Ventana Modal

Este contenido se reemplaza via ajax por el del html externo.

×

Ventana Modal

Este contenido se reemplaza via ajax por el del html externo.

×

Ventana Modal

Este contenido se reemplaza via ajax por el del html externo.

×

×

Opinión

  • | 1997/10/13 00:00

    LA CRUCIFIXION DE PILAR

COMPARTIR

La semana pasada, cuando Pilar Castaño cometió un error periodístico durante una transmisión radial en directo, casi todos le cayeron encima sin ninguna consideración. No era simplemente una polémica sobre una metida de pata: meter la pata es un sagrado derecho del ser humano. Era la crucifixión de una señora que se ha dedicado a entrevistar a la gente con más aciertos que embarradas, y con unas ganas de hacerlo bien que desgraciadamente no han despertado la misma solidaridad que las que provocó el desacierto radial que cometió la semana anterior. Pilar Castaño es una periodista amable, poco pretensiosa, casi discreta, que no posa ni muchísimo menos de ser una intelectual de las noticias, sino una mujer que vibra con la vida moderna, con la moda, con el cine, con la belleza y con todas esas cosas que hoy se llaman light pero que forman parte de la esencia de la vida. Yo la oí en La FM. Se trataba de una transmisión radial en directo, un tipo de periodismo arriesgado porque no admite reversa: fue allí donde tuvo una de esas salidas en falso de las que no está exento nadie que trabaje con los medios de comunicación. Y no se trata de quitarle gravedad a lo sucedido, sino de entender que fue una metida de pata que merece consideración con su protagonista, que no es una malvada ni una delincuente, sino un ser humano. Desde luego, arrinconar a una persona al aire para obligarla a confesar que sufre de sida _sea o no cierto_ es una falta de caridad humana, una violación de la intimidad y una falta de ética periodística. Que se habría notado menos si la persona interrogada, por ejemplo, responde que sí, y se entrega a un diálogo humano sobre su situación. Irónicamente, de haber sido así, Pilar sería candidata a un premio de periodismo, y no al ostracismo social. Pero como desde el episodio de la princesa Diana _y mucho antes, sólo que su muerte exacerbó los ánimos_ está de moda comer periodistas y fotógrafos que pregunten sobre la intimidad de las personas (aunque el que esté libre de consumir este tipo de material en los periódicos, las revistas o la televisión que tire la primera piedra), el caso de Pilar Castaño se volvió la piedra angular del escándalo en Colombia. Conocidos periodistas del país no han estado exentos de metidas de pata monumentales, lo que no quiere decir que haya que quitarles el permiso de ejercer. Yo podría comenzar expiando mi propia culpa con un acto de grosería que cometí con Fidel Castro: cuando muy amable se me acercó en un recogido evento social a darme la bienvenida a su país, yo le dije olímpicamente que no tenía ningún interés en conocerlo a él, sino que estaba en la isla visitando a García Márquez. Jamás entendí porqué lo dije, pero no pasaron muchos segundos antes de preferir que me tragara la tierra. En otra oportunidad le di credibilidad a un testigo que aseguró que los médicos de la Clínica del Country le habían pinchado las llantas al automóvil del presidente Barco en las narices de sus guardaespaldas. Semejante ridiculez me hizo merecedora de un sin fin de regaños, no sin razón...Yamid Amat, periodista de periodistas, ¿no interrumpió la programación para anunciar la magnitud de los pozos petrolíferos de Coporo? ¿Y no anunció una falsa captura de Perafán? ¿Y no tuvo dos días al país en vilo con la liberación de los soldados secuestrados, de acuerdo con el libreto de un periodista fantasioso? Al mismo Gossaín, un monstruo de la exactitud y de la precisión, le pasó que se aventuró demasiado rápido a confirmar la existencia de 60 sobrevivientes en el accidente de SAM en Antioquia, en el que todos los pasajeros perecieron. Y el periódico El Tiempo, ni más ni menos, se embarcó en un inexistente proceso de paz en Cuba, encabezado por el respetado obispo Nel Beltrán, que juró que no era cierto que hubiera estado clandestinamente en la isla, a pesar de que el periódico continuó empeñado en no creerle su versión con base en las fantasías de una monja que aseguraba lo contrario.Si echamos un poco más para atrás, a nadie puede olvidársele la voz apócrifa de Alvaro Gómez gravemente herido durante su secuestro, o el testimonio radial de un supuesto sobrino de Pablo Escobar que mantuvo durante toda una tarde al país convencido de que 'el tío' se encontraba escondido en un túnel de la cárcel de Envigado, para distraer a las autoridades y garantizar el éxito de su fuga. Internacionalmente, un canal de noticias de Miami, ¿no aseguró hace 15 días que Fidel Castro había muerto? Volviendo al caso de Pilar, a la opinión hay que pedirle, no que deje de criticarla por una pregunta salida de tono, sino que no la crucifique por haberla hecho. Como dice una frase aplicable a la profesión que ejercemos, mientras los médicos entierran sus equivocaciones, los periodistas las publicamos. La semana pasada le tocó el turno a Pilar. Pero mañana, desde cualquier lugar del mundo.
¿Tiene algo que decir? Comente

Para comentar este artículo usted debe ser un usuario registrado.

EDICIÓN 1874

PORTADA

La orquesta del Titanic

Para tomar decisiones en el Consejo Nacional Electoral son necesarios 6 de los 9 votos. Cinco de esos votos ya están listos contra la posibilidad de que exista una candidatura viable de centro. La determinación del Consejo Nacional Electoral no será jurídica, sino exclusivamente política.

Les informamos a todos nuestros lectores que el contenido de nuestra revista impresa en nuestro sitio web será exclusivo para suscriptores.

Queremos conocerlo un poco,
cuéntenos acerca de usted:

Maria,

Gracias por registrarse en SEMANA Para finalizar el proceso, por favor valide su correo a través del enlace que enviamos a:

correo@123.com

Maria,

su cuenta aun no ha sido activada para poder leer el contenido de la edición impresa. Por favor valide su correo a través del enlace que enviamos a:

correo@123.com