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Opinión

  • | 2002/07/15 00:00

    La diáspora

    Los colombianos estamos saliendo como las ratas cuando el buque que las ha criado por generaciones hace agua. Y sin importar la razón de la partida, todos soñamos regresar ricos o traernos a la familia.

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Un cardiologo me dijo

en la última consulta: "Me voy, esa Ley 100 arruinó a los médicos, acabó con los hospitales y jodió a los enfermos. A las EPS les sirve más que los pacientes se mueran a que se curen". Y se va, contratado como profesor por una universidad norteamericana. A un conocido periodista le tocó salir en volandas porque había hecho un reportaje en que 'Jojoy' decía que tenía hijos. ¡Eso ablandaría a la opinión pública!

Wilson Borja, malherido, vino a esconderse en Estados Unidos mientras la nueva Fiscalía soltaba al oficial que la anterior había encontrado vinculado al atentado que las AUC se precipitaron a reivindicar como propio. En España conocí a un hombre muy rico, a quien la guerrilla le había secuestrado a un hermano; después de abonar una generosa ayuda a los paramilitares, vendió sus haberes y se fue a tentar suerte a la madre patria. También allí fui amigo de un agricultor de arroz del Casanare: los paracos lo condenaron a muerte por negarse a pagar una colaboración. La hija de un compañero de colegio se vino a estudiar en California, terminó sus estudios y no sabe si regresar porque, me confesó: "Allá están matando a todo el mundo".

Podría multiplicar los casos por 100.000 y me quedaría corto en la cifra. Los colombianos estamos saliendo como las ratas cuando el buque que las ha criado por generaciones hace agua. Razones políticas de cualquier tonalidad, razones económicas de cualquier cuantía. Todas hablan de la dramática situación por la que pasa el país. La ideología del Establecimiento ?que la hay y está efervescente? acusa a la guerrilla: los capitales huyen, los profesionales emigran. Es urgente hacer la guerra para que los 'inversores' ?se niegan a llamarlos inversionistas, en castellano? traigan sus dólares o sus pesos para que el país vuelva a su acostumbrada tasa de crecimiento del 3,5 por ciento anual.

La izquierda acusa al Establecimiento de no estar dispuesto a sacrificar algunos privilegios, a la Fuerza Pública de no defender a todos los ciudadanos por igual, a los paras de asesinar a indefensos. La guerra llega ya a las explicaciones de todo. Quizá muchas sean ciertas y aporten su luz peculiar para entender de qué se trata, pero cualquiera que fuera la verdad que entre todos pudiéramos construir no vemos que el problema de la emigración de países pobres hacia países ricos está en la raíz del fenómeno y lejos, por tanto, de una solución. La guerrilla es parte del problema y no el problema.



Pais pobre, pais rico

Con la caída del muro de Berlín se creyó que la lucha de pobres contra ricos se había acabado porque era un invento comunista y que en adelante todo el mundo podría conquistar el bienestar. Las cosas, claro, no han sido así. Las diferencias entre países ricos y pobres son cada día mayores, e inclusive los pobres retroceden en términos absolutos: las diferencias sociales entre clases ?aun en los países ricos? vuelven a inquietar a los ideólogos de academia. Las políticas económicas impuestas bajo el nombre de "globalización" han destruido en los países pobres la industria manufacturera y la agricultura moderna, debilitado al Estado, aumentado a límites impagables la deuda externa, inducido guerras y guerritas, fomentado el narcotráfico, corrompido gobiernos, derribado gobiernos, homogeneizado las sociedades a imagen y semejanza del American Way of Life y liquidado toda cultura que no sea útil a su fin supremo: la acumulación ilimitada e insensata de capital.

Estados Unidos acaban de aprobar, por ejemplo, la bobadita de 190.000 millones de dólares para subsidiar su agricultura. En los países ricos los subsidios para la agricultura sumaban en el año 2.000, 370.000 millones de dólares. ¿Qué producción de maíz, arroz, o trigo ?para hablar sólo de materias primas de alimentos de primera necesidad? puede competir en semejantes condiciones? Simplemente ninguna. Las economías arruinadas de los países pobres ?en la mayoría de los cuales no hay guerrillas ni terrorismo? están viéndose obligadas a expulsar gente. No sólo trabajadores rasos, sino mano de obra calificada, porque el efecto de la globalización sobre sus economías es en general pernicioso y el desempleo aumenta sin cesar.

Mientras el capital migra, anida y subordina todo a su interés, a los pobres que producen en los países pobres ?al trabajo? se les niega la misma posibilidad y son arrinconados y obligados a debatirse en la miseria. No obstante, en Europa hay hoy 20 millones de inmigrantes irregulares y, sólo en el año 2000, entraron más de 800.000, la mayoría de Africa. En Estados Unidos la situación es también grave. A pesar de ser un país hecho desde sus cimientos por inmigrantes, las dificultades para obtener una visa, pasar por las aduanas o colarse por las fronteras, son cada vez mayores. Y a los trabajadores migrantes se les recortan día a día sus derechos. El 11 de septiembre y la lucha contra el Eje del Mal han generado medidas de autodefensa contra el terrorismo, usadas como estrategia contra una supuesta invasión de migrantes a los países ricos.

El triunfo de Haider en Austria inauguró un viraje de Europa hacia la derecha, que expresa el temor de los europeos y hoy también de los norteamericanos a ser invadidos ?o atacados? por los inmigrantes. No obstante, la inmigración es necesaria para mantener el ritmo de crecimiento y de acumulación. Según la ONU, Europa necesitará 40 millones de trabajadores en los próximos 10 años para sostener su tasa de desarrollo. Pero las clases medias los rechazan porque sus culturas incomodan. Los sindicatos critican las políticas de emigración porque inducen la pérdida de derechos adquiridos y permiten que los empresarios utilicen a los inmigrantes como esquiroles. Se ha ido generando una reacción en su contra que poco a poco va haciéndose más agresiva. Pero no a todos se les mira con los mismos ojos ni se les aplica idéntico rasero. Prody, el presidente de la Comisión Europea afirma: "Es evidente que no se pueden poner en un mismo lugar al médico afgano que se refugia en nuestro país y aquel que llega para ganar más".



Visa USA

Para los colombianos entrar hoy a Estados Unidos es tan difícil como a Europa. La mayoría de compatriotas viven en la costa este, en Miami o Nueva York, y en conjunto podemos sumar unos dos millones. Pero hay unos pocos que son extranjeros y otros muchos que son inmigrantes. Hay una migración pendular de empresarios prósperos que manejan negocios en los dos países y logran sacar una 'visa de inversionista'; una clase media, cada vez más numerosa, compuesta por profesionales y mano de obra calificada, que con trabajo y palancas coronan un permiso de trabajo; y por último, los 'sin papeles' rebuscadores de siempre.

Gente que hace cualquier trabajo por cualquier paga y que, como es obvio, carece de garantías y derechos. Tienen una gran versatilidad y buscan a toda costa regularizar su residencia por cualquier medio y a cualquier costo. Algunos, por ejemplo, declaran ser objetivo militar de las guerrillas o de los paramilitares para obtener una visa especial de asilo. Hay verdaderos expertos en montar las historias más truculentas sobre persecución política con documentos en mano, firmados por autoridades militares, curas párrocos y otros garantes. Otras son verídicas. Conocí a una enfermera que trabajaba en San Carlos, Antioquia, y un buen día la guerrilla se la llevó a las malas para atender a unos heridos. Duró varias semanas y regresó al pueblo. Pero entonces los paramilitares la declararon objetivo militar por colaboración con la subversión. Se voló y llegó clandestinamente a Miami, pidió asilo y estaban por autorizárselo cuando se atravesó el 11 de septiembre. El juez rechazó la solicitud por considerar que había mérito para sospechar una eventual colaboración con las guerrillas, es decir ?enfatizó? con el terrorismo.



Negocio con los ilegales

La regularización es, no sobra decirlo, un gran negocio para firmas de abogados especializadas en expoliar al colombiano y en trampear las leyes. Parte del trabajo de los inmigrantes va a parar a las cuentas bancarias de estas empresas. Hay también negocios alrededor del matrimonio, como medio para sacar un permiso de trabajo, lo que equivale a acceder a la seguridad social y obtener la licencia para manejar, que es prácticamente la cédula de identidad en Estados Unidos.

Se conocen nativos que se casan con un colombiano y luego viven tranquilamente de una especie de cuota periódica que le cobran por el servicio. Otros cobran por el matrimonio y por el divorcio una suma redonda. En Nueva York, la colonia colombiana es enorme y vive casi toda en Queens. Los candidatos presidenciales hacen allí campañas políticas. Hay, como se sabe, un sector llamado Chapinerito, que es nuestra cabeza de playa en el 'Eje del Bien'. Conocí aquí a un personaje que la crisis cafetera botó a la calle. Buscó en Pereira la boca del hueco para llegar a Estados Unidos y coronó. De Buenaventura pasó a Panamá, luego de frontera en frontera hasta Guatemala, donde quedó por cuenta de los coyotes. Noventa horas en un furgón sin luz ni aire, acompañado de otras 25 personas. Dormían en casas de la red, de donde no podían salir, y llegaron a la frontera con Arizona ?el sitio de moda? para pasar por Piedras Negras. Tres jornadas de desierto, durmiendo de día y avanzando de noche, cargando comida ?y sobre todo agua?, y con el corazón en la boca esperando toparse en cada recodo con la policía. De Piedras Negras a Houston y, por fin, Nueva York, a buscar a su gente. Un mes de "azare, volviéndose sombra, comiendo saliva, respirando sueños". El costo desde Pereira: 12.000 dólares.

Muchos se quedan en el viaje o en el camino dejados a su propia suerte, muchos mueren y un gran porcentaje terminan deportados. Para los colombianos ser deportados, además de una humillación y una afrenta a su fama, es una verdadera epopeya porque los vuelos comerciales los transportan cuando hay cupo y mientras tanto están, de hecho, presos. Algunos ?los que conocen el oficio o son instruidos por algún compañero de viaje? se entregan a las autoridades y piden asilo alegando persecución política o discriminación sexual. En lo primero los colombianos no tenemos problema porque tenemos la tendencia a victimizarnos. Pero para un santandereano, por ejemplo, declararse homosexual, ya es otro cantar.



Rebusque

La mayoría de compatriotas son también 'toderos': limpian baños, lavan perros, cuidan ancianos con Alzheimer o con Parkinson, pasean niños, roban bicicletas; son albañiles, ayudantes de los ayudantes de mecánica, jibaritos, entrenadores de fútbol ?soccer aquí llamado, que está en furor?, sirven medio día en un restaurante y el otro medio le enseñan español a un hombre de negocios, se prestan para experimentos médicos, como sparrings para que boxeadores profesionales midan sus puños, venden espermatozoides, y entregan empanadas, pandebono y masato puerta a puerta a otros colombianos.

Algunos estudian, van a la universidad, se gradúan. Existe una clase especial astuta de parásitos que han hecho mil cursos, obtenido todas las becas posibles, y siguen 'aplicando' ya viejos a cuanta ayuda ofrecen las fundaciones. Muchos compatriotas han comenzado a engordar a punta de comer lo que llaman comida basura, que son alimentos enriquecidos con vitaminas y minerales, o inflados, coloreados o texturizados con sustancias legales no propiamente nutritivas. Es paradójico: mientras más pobre sea el consumidor, más posibilidades tiene de moverse dentro de una monstruosa obesidad.

Son también estos compatriotas quienes viven en piezas compartidas: tres, cuatro o cinco personas en 12 metros cuadrados, amoblados todos con muebles recogidos en la calle. El baño es un campo de batalla. En estas condiciones, la violencia ?nuestra violencia? es el pan de cada día. Las peleas entre colombianos son famosas por ser sangrientas, no se respeta ningún arma, no se acude a las autoridades norteamericanas para zanjar diferencias. Pero hay también instancias propias de justicia, personas que los grupos y las comunidades locales respetan y que pueden mediar, sancionar o absolver como una manera de sobrevivir en un medio donde sólo logra resolverse el problema de la sobrevivencia. Pero los colombianos

?¡quién lo creyera!? tenemos unos fuertes vínculos afectivos con la patria y hasta celebramos el 20 de julio. Todos soñamos regresar ricos o traernos a la mamá, a la tía, a los hermanos, a los cuñados: tratar de hacer nido y reagrupar poco a poco nuestra gente.

Necesitamos vivir y luchar rodeados de afecto, así ello se traduzca a veces en gritos, puños y... besos. Hay una solidaridad familiar a toda prueba de cara al exterior de la familia, y por ello somos tan reputados mafiosos y contrabandistas: no traicionamos los afectos a ningún precio. Ni siquiera a cambio de papeles de trabajo.

Resulta paradójico que una sociedad que nos expulsa de su seno, de un sistema político que nos humilla, explota, y por último nos obliga a huir, se vuelva aquí La Patria y sea recordada y anhelada como El Parche. Los 'frisoles', el bocadillo veleño, las frunas y el aguardiente hacen llorar a los hombres más duros y ablandan a las mujeres más desenvueltas. Soñamos con regresar cargados de regalos: televisores, cadenas de oro, tenis Nike, walkmans y títulos universitarios para, a los seis meses, andar haciendo cola en la embajada de Estados Unidos, de Canadá, de Australia.

P.S. Habiendo escrito y enviado a la redacción de SEMANA el artículo anterior se ha conocido en la colonia colombiana de California que a Totó La Momposina le ha sido negada la visa de entrada a Estados Unidos para presentarse en San Francisco. La negativa se basó en un "requerimiento adicional", autorizado por las últimas normas en Congreso-Security Homeland-. El hecho ha puesto en alerta a la comunidad latina.
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