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Opinión

  • | 1993/11/01 00:00

    La bola de Cristal

    El mano a mano entre las fortunas tradicionales y las de los narcos está a punto de empezar.

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EL CAMBIO INMEDIATO MAS VISIBLE QUE introdujo la Asamblea Constituyente en las costumbres colombianas resultó de las modificaciones a la estructura del sistema judicial. A pocas horas de promulgada la Constitución aparecieron los fiscales, cambió la manera de juzgar a los acusados, la estructura general de la rama se transformó radicalmente, el derecho de tutela se convirtió en el arma favorita de los colombianos, y en muchas materias el país pasó, de la noche a la mañana, de contar con casi 100 años de doctrina jurídica a la libre interpretación de la Constitución por parte de los jueces. Muchos se envalentonaron de repente, y con sus fallos dejaban la sensación de querer sacarse el clavo de toda una vida de cenicientas de un solo tajo. La gente alcanzó a pensar que había llegado la dictadura de los jueces.
Esa transformación estructural fue el marco en medio del cual se está desarrollando un proceso que va a cambiar la vida colombiana mucho más que cualquier otro: la política de sometimiento a la justicia para los narcotraficantes.
Ese sistema mediante el cual la entrega voluntaria a la justicia, la confesión de delitos y la delación de cómplices produce rebaja de penas ha provocado toda clase de comentarios y debates. Desde los que creen que se está fortaleciendo la justicia hasta los que piensan que se está acabando con ella, pasando por los que sostienen que nos vamos a convertir en un país de sapos.
La entrega de los delincuentes, bajo cualquier circunstancia, es mucho mejor que su libertad. Una negociación con uno de ellos que traiga como consecuencia el desmantelamiento estructural de una banda o de una forma de delito es, para Colombia, un paso inmenso. Al contrario de lo que parece, el hacinamiento en las cárceles colombianas no se debe a que haya muchos presos sino poco espacio. El presidente Gaviria reveló un dato espeluznante en su discurso en Anif: en Colombia hay 99 presos por cada 100 mil habitantes, mientras en Costa Rica (donde sí viven en paz) hay 184 presos por cada lOO mil. Conclusión: aquí los malos están en la calle.
Pero esta política de sometimiento va a producir un fenómeno para el cual el país no está suficientemente preparado. Algunos de los más grandes narcotraficantes colombianos se entregaron a la justicia y están en la cárcel, y la negociación de sus penas se traducirá en condenas de cinco, 10 y hasta 15 años, si no se les comprueba un pasado muy violento. Esto quiere decir que antes de que finalice el próximo Gobierno van a empezar a salir a la calle, sin deudas con la justicia, las más sólidas fortunas del país. Irán saliendo graneaditos, según vayan cumpliendo sus condenas, y no van a tener ninguna clase de limitación -ni de sector ni de cuantía- para invertir su dinero.
Nadie sabe a ciencia cierta si las riquezas de los narcotraficantes son tan sólidas como dicen las leyendas. Al fin y al cabo lo que ha impresionado de ellos en el pasado es su capacidad de soborno. Y darle 20 millones de pesos a un policía en un retén puede parecer un derroche de liquidez, pero con eso no se compra sino un carro de fabricación nacional. Es posible que Julio Mario Santo Domingo, Carlos Ardila Lülle y Luis Carlos Sarmiento Angulo -nuestros ricos de mostrar- sigan estando de primeros en el escalafón cuando las fortunas legalizadas del narcotráfico entren a competir abiertamente en el mercado.
Pero el hecho de que no vayan a desplazar a los primeros de la tabla no quiere decir que esas fortunas no vayan a abrir una tronera en la estructura de la propiedad en Colombia. Es muy probable que se repita en otros sectores de la economía lo mismo que ocurrió con muchos traumatismos con la compra de las mejores tierras del país por parte de los narcotraficantes, aunque es posible que en el futuro el elemento de la violencia no acompañe necesariamente su presencia. Ojalá. La sangre, en este caso, suele estar ligada es a los negocios de narcotráfico, y se trata es de que los narcos conversos no combinen todas las formas (económicas) de lucha.
Todo el mundo creía que la reinserción de los narcotraficantes a la vida legal se iba a producir en la próxima generación, a través de los descendientes de los capos, pero una mirada a la bola de cristal muestra que ese día puede estar ya a la vuelta de la esquina. -
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