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Opinión

  • | 2007/05/12 00:00

    La bofetada de los demócratas

    No deja de sorprender que levanten el dedo acusador aquellos que nada han hecho para perseguir a los responsables de Guantánamo.

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Un penoso manoseo por parte de algunos demócratas debió soportar Uribe en su reciente gira por Washington. De allá vengo, después de participar en una reunión del Diálogo Interamericano y de encuentros con personas muy conectadas con el Parlamento norteamericano.

Confieso que quedé impactado con el trato recibido por el Presidente. En palabras de asesores demócratas, "la visita sólo sirvió para hacerle entender a Uribe que el poder cambió de manos y hoy el Congreso ya no es republicano". Los congresistas parecieron disfrutar espetándole a Uribe las mismas imputaciones que algunas ONG y los catones de vergonzoso pasado vienen disparando en estos tiempos. Se habían demorado los demócratas en asumir la misma arrogancia que tanto criticaron. La soberbia es un mal que cambia de manos tan rápido como aparecen las nuevas mayorías.

El punto es que después de arduas gestiones, Uribe volvió sin nada en las manos y el Tratado de Libre Comercio con Colombia sigue tan embolatado como antes.

Baste con resaltar que a pesar del acuerdo alcanzado esta semana entre Bush y los demócratas acerca de los términos de los futuros tratados de libre comercio, destacados congresistas le advirtieron a la representante de Comercio de Estados Unidos que resulta indispensable que tanto el Congreso como el gobierno gringos "trabajen junto con el colombiano en determinar los pasos adicionales que deberían tomarse"antes de considerar nuestro tratado.

Los temas en que los demócratas quieren cogobernar nos dan muestra de la doble moral que impera en el ala izquierda de ese partido. Quieren que se tomen medidas para reducir las violaciones de derechos humanos en Colombia. Todos queremos que haya menos violaciones y las cifras muestran su descenso fruto de los avances en seguridad y la desmovilización paramilitar. Pero nodeja de sorprender que levanten el dedo acusador aquellos que nada han hecho para perseguir a losresponsables de los crímenes de Abu Grahib y Guantánamo y los bombardeos indiscriminados en Somalia y Afganistán. O quienes, como Nancy Pelosi, no han tenido vergüenza para ir a Siria y abrazarse con el dictador de turno, este sí dueño de un récord de violaciones que haría palidecer al 'Mono Jojoy'. En esa línea, piden medidas para cuidar a los defensores de derechos humanos y los sindicalistas. La verdad es que no conozco un defensor de derechos humanos o un sindicalista al que se le haya denegado protección y al que no se le hayan dado carro blindado y escolta. A muchos se les ha blindado sus sedes y a veces su misma casa. Más aun, me consta que cuentan con mejor protección que, por ejemplo, los funcionarios estatales encargados de tramitar las extradiciones, tarea peligrosa como la que más.

Otro tema es el general Mario Montoya y la OperaciónOrión. Aquí de nada han valido las explicaciones de que esa acción fue ejecutada con la Policía y bajo la dirección de la Fiscalía. Tampoco que la Procuraduría haya exonerado a Montoya de toda responsabilidad en este caso. O que la CIA haya advertido que el informe citado por Los Angeles Times no es suyo sino de una agencia de otro país y que el mismo sólo contiene rumores no probados. O que Montoya haya pasado los filtros de los mismos norteamericanos para administrar fondos del Plan Colombia.

Por último, está la para-política. Aquí somos víctimas del éxito. A ojos de los demócratas no ha servido que los procesos sean prueba de la fortaleza institucional y la independencia de la Corte Suprema de Justicia y la Fiscalía y que el grueso de los delitos que se imputan hayan ocurrido antes de la llegada de Uribe al poder y que su investigación se adelante con el apoyo irrestricto del gobierno.

La verdad es que no es Colombia lo que importa a los demócratas. Estamos pagando la cercanía de Uribe a Bush y los odios de José Miguel Vivanco al Presidente.

Que seamos el aliado "más confiable" los tiene sin cuidado. Se deben sentir mejor con Evo, imagino, aunque les estatice sus multinacionales. A nosotros, mientras tanto, nos dan una bofetada y nos hacen más vulnerables frente a Correa y el coronel de al lado. Y debilitan nuestra lucha contra el narcotráfico y el terrorismo al negarnos la estabilidad que necesitan las inversiones y el comercio. Pacho Santos no podía decirlo, pero tiene toda la razón: después de esto no queda sino replantearnos las relaciones con EstadosUnidos.
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