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Opinión

  • | 2005/06/05 00:00

    La ciudad domada

    El analista Rafael Rincón, investigador de IPC, dice que la parálisis de Medellín a raíz de la fuga de 'Don Berna' puso en evidencia la débil gobernabilidad de la ciudad y la capacidad intimidante del paramilitar.

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¿Qué pasó en Medellín el miércoles 25 de mayo de 2005? Miles de personas tuvieron que regresar a sus casas a pie. No hubo transporte desde las 2 de la tarde hasta las 8 de la noche. Los medios de comunicación coincidieron en titular lo ocurrido como un paro de buses que perjudicó a cerca de 800.000 personas del Valle de Aburrá y del oriente antioqueño.

¿Por qué pararon los buses? Pararon porque los despachadores recibieron llamadas intimidantes y visitas de sujetos armados que les dieron la orden de no trabajar.

Lo que realmente pasó no fue un paro de buses, sino un paro armado que obligó a los transportadores, dueños y conductores a cesar, contra su voluntad, en la prestación del servicio de transporte y de esta manera no arriesgar su vida y su patrimonio.

Los autores del paro han sido relacionados con la 'oficina' de 'Don Berna', alias de Diego Fernando Murillo Bejarano, artífice de 'Los Pepes', inspector de las Autodefensas Unidas de Colombia, AUC, y hoy uno de sus voceros en el proceso que se sigue en Santa Fe de Ralito, departamento de Córdoba.

El paro ha estado vinculado por las autoridades locales con la orden de captura expedida por la Fiscalía General de la Nación con sede en Montería contra 'Don Berna' y que publicó la Presidencia de la República mediante rueda de prensa antes de proceder a la retención del inculpado. Esta vez se acusa a 'Don Berna' de ser el autor intelectual de los homicidios del diputado Orlando Benítez, su hermana Iris y el conductor José Mestra, hechos ocurridos en el municipio de Valencia del departamento de Córdoba después de los acuerdos de cese al fuego.

Para su captura fueron emplazados cerca de 1.000 hombres de la Policía Nacional. Finalmente, tres días después fue el requerido 'Don Berna', quien se entregó a las autoridades y prometió desmovilizar a 4.000 hombres de dos frentes, el 'Héroes de Granada' y el 'Tolová'.

Este hecho de paralizar la ciudad en un 90% puso en evidencia la débil gobernabilidad del municipio de Medellín y la capacidad intimidante de los poderes salvajes.

Y es que los alcaldes a veces creen que gobiernan y, hasta en algunos casos, los secretarios de Gobierno también llegan a pensar que tienen la sartén por el mango, pero la realidad es que la ciudad tiene actores ilegales que controlan en altos porcentajes sus destinos económicos, sociales y políticos.

Desde hace un par de décadas algunos candidatos a la Alcaldía y al Concejo Municipal se han reunido con los representantes de los poderes ilegales del narcotráfico, no sólo en busca de recursos económicos sino especialmente en procura de una bendición de gobernabilidad, que les permita, primero, hacer campaña y después gobernar en paz.

Medellín aún no tiene mucha claridad sobre la cadena de atentados contra casas de chance, droguerías y establecimientos abiertos al público y establecimientos de comercio ocurridos entre los años 2000 y 2002. ¿Quién ganó esas guerras?.

El paro armado del miércoles mostró, con claridad meridiana, que en Medellín existe un poder oculto que detenta el monopolio del uso de la fuerza ilegítima. En otras palabras, la ciudad está siendo controlada por un actor ilegal que con el miedo como arma mostró su poderío, su efectividad y su capacidad de paralizar 161 rutas de transporte urbano y 62 de transporte intermunicipal.

A pesar de lo grave de este hecho, lo que se vio es sólo la punta del iceberg. La gobernabilidad de la ciudad está amenazada no sólo en el transporte sino también en otros renglones de la economía y de la vida social y política.

Los juegos de chance, los botaderos informales de escombros, los parqueaderos públicos, las droguerías de los barrios populares, las carnicerías, las 'plazas' o expendios de estupefacientes, el comercio de combustible robado, los permisos de construcción en zonas de alto riesgo, algunos proyectos del llamado presupuesto participativo, el tráfico ilegal de armas son actividades controladas y 'vacunadas' por este detentador ilegítimo del uso de la fuerza. Es un poder que nace de la combinación del miedo con la extorsión y que se llama 'vacuna', 'peaje', 'impuesto', 'pagadiario', 'cuota' o 'colaboración', según su destinatario.

En Medellín existe una captura de rentas legales e ilegales que oxigena a un poder armado ilegal que compite con el poder legal en la toma de decisiones.

En lo social hay Juntas de Acción Comunal, ONG, cooperativas de vigilancia controladas por este único actor armado.

La cárcel de Bellavista no escapa a este control y es uno de los centros paralelos para la toma de decisiones relacionadas con el orden público del municipio y del departamento.

La paz del miedo, del silencio, de menos homicidios no es pues el resultado determinante de ningún programa social del Estado Nacional, departamental ni municipal. No es la seguridad democrática, ni la compra de la guerra de la administración anterior ni los Centros de Atención Inmediata, CAI, recientemente inaugurados, los autores del milagro. La ciudad fue apaciguada a sangre y fuego ilegal. De tal manera es el control, que las barras bravas del fútbol tienen la obligación de convivir so pena de morir en manos de este imperio.

Esta paz de 'la oficina' es el resultado de la cohabitación de la Fuerza Legítima del Estado con la Fuerza Ilegítima hegemónica.

Objetivamente Medellín es una ciudad con menos homicidios, pero no es muy probable que sea una ciudad con menos homicidas. No es fácil concluir que hay menos violencia, pues no es claro que haya menos victimarios, o menos armas o menos determinantes de la violencia.

La impunidad es tozuda mostrando los resultados. Del total de homicidios de los últimos 10 años sólo conocemos el 3% de sus autores. De manera cruda hay que decir que existe una ciudad domada, una ciudad apaciguada, una ciudad que obedece con los silbidos del zurriago y las balas, que hace méritos con el silencio y la complicidad para bajar las tasas de criminalidad.

No es que la justicia haya actuado sobre los autores de la violencia pues no ha existido judicialización; lo que ha ocurrido es que un poder ilegal monopoliza las violencias criminales y determina parte de la violencia institucional. No es la fuerza del consenso la que está determinando el respeto a la vida, es el miedo el que tiene apocados a los homicidas.

Frente a este fenómeno las palabras paramilitar y autodefensa se quedan cortas. El fenómeno de Medellín es algo que va mucho más allá de lo militar y de las autodefensas.

La ciudad terminó siendo controlada por los propietarios rurales que empezaron defendiendo sus tierras y encontraron en sus métodos defensivos un modus operandi de acumulación de capital que los llevó al dominio de las rentas urbanas y del poder político.

Lo del miércoles 25 no fue un acto de solidaridad fue una orden que recibió y acató la ciudad domada.

*Analista IPC
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