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Opinión

  • | 1996/12/23 00:00

    LA CONEXION MAUSS-SERPA

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Nadie en Colombia ha logrado hilar la historia de los dos alemanes capturados en Medellín la semana pasada. Porque, para comenzar, habría que creer lo imposible: que en una sola persona pueden converger actividades tan incompatibles como la de ser agente, contacto y abastecedor del ELN (versión de la Policía colombiana), con la de comi-sionista de secuestros (versión de la gobernación de Antioquia), con la de agente de una multinacional (versión de la Siemens), con la de agente de buenos oficios del gobierno alemán (versión del gobierno alemán) y, finalmente, con la de gestor de procesos internacionales de paz (versión del ministro Horacio Serpa y del ex gerente de la Caja Agraria Carlos Villamil). Pero, por imposible que suene, el señor Werner Mauss (si es que éste de verdad es su nombre) cumplía todas esas funciones, y otras que todavía no conocemos.Una de esas que no conocemos, pero que ya comenzamos a conocer, a través de la carta de Eduardo Mestre que se le encontró al alemán en su bolsillo en el momento de su captura, es la de que el señor Mauss sería además coordinador de comisiones irregulares de la Siemens, técnicamente conocidas con el nombre de sobornos. Seguramente varias de ellas en el caso del metro de Medellín, y muy posiblemente también en la adjudicación que prácticamente estuvo aprobada a la Siemens de un contrato millonario de la Registraduría. Y en todo este embrollo aparece insistentemente un nombre sobre el cual recaerían inicialmente todas las sospechas: el del ministro de Gobierno, Horacio Serpa.El primo de Serpa, mencionado en la carta, es el encargado de coordinar la licitación de la Registraduría. Horacio Serpa se reunió clandestinamente en varias oportunidades con los alemanes en Bogotá, e incluso en una de ellas hasta los llevó en su propio carro al hotel donde se alojaban. A Serpa los alemanes se los presenta Carlos Villamil Chaux, actual consultor de la Siemens, también mencionado en la carta. Con Villamil viaja Serpa a Alemania, a entrevistarse con el señor Mauss. Mauss recibe a Serpa y a Villamil en un Mercedes Benz en la puerta del avión. Y más sospechoso aún: Serpa se aloja en el palacete privado de Mauss. Y visita durante este viaje las instalaciones de la Siemens, a pesar de que supuestamente estaba en una misión oficial, relacionada con el tema de la paz. ¿Cómo pensar, en medio de todos estos indicios, que Serpa puede ser inocente de lo que ellos, en su conjunto, sugieren?A Serpa lo ayuda que aunque todos los detalles que parecen condenarlo son ciertos, no ocurren en relación con un intento de soborno sino de diálogo con la subversión. Paralelamente con esta historia se desarrolla otra, auténtica, que tiene que ver con un intento de acercamiento político con el ELN que entusiasmó a Serpa y que se inició cuando Mauss se ofreció como puente entre los gobiernos de Alemania y Colombia.Pero el mal genio que ha exhibido, inusualmente, el ministro Serpa en las últimas horas (casi le cuelga el viernes el teléfono a La FM) podría deberse a su preocupación de que la verdadera historia no se la crea nadie.Y no es fácil. Mauss coordinó y puso en ejecución desde Bogotá todos los detalles que permitirían un discreto encuentro en Alemania de nuestro Ministro de Gobierno con el jefe del servicio secreto alemán, señor Schmidbauer, a mediados de este año. El propósito era lograr que la Iglesia colombiana y la alemana auspiciaran un futuro diálogo con el ELN en dicho país. Y para el momento en que Mauss fue capturado bajo su otra identidad en Medellín, el proceso de acercamiento continuaba, aun sin concretarse. Mauss era personaje conocido en círculos empresariales, políticos y policiales colombianos, y no precisamente por su buena fama; no sólo se hablaba de su papel como agente de la Manessman en Colombia, en nombre de la cual pagó millonarias sumas al ELN a cambio de la protección de sus instalaciones y ejecutivos, sino que Mauss también había dado lora durante las negociaciones del metro de Medellín en el gobierno Gaviria. A tal punto que Rudolf Hommes, el ministro de Hacienda de entonces, tuvo que quitárselo de encima a la fuerza, presintiendo que el alemán no perseguía nada santo.Aceptando, en gracia de discusión, que Serpa jamás hubiera oído nada sobre Mauss, ¿cómo es que no se puso en la tarea de averiguar un poquito sobre ese alemán que se apareció de la nada a ofrecerse generosamente de puente con la guerrilla colombiana? ¿Acaso todos los días aparecen alemanes que quieren hacer ese peculiar papel? ¿Y por qué permitió que en todo este proceso estuviera presente la Siemens, cuyos intereses comerciales en nada eran compatibles con el acercamiento al ELN que se gestionaba?Su único factor atenuante es el aval que Mauss tuvo en todo momento del gobierno alemán. Si bien Serpa no se preocupó nunca por saber quién era su interlocutor y puente con el gobierno de dicho país, era obvio que Mauss sí hablaba en nombre de los alemanes, que sí puso en contacto a nuestro Ministro de Gobierno con el jefe de servicio secreto alemán y que sí iba a producirse un acercamiento con el ELN auspiciado por el gobierno de Alemania y por jerarcas de su Iglesia.Me atrevo entonces a pensar que en lo que respecta a las posibles comisiones de la Siemens, a Serpa pueden esculcarlo. Pero ha quedado expuesta ante la opinión la ligereza con la que se puso en manos de un mercenario extranjero, para tratar temas de abierta seguridad nacional.
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