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José Miguel Santamaría Uribe
José Miguel Santamaría Uribe - Foto: SEMANA

La generación de cristal y el empleo

Es una realidad que la juventud ha venido cambiando la forma de ver el mundo y el futuro en los últimos años. La tecnología y el acceso a la información en tiempo real ha hecho que sus prioridades sean otras y es por eso que existen muchas contradicciones entre los resultados de la encuesta y la realidad que están viviendo los empresarios en el día a día.

Por: José Miguel Santamaría

Finalmente, después de mucho tiempo, el desempleo rompió la cifra del 10 %. Según el Dane, la cifra de desempleo total nacional en octubre se ubicó en el 9,7 %, que, aunque puede ser cíclica por la llegada del fin de año, no deja de ser una buena noticia en estos momentos de incertidumbre económica.

No obstante, de acuerdo con la última encuesta sobre qué piensan, sienten y quieren los jóvenes de Colombia, muestra que para ellos los principales problemas del país son ―en su orden― la falta de empleo, la seguridad, la corrupción, el acceso a la salud y la falta de acceso a la educación superior, temas que se repiten históricamente, pero que tienen a mi modo de ver una connotación diferente en esta época.

Es una realidad que la juventud ha venido cambiando la forma de ver el mundo y el futuro en los últimos años. La tecnología y el acceso a la información en tiempo real ha hecho que sus prioridades sean otras y es por eso que existen muchas contradicciones entre los resultados de la encuesta y la realidad que están viviendo los empresarios en el día a día.

En días pasados se me acercó un empresario del sector de los alimentos a comentarme lo difícil que viene siendo conseguir trabajadores, que inclusive es complicado lograr que vayan a las entrevistas de trabajo. Este caso no es aislado. La realidad es que, desde la reapertura económica, después del aislamiento, es recurrente oír estos comentarios.

Todo lo anterior nos lleva a pensar que existe un desbalance entre el empleo que la economía necesita frente al empleo que los jóvenes quieren y, lo peor, cada día están más alejados.

En la ruralidad cada vez hay menos jóvenes trabajando. Para ellos no es atractivo el trabajo agrícola. De hecho, salen hacia las ciudades apenas pueden. Los trabajadores del campo son cada vez más viejos, y en su mayoría mujeres. ¿Cómo pretendemos ser una potencia agrícola si no tenemos personas que quieran trabajar en el campo?

Otro de los problemas tiene que ver con el tema de calidad del trabajo. Hoy en día los jóvenes buscan horarios flexibles y con posibilidades de trabajo en casa, tema que es imposible en muchos de los empleos que ofrece hoy en día la economía, como es el caso de atención directa al cliente en comercio y en alimentos y bebidas. En estos sectores es muy importante la rigidez del horario y la presencia necesaria.

Otro de los sectores que ha visto complicado llenar las vacantes ha sido el de la construcción.

Al final, lo que vemos es una generación de cristal que se ha venido permeando con que el Estado debe ser el gran proveedor de calidad de vida, que le gusta los subsidios, que prefieren seguir estudiando por muchos años y no empezar a trabajar, y que desafortunadamente les quitaron del ‘chip’ esa máxima con la que nos educaron a las antiguas generaciones, donde el esfuerzo y la dedicación eran el camino para lograr un mejor futuro.

Este problema no es un hecho aislado de Colombia, en muchos otros países como Estados Unidos o en España es cada día más complicado conseguir personas dispuestas a ir a entrevistas y a trabajar con dedicación y horarios.