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Opinión

  • | 1986/10/06 00:00

    LA "DESTURBAYIZACION" DE TURBAY

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Al tiempo que el nuevo gobierno parecía marchar de popa hacia el estanco, un personaje nacional emergía de las cenizas del desprestigio. El ex presidente Julio César Turbay.

Y es que, si bien los mandatarios terminan sus gobiernos inevitablemente desprestigiados, pero un largo y bien administrado silencio político como ex presidentes les permite ir recuperando paulatinamente el respeto nacional, el desprestigio de Turbay habla durado más de lo normal y ya casi comenzaba a convencernos de que le era inherente a su personalidad.

Una de las cosas que más ayudó en el despegue de su imagen ante la opinión pública fue el descubrimiento de que el ex Presidente también podía vivir una historia de amor, y el pueblo colombiano es incapaz de resistirse ante un argumento semejante.

Desde luego, su matrimonio también se convirtió en comidilla de algunos de sus más encarnizados enemigos, porque la presencia del cardenal, del presidente Barco y de las cámaras de televisión constituyan una mezcla demasiado explosiva como para que la ceremonia estuviera revestida del anonimato que debería haberle correspondido. Pero en su ridiculización colaboraron ingredientes externos como la malicia de algunos periodistas, que hablaron de la "boda del año" y no pudieron evitar la tentación de compararla con el reciente acontecimiento social del matrimonio de Sarah Ferguson con el principe Andrés de Inglaterra.

A pesar de que a Turbay quiso convertirsele maliciosamente en el único colombiano que no tenía derecho de casarse, finalmente se casó. Y la verdad es que ante una inmensa cantidad de colombianos, este matrimonio vino como "anillo al dedo" para complementar el resurgimiento de su imagen pública, que ya venía palpandose a través de las sensatas y ecuánimes declaraciones políticas suyas de los últimos días.
Creo que este proceso de "desturbayización" de Turbay comenzó en el epilogo de la toma del Palacio de Justicia, cuando con unas serenas pero firmes declaraciones se mostró en desacuerdo con el manejo que Betancur le había dado al traumático episodio. El ex presidente Turbay, el personaje político más identificado con las Fuerzas Armadas, y considerado como el mayor verdugo de la subversión, se declaraba enemigo de la solución violenta que se le aplicó al descenlace de la toma del Palacio.
¡Había que oírlo para creerlo!
Luego, tuvo una discretisima figuración en la campaña presidencial, hasta el punto de que el enclave "Turbarco" jamás fue evidente para la opinión pública.

Y finalmente se ha dedicado a hacer declaraciones llamando a la cordura bipartidista, haciéndose evidente que es el único político liberal que se encuentra preocupado en la actualidad de que el aplaudido regreso al sistema binomio-oposición no degenere en un peligroso gobierno sectario.

¡Si hasta le han salido frases ingeniosas, como la de que "el país enfrenta el peligro de una subversión burocrática"!
Y como si le fuera indiferente --aunque no le sea en la práctica--la repartición del ponqué de los puestos, ha afirmado en tono de regaño que "en algunos sectores liberales predomina un espiritu de avidez burocrática".

Parecen dos personas totalmente distintas. Aquél que siempre ha sido identiflcado con la esencia de la maquinaria liberal, y el que ha afirmado en los últimos días que "ojalá el liberalismo no se suicide en primavera y no se deje poseer del diablillo del enemigo", y que la primera prelación del gobierno es la de "no defraudar a los 4 millones 300 mil electores que aspiran a que el cambio social se convierta en realidad".

Pero aún más sorprendente, de acuerdo con los vicios clientelistas que desde siempre se le han atribuido a Turbay, es que ha sido el único ex Presidente liberal que ha insistido en "un estatuto de carrera administrativa que le dé estabilidad a los funcionarios", anticipándose a las funestas consecuencias que una persecución burocrática podria traer para el país.

El hecho de que Julio César Turbay, uno de los personajes más desprestigiados de Colombia, parezca ahora estar en "luna de miel" con la opinión pública, puede tener dos explicaciones.

Una sería el amor, el amor.

La otra sería la de que el desprestigio del presidente Barco nos ha dejado sin puntos de referencia.

Aunque creo percibir en el ex presidente Turbay a un personaje que podria resultar clave en el cuatrienio que comienza, porque está dando muestras de estarse convirtiendo en la voz sensata del régimen, el lector podrá expresar su desacuerdo. Al fin y al cabo, está en todo su derecho para suponer que más bien me está pasando lo que tanto le horrorizaba a mi buen amigo, el fallecido columnista Alfonso Castillo Gómez.
El decía que cuando a uno comenzaba a parecerle bonita "La Rebeca", era que estaba necesitando urgentemente un viajecito al exterior. --
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