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Opinión

  • | 2004/09/24 00:00

    José Obdulio

    A los uribistas antirreeleccionistas, como yo, nos da miedo -y no vergüenza- sostener que este proyecto de reelección puede hacerle mucho daño al Presidente

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Hasta hace poco no muchos habían notado que existiera.

Para ser uno de los hombres de más confianza del presidente Álvaro Uribe, prácticamente un sobreviviente de su guardia pretoriana que ha venido desmoronándose por distintas razones durante estos dos años, José Obdulio Gaviria merecía haber sido descubierto hace rato por la

opinión. Mucho antes de que el gobierno resolviera aprovechar su papel de asesor para ponerlo a dar la cara en debates difíciles para Uribe y que en Palacio, retirado Rudolf Hommes y un poco silenciado Fabio Echeverri (¿síndrome Pedro Juan Moreno?), ambos huracanes verbales del régimen (que por cierto hacen mucha falta), no hay muchos que estén dispuestos o preparados para intervenir en ellos.

Pero Gaviria en nada es comparable con Hommes o Echeverri. De temperamento calmado, poco dado a entablar peleas ideológicas o políticas, viene del movimiento de izquierda Firmes e, integrado después al liberalismo, se convirtió en una especie de sombra del presidente Uribe desde que éste fue senador.

Profesión, hobby y pasión: historiador. Es ghost writer del Presidente y está metido en todos los temas del gobierno. Sabe a qué horas se levanta el Presidente, se baña y se acuesta.

Entra al despacho presidencial sin tocar, se mete en la reunión palaciega que se le antoje, todo el mundo -periodistas, parlamentarios, políticos, ministros, etc.- desfila por su despacho para conversar o pedir consejos. Es querido y amable con todo el mundo -dicen que hasta a los congresistas les da ideas para sus discursos-, pero muy poco se sabe de él porque, distinto de aparecer en espacios institucionales o en ocasionales entrevistas hablando de historia o de política, jamás, que yo sepa, ha concedido una entrevista personal.

Recientemente resolvió metérsele al berenjenal de la reelección.

Con un libro valiente, pero quién sabe qué tan efectivo, intenta convencer a los colombianos de que la reelección no tiene nombre propio, el de Uribe, porque El pueblo decide, que es el título de la obra.

La semana pasada se enfrentó con Jaime Castro en el programa de debates de Darío Restrepo en CityTV, y me sorprendió que no hubiera argumento que no pudiera contestarle al sesudo ex alcalde de Bogotá, que además de ser un experto en derecho constitucional también escribió su propio libro. pero contra la reelección.

El de José Obdulio, me parece, con todo respeto, es ingenuo.

Asegura que permitir o no la reelección es un "asunto mecánico, relativamente adjetivo y anodino dentro de la estructura de las constituciones"(¡!). Pretende que creamos que el proyecto no reelige al Presidente, sino que apenas "le permite ser candidato en 2006". Que sólo ganan los presidentes buenos, y pierden los malos. Pero a la vez que sostiene que este proyecto no se escribió para Uribe, asegura que la prohibición de la reelección neutraliza el liderazgo (léase Uribe) en la vida cotidiana de un pueblo. Y más adelante se contradice aún más cuando dice que el nombre (de Uribe) "indefectiblemente está unido a la decisión final que tome el Congreso -o el pueblo en referendo- en la materia".

Justifica la reelección diciendo que a cada líder de la Nación (léase Uribe) habría que sacarle todo el provecho posible y se pregunta: "¿Cuántos líderes políticos integrales nacen por cada generación?" (Léase Uribe).

Sobre el peligro que señalan algunos de que Uribe deje de gobernar por hacer campaña asegura que "es bien sabido que el gobierno y la oposición viven en campaña permanente". Y ante la crítica de que el Presidente tendrá, en su calidad de tal, ventaja ante su adversario, sostiene que "la igualdad de los candidatos es ante todo el derecho a ir al pueblo y recurrir a su decisión libre".

A los uribistas antirreeleccionistas, como yo, nos da miedo -y no vergüenza- sostener que este proyecto de reelección puede hacerle mucho daño al Presidente, como ya se está notando. Lo están acusando de puestero para ganar votos, de querer proteger su imagen por la forma como salió el director del Dane, de proponer bajar las tarifas de los servicios para ganarse a la opinión. En fin. Álvaro Uribe tiene una peligrosa tendencia, por cuenta de la reelección, de convertirse en un Presidente sospechoso. Y eso nos duele a los uribistas.

Pero un hombre tan hábil como José Obdulio, que puede sostener con la mayor tranquilidad en la televisión, que el hecho de que Uribe hubiera cambiado su posición sobre la reelección, de un no rotundo a un sí absoluto, se debe a que "el presidente Uribe no es infalible", puede escribirse otro libro. Esta vez para desmontar los temores que nos asaltan a los admiradores del Presidente, y para esgrimir argumentos menos ingenuos para protegerlo.



ENTRETANTO. Para recordar cómo era, ¿por qué no le sacan una foto a la reforma tributaria antes de que salga del Congreso?
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