aportar la más mínima prueba, sin tener la más mínima prueba? Eso no es el fair play que uno podría esperar de un candidato que, por tener serias posibilidades de llegar a la Presidencia, está en la obligación de ser riguroso en estas materias.

Actualmente están asesinando a integrantes desmovilizados de las Farc por el “pecado imperdonable” de haberle jugado a la paz y entregado las armas para que no hubiera, por cuenta de ellos, más muerte y más dolor ni de un lado ni de otro. También están asesinando a líderes sociales por otro “pecado imperdonable”: La defensa de los derechos humanos de los más humildes. ¡Qué terrible condición humana la de algunos colombianos! “Mala gente que camina y va apestando la tierra”, como diría Antonio Machado.

En el pasado, la violencia liberal-conservadora comenzó por la intemperancia verbal, la intolerancia, la calumnia, la difamación y el insulto que prácticamente lograron hacer invivible este país, hasta el punto de que Gaitán en su famosa Oración por la Paz le pedía al presidente Ospina Pérez: “Impedid, Señor, la violencia. Queremos la defensa de la vida humana, que es lo mínimo que puede pedir un pueblo”.

El lenguaje encendido, a veces difamador, y otra veces mentiroso y falso, de ciertos jefes políticos que utilizan estos métodos como estrategia, no puede producir frutos de paz sino de odio y de venganza. A esos líderes les podríamos decir como Gaitán a Ospina Pérez: “Apenas os pedimos que nuestra patria no transite por caminos que nos avergüencen ante propios y extraños. ¡Os pedimos hechos de paz y de civilización!”. Es lo que debemos pedirle a todos los colombianos: Hechos de paz y de civilización. Que abandonen el culto a la muerte, que con frecuencia le desean a quienes piensan y actúan diferente.

¿Estaremos arando en el mar y sembrando en el desierto, como diría Bolívar?

_____________

Añadido: Se van a gastar un billón de pesos, según el ministro de Hacienda apenas 800.000 millones, en eliminar tres ceros en los billetes de curso forzoso. Será interesante ver cómo les van a quitar los ceros que ya estos billetes no tienen. Podrían gastárselos en caminos vecinales o vías terciarias o en alimentar niños desnutridos o en aproximar las escuelas a los muchachos que a veces tienen que caminar una o dos horas para llegar a ellas. Ya que se los quieren gastar, ¿por qué no en algo con contenido social?

Constituyente 91*

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