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Columna de opinión Marc Eichmann
Columna de opinión Marc Eichmann - Foto: Cortesía

La Constitución del despilfarro

Ojalá el gobierno Petro, envalentonado por las ideas más no los actos de Rodolfo Hernández, decida tomar las banderas del pueblo colombiano y, limitar el gasto y la intervención del Estado.


Por: Marc Eichmann

Desde la entrada en vigor de la Constitución del 91, han sido aprobadas once reformas tributarias que han aumentado la tributación un 14.5 % del Producto Interno Bruto (PIB) así: Perry ´95, 0.9 %, Restrepo ´98, 0.4 %, Santos ´00, 1.6 %, Junguito ´02, 0.9 %, Carrasquilla ´03, 1.4 %, Zuluaga ´10, 2 %, Cárdenas ´16, 1.9 %, Carrasquilla ´18, 0.9 %, Restrepo ´21, 1.4 % y Ocampo ´22, 1.7 %. Aunque estos valores son teóricos, y han existido componentes de reformas que han disminuido la tributación en el país, el ejercicio de esta columna se hará con ellos para no adentrarse en la complejidad del detalle.

El aumento escandaloso en la tributación de los colombianos no hace más que quitarles la decisión del destino de los dineros que les pertenecen, para que lo decidan los políticos de turno. El 14.5 % del PIB de hoy corresponde a la bicoca de COP 163 billones, es decir, COP 163 millones de millones, alrededor de COP 3,300,000 anuales por colombiano.

Con este dinero, cada familia de cuatro colombianos podría gozar, a lo sabroso, de un salario mínimo mensual, lo que sacaría una grandísima porción de la población de la pobreza y la pobreza absoluta. Ese dinero, en vez de ir a la gente, ha pasado por las manos de los políticos que dejan elefantes blancos sin terminar, a los subsidios de las pensiones de los más pudientes, a las coimas por adjudicación de contratos, pero sobre todo, más burocracia estatal. En otras palabras, el discurso de los políticos de turno de sacar gente de la pobreza se solucionaría con el solo hecho de que no le quiten al pueblo tanto dinero en impuestos y se dediquen solamente a lo básico y a redistribuir.

Sin embargo, eso no es todo, desde 1991 a hoy, el endeudamiento del Estado ha aumentado de USD 16,000 MM a USD 170,000 MM, un incremento de más del 1.000 %, que equivale a COP 714 billones de hoy, es decir, alrededor de COP 30 billones de pesos anuales o COP 2,400,000 por familia, que se ha tragado en su gestión el Estado.

La gran pregunta es, ¿a cambio de que hemos entregado un salario mínimo cada mes por familia colombiana a quienes manejan el país? En infraestructura, las estructuras de concesión hacen que las obras las sigamos pagando los colombianos, por ejemplo, por medio de peajes. En beneficios, la salud la pagamos por medio de nuestras nóminas, la educación que recibimos está calificada por las pruebas PISA en el 10 % más bajo de los países medidos y la justicia, simplemente no funciona. La verdad poco aporta el Estado a los colombianos en su calidad de vida diaria.

Por otro lado, otra de las funciones del Estado, la de corregir la desigualdad en los ingresos resultantes del sistema capitalista, no la cumple el gobierno colombiano. Mientras que en los países civilizados el índice de desigualdad cae un 40 % por la intervención del Estado, en Colombia cae un paupérrimo 10 %. Otro aspecto en que la clase política no cumple con su labor.

La clase política nos ha querido hacer creer que el enfrentamiento es de ideas, entre la izquierda y la derecha, entre la economía de Estado y los mercados, pero mientras esas discusiones se dan de día, en la noche siguen absorbiendo una mayor proporción de nuestros ingresos. Con el pretexto de las promesas electorales, “haremos un tren elevado de Barranquilla a Buenaventura”, “dispararemos la economía naranja”, “lograremos la paz”, “legalizaremos el aborto”, los políticos siguen engullendo más dinero de los colombianos que al fin y al cabo, es lo que en mayor medida les da bienestar.

Ojalá el gobierno Petro, envalentonado por las ideas, más no los actos de Rodolfo Hernández, decida tomar las banderas del pueblo colombiano y, limitar el gasto y la intervención del Estado. Muy buena señal da el presidente disminuyendo la nómina de Palacio, pero lo que hace con la mano lo borra con el codo, con otra reforma tributaria y con las promesas de excesivo gasto de su gabinete.

Como sociedad es hora de ponerle tatequieto al incremento de tamaño del Estado y a sus actitudes fiscalistas, propias del sheriff de Nottingham (funcionario del Estado que ahogaba a la población en impuestos en la historia de Robin Hood). La reforma del ´91, además de garantizar las libertades personales, le dio carta blanca al estamento político para sentarse a manteles con el producido de los colombianos.