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Opinión

  • | 1992/01/20 00:00

    LA FUERZA DE LA HISTORIA

    En Colombia existen políticos obstinados en sentarse sobre sus principios, sin que la historia les haya concedido la razón.

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ENTRE LOS COLOMBIANOS SUCEDE ALGO bien significativo. Que preferimos los resultados a los principios. En otras latitudes y en distintas épocas, políticos que hicieron carrera, como Winston Churchill, para mencionar un ejemplo contundente, se las arreglaron para pasar a la historia desafiando las creencias colectivas de la opinión pública, jugándose la carta de sentarse sobre sus principios en espera de que algún día el reloj de la historia terrminara dándoles la razón.
Hoy, en Colombia, hay políticos de esa naturaleza. Están obstinadamente sentados sobre el bloque de sus principios, pero al contrario de Churchill, la historia todavía no se anima a darles la razón. Políticos de este estilo son el ex ministro de Justicia Enrique Parejo, el ex canciller Carlos Lemos, y el columnista Juan Diego Jaramillo, quienes, cada uno en su estilo, han escogido perfilarse políticamente, hablando con cruda franqueza acerca de lo que creen sobre los temas más candentes del país.
Parejo, por ejemplo, colocando su vida en la mira de los asesinos, se encuentra dedicado a denunciar las negociaciones con el narcotráfico, calificando como una verguenza que Escobar se hubiera entregado escasas horas después de que la Asamblea Constituyente le hubiera dado gusto en concederle lo que había intentado obtener a base de sangrientos crímenes: la no extradición.
Carlos Lemos ha sido siempre un hombre de posiciones verticales. Totalmente de acuerdo con la opinión que siempre ha manifestado sobre el tema, sostiene por estos días en su columna que mientras el gobierno se concentra en mirar a Caracas, la guerrilla mira a Bogotá. Y afirma, en tono grave, que de nada sirve convocar una constituyente, cuando las disposiciones de la nueva Carta son inaplicables en las dos terceras partes del territorio nacional.
Juan Diego Jaramillo se ha concentrado en la tesis de que el partido conservador no debe ser vergonzante, disfrazándose de liberal o de movimiento independiente.
Pero lo curioso es que mientras nadie puede asegurar que estos tres personajes tengan definido su destino político (ni Lemos ni Parejo se perfilan como probables futuros presidentes, y Juan Diego se repone de su reciente derrota electoral), otros tres personajes, que son lo que podríamos llamar sus contrincantes filosóficos, demuestran con sus actuales posiciones o con sus promisorios futuros lo que ya dijimos al comienzo de esta columna: que en este país los colombianos preferimos los resultados sobre los principios.
Así, por ejemplo, mientras Parejo denuncia a los cuatro vientos las
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