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Jorge Enrique Vélez, columnista invitado
Jorge Enrique Vélez, columnista invitado - Foto: SEMANA

La mesa de negociación con el ELN

La situación de la mesa de negociación que se inicia en Venezuela pareciera más una mesa de amigos y aliados que de negociación.

Por: Jorge Enrique Vélez

Dentro de las promesas del actual presidente de los colombianos Gustavo Petro, se encuentra iniciar negociaciones con el grupo terrorista del ELN como parte de su política de paz total, el cual es un sueño de todos los colombianos, estamos dispuestos a apoyarla y ojalá se pueda concretar; eso sí, no a cualquier costo.

Es por este motivo que se desprenden muchas dudas sobre lo que se va a negociar y sobre el tipo de negociaciones que se van a realizar, por lo que realizaré un análisis de la mesa de negociación, con sus principales integrantes y que serán los que marquen las pautas dentro de los que representan al gobierno en la negociación.

¿Qué es una mesa de negociación? Es el lugar donde se plantea la voluntad de cada de una de las partes beligerantes o actuantes en el que la meta es buscar llegar a un acuerdo entre estas.

¿Quiénes deben ser los miembros de una mesa de negociación? En este caso en particular la negociación es entre el Estado Colombiano y un grupo al margen de la ley.

Los representantes deben ser personas que hagan parte del grupo guerrillero y por parte del gobierno colombiano, deben ser personas que representen la institucionalidad y que no avalan o no han estado de acuerdo ideológicamente las actuaciones del bando contrario.

Este último punto es el que me genera las mayores inquietudes. Ninguno de los miembros principales elegidos por el gobierno colombiano, con excepción de José Félix Lafaurie, y algunos de los nombrados en las últimas horas, cumplen estos requisitos para ser parte del equipo negociador, incluso, en declaraciones por parte de Otty Patiño, Jefe Negociador del Gobierno, menciona literalmente

“No solamente hay una simpatía entre la Comisión sino una simpatía política e indudable entre la delegación del ELN y el actual Gobierno” y súmele que se debe aclarar, antes de iniciar los diálogos, si Lafaurie y los demás negociadores van a actuar como personas naturales o van a representar a gremios o instituciones que hacen o hicieron parte dentro de la negociación, pues esto tendrá muchas implicaciones.

Procederé, también, a hacer una descripción del perfil de los principales negociadores del Gobierno Nacional, no de todos porque el espacio de la columna no me lo permite, aclarando que, si bien se incorporaron unos nuevos integrantes en las últimas horas, estos últimos no tendrán mucho peso a la hora de modificar el sentido de las conversaciones, ya que los negociadores principales son quienes tienen más relevancia y experiencia dentro de la mesa. No es necesario analizar los representantes del ELN, pues es claro que son miembros activos de su Estado Mayor.

José Otty Patiño Hormaza. Inició sus actividades como guerrillero en el Frente Unido “siguiendo al cura Camilo Torres”, como él mismo lo manifestó. Posteriormente, se enroló en los Grupos Indígenas en el departamento del Meta que hacían resistencia contra los expropiadores de tierras.

Finalmente, fue uno de los líderes y fundadores del grupo guerrillero y terrorista del M-19 y negociador del mismo grupo en el proceso de paz que se llevó a cabo con este grupo armado. Es claro que nunca ha representado ni al Estado ni a la institucionalidad, y ahora es nombrado para liderar una mesa donde se podrían negociar y perder los principios históricos de nuestra democracia.

Iván Cepeda Castro. Senador y activista de la izquierda colombiana. Fue facilitador y defensor del proceso de paz con las FARC. Se ha caracterizado por defender y liderar las ideas de los grupos guerrilleros y cuestionar la institucionalidad y legitimidad del Estado colombiano.

Ha sido siempre coherente, pero desde sus convicciones que son absolutamente contrarias a las mayorías de las instituciones históricas de nuestra democracia. Igual que Otty Patiño, es más afín a las políticas e ideales del ELN.

El senador Cepeda en varias entrevistas ha adelantado algunos temas que serán parte de la negociación en la mesa y que coincide con temas que quiere negociar ELN: justicia transicional, diálogos regionales, y la no discusión legal de delitos como el secuestro y el narcotráfico.

Por esto y mucho más lo veo más como observador que como negociador, pues será muy pobre su defensa del estado de derecho ya que está más de acuerdo con las propuestas de los que están al otro lado de la mesa, que las que respecten a defender nuestra constitución y nuestras leyes.

María José Pizarro. Rodríguez: Hija del máximo jefe del M-19, siempre vivió en el exilio y solo regresó a Colombia en el 2010 para actuar como líder de la izquierda colombiana y del Pacto Histórico que hoy representa como senadora. Ha sido obsesiva en actuaciones y declaraciones contra la Fuerza Pública, presentando proyectos de ley para diezmar sus objetivos y lineamientos y para debilitar la legitimidad de las Fuerzas Militares y de Policía.

Pizarro, en una declaración que dio a un medio de comunicación manifestó que “el congreso debería tener una composición más equilibrada que permita autonomía del legislativo para no estar a la merced de las decisiones que toman las bancadas gobiernistas “.

Fue como una premonición en tanto, al parecer, es lo mismo que ocurrirá en la Mesa de Negociación en donde en ambos lados de la mesa están personas con ideologías y una agenda muy similar y que serán contrarios a nuestros preceptos democráticos.

Salvo el doctor José Félix Lafaurie, y otros pocos negociadores, que serán minoría dentro de la mesa que representa al estado colombiano, en donde serán unas “moscas en un vaso de leche” y no podrán evitar que las mayorías impongan sus voluntades; lo que puede implicar asumir muchas responsabilidades en las que no va a estar de acuerdo como consecuencia de lo que se acuerde en la mesa por las mayorías ya garantizadas, y que seguramente tendrá repercusiones para ellos y por supuesto para el futuro de la democracia de nuestro país.

En el caso de José Félix Lafaurie Rivera. Reconocido representante de la derecha colombiana y de uno de los gremios económicos (FEDEGAN), que ha sido víctima por décadas de las actuaciones terroristas de los grupos guerrilleros. Es uno de los pocos negociadores que, sumando quizás los ex miembros de las fuerzas militares y la representante de un gremio de empresarios, hacen parte del equipo negociador del gobierno y están liderando la protección de la democracia y el fortalecimiento de la institucionalidad en la Mesa de Negociación.

Con José Félix me une una amistad de muchos años y creo que está arriesgando mucho con este gesto patriótico de hacer parte de esta Mesa. Es por este motivo que considero que debería estar vinculado a la negociación a título personal y no en representación de un gremio, ya que allí se pondrá en peligro la propiedad privada y se va a promover una reforma agraria que afectará, como a ningún otro, a los ganaderos que han sido históricamente la base fundamental del desarrollo económico del país.

Si de tomar decisiones que perjudiquen al gremio ganadero se tratara, como estoy seguro que va a ocurrir, José Félix Lafaurie sería un directo responsable, porque solo podrá dejar constancia de sus inconformidades, pero, al hacer parte de la mesa, estaría involucrado completamente en las decisiones.

Él será una de las pocas voces minoritarias de ambas mesas que será contradictor de la mayoría de temas y, como ya lo expresé en esta columna, lo único que podrá hacer es dejar constancia de todos sus cuestionamientos y desacuerdos, ya que, en una mesa que pareciera ya tener todo acordado previamente, el ELN no va a perder la oportunidad de imponer sus solicitudes y, por qué no, de hasta promover una nueva Asamblea Constituyente.

Como pueden leer amigos lectores, la situación de la mesa de negociación que se inicia en Venezuela pareciera más una mesa de amigos y aliados que de negociación.

Allí no habrá contradictores (salvo Lafaurie y algunos otros) y todos van a trabajar para acordar y firmar una impunidad y un modelo inviable de país que siempre han soñado, que apoyados por un gobierno de izquierda y por unas mayorías en el Congreso que vendieron sus ideales por mermelada, condenarán a Colombia a la peor de las suertes, en la que la democracia de más de 200 años, con sus errores y cuestionamientos, será destruida.

Es por eso que no podemos ser pasivos a lo que nos puede ocurrir y ya entiendo por qué la iglesia no quiso participar como parte activa de la mesa de negociación pues sabían las consecuencias que le podían generar.

Ojalá el presidente Petro, en un acto de democracia, decidiera darle mayor transparencia a esta negociación y proceder a nombrar a otras personas que le den equilibrio a la mesa como el doctor Lafaurie, y que nos dieran más garantías y tranquilidad de que no se va a negociar beneficiando una sola ideología como, al parecer, va a ocurrir.