opinión

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Almirante (r) David René Moreno Moreno. - Foto: Cortesía: Almirante-David-René

Juramento sagrado

Santos negoció con la organización narcoterrorista Farc, a la cual, además de otorgarle impunidad, sentó en el Congreso a legislar para 50 millones de colombianos que fueron sus víctimas.


Por: David René Moreno Moreno

Cuando se entra a las Fuerzas Armadas hay un evento de valor trascendental en la vida del militar y del policía denominado Jura de Bandera. En esta ceremonia se adquiere de por vida el compromiso de defender la bandera y a la patria, con todo lo que ello significa, inclusive dar la vida por defenderlas. Ese miembro de la Fuerza Pública que jura bandera está acompañado de principios y valores que son aprendidos desde el hogar y se encuentra fortalecido por una ética que será reforzada de forma permanente para poder cumplir con la misión asignada en la Constitución.

El expresidente Juan Manuel Santos estuvo dos años en la Escuela Naval, habiendo jurado bandera durante el primer semestre del año 1967 y posteriormente juró cumplir la Constitución y las leyes al asumir la Presidencia en 2010 y 2014 (artículo 188 de la CPN). A través de su carrera política ha mostrado claramente que puede lograr lo que se propone, así tenga que pasar por encima de las leyes, atropellar a quienes no comparten su pensamiento y hasta manipular la Constitución en favor de las Farc.

Pero parece que se le olvidó el “Colombia, Patria mía…”. Con sus actuaciones, ha dejado claramente marcada su tendencia política hacia la izquierda, ideología que busca sembrar la anarquía, acabar con las libertades, atropellar la democracia y doblegar la Nación frente a intereses foráneos.

Para la reelección de 2014, Santos fue sobrepasado en más de 500.000 votos por Óscar Iván Zuluaga en la primera vuelta, pero para lograr su ambicioso propósito de estar en el poder de 2014 a 2018 y de negociar con las Farc, Santos manejó su maquinaria política para la segunda vuelta, aliándose con la crema de la izquierda: Cepeda y López, del Polo; Navarro, de la Alianza Verde; Avella, de la Unión Patriótica; Córdoba y Mockus, así como Petro, de los progresistas, a quien recientemente le ha ‘echado flores’, como dicen algunos medios, para devolverle los favores recibidos anteriormente.

Pero no fue gracias a la aceitada maquinaria política y a las alianzas que Santos logró sobrepasar a Óscar Iván Zuluaga en la segunda vuelta, sino a una campaña desafortunada y falta de ética que afectó la voluntad de muchos colombianos. Especialmente cuando, estando en ejercicio de sus funciones como presidente y comandante supremo de las Fuerzas Armadas (artículo 189 de la CPN), lanzó a las madres en forma ruin la frase “¿Prestaría sus hijos para la guerra?”. Traicionó así a los miles de militares y policías que estaban entregando su vida por mantener las libertades y la democracia del país. ¿Dónde quedó la ética como presidente?

Sin embargo, durante el desfile militar del 20 de julio de 2013, Santos no tuvo inconveniente en actuar como cualquier típico dictador de país subdesarrollado, al parar la marcha de las tropas para abrazar a su hijo en las filas del Ejército Nacional. Esto para que, en la búsqueda de continuar en el poder, insultara y colocara por el suelo a los hombres y mujeres que, como él, juraron defender la patria. ¡Qué vergüenza!

Santos llevó a cabo una negociación con la organización narcoterrorista Farc, a la cual, además de otorgarle impunidad, sentó en el Congreso a legislar para los 50 millones de colombianos que fueron sus víctimas. Llevó a cabo un plebiscito en 2016 para aprobar el acuerdo con las Farc, pero el país no lo aceptó. Sin importarle el resultado, utilizó una de sus triquiñuelas políticas para desconocer la voluntad del pueblo colombiano y beneficiar a las Farc.

Y recientemente, con ocasión de la visita al país de Ban Ki-Moon, exsecretario general de la ONU, Santos hizo algunas declaraciones sobre la implementación del Acuerdo de Paz con las Farc, en las cuales, además de descalificar y culpar al actual gobierno por el no cumplimiento de todo lo pactado, coloca en el ambiente su favorecimiento político hacia Petro. Considera que este implementará el proceso de paz, sin importarle la suerte del país bajo un régimen totalitario, en caso de que este funesto personaje de la política nacional quedara de presidente, que lo dudamos la mayoría de los colombianos. ¿Dónde quedaron los sagrados juramentos por la defensa de la patria?