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Opinión

  • | 2003/10/13 00:00

    La nueva ONU

    La nueva ONU tendría tropas propias o disponibles en todo momento para llevar a cabo operaciones autorizadas por el Consejo y bajo el mando del Secretario General

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La cuestion no admitia muchas dudas: sólo en legítima defensa puede un Estado usar la fuerza militar contra otro Estado. Ni la guerra de agresión, ni los ataques "preventivos", ni las invasiones para "restablecer la democracia" pueden aceptarse sin caer en la ley de la selva.

Este principio fue la base del derecho internacional durante siglos. Pero ahora se acerca un cambio de veras

formidable: la ONU podría autorizar ataques preventivos y además enviar tropas para restablecer la democracia.

Esa, ni más ni menos, fue la propuesta velada que Annan le hizo a Bush en la Asamblea de este año: a cambio de internacionalizar la guerra preventiva contra el terrorismo, la ONU necesita dientes para llevar a cabo sus "intervenciones humanitarias". O en palabras coloquiales, "para ahorrarse embarradas como Irak, no vuelva a torpedearnos como acaba de hacer en Congo y en Liberia".

Lo revolucionario de esta doctrina es que acaba de enterrar la vieja idea de soberanía. Pero no lo hace en beneficio del país más fuerte sino -y esto es lo interesante- de un organismo que represente a toda la humanidad.

Para representar de veras a la humanidad sería necesario reformar el Consejo de Seguridad, donde los cinco ganadores de la II Guerra todavía tienen el poder de veto. Ninguno de ellos quiere por supuesto perder este poder, aunque el actual bloqueo de Francia y Rusia a Bush ha hecho que los gringos también empiecen a repensar la cosa.

El nuevo Consejo debe ser más balanceado y reflejar mejor la geografía política de ahora. Las fórmulas posibles son muchas y los intereses en juego son todavía más. Fuera de USA, Inglaterra, Francia, Rusia y China, el propio Annan aludió a Alemania y Japón. India e Indonesia entrarían en representación de Asia; Suráfrica o Nigeria, más Egipto, estarían por Africa, y por América Latina tendríamos a México y Brasil. Para no agigantar el Consejo, los tres miembros de la UE (Alemania, Inglaterra y Francia) quizá se rotarían, igual que harían los tres nuevos asiáticos (India, Indonesia, Japón) los africanos y los de América Latina.

La nueva ONU tendría tropas propias o disponibles en todo momento para llevar a cabo operaciones autorizadas por el Consejo y bajo mando del Secretario General. Estas operaciones podrían tener uno de tres propósitos específicos, delimitados e inequívocamente sustentados: acudir en defensa de un Estado víctima de agresión injusta (caso Kuwait en 1991), prevenir un genocidio (caso reciente de Liberia) o desarmar a un Estado terrorista (como Irak, si inspectores de la ONU hubieran encontrado las pruebas que aún no encuentran Mr. Bush y Mr. Blair).

Ese mandato militar ampliado, junto con la asistencia humanitaria y los demás programas a su cargo, suponen que la ONU tenga más ingresos y más autonomía financiera. Su presupuesto actual (1.250 millones de dólares) apenas es la cuarta parte del que tiene la ciudad de Nueva York. Estados Unidos todavía debe 500 millones -y se hace el remolón para aquietar a Annan-. Lo lógico entonces sería bajar la cuota (y el peso) de USA, más aún, bajar el peso de las cuotas y dotar a la ONU de sus propios recursos.

Para esto, la opción más atractiva podría ser un impuesto de, digamos, "dos por mil", a los movimientos internacionales de capital que hoy ascienden a unos 700 millones de dólares por minuto y que -además- ayudaría a controlar la especulación que ha llevado a tantos países a la quiebra (o a la recesión autoinducida).

Existen otras opciones financieras. El dividendo de paz, o los recortes de gasto militar en un mundo sin Guerra Fría. Los ecoimpuestos. La sobretasa de 1 por mil al comercio internacional, suficiente para que ningún ser humano tenga que seguir viviendo con menos de un dólar al día. O hasta el impuesto universal a la renta, que sería la antesala de un Estado mundial.

Ideas soñadoras, se dirá. Y soñadoras son. Pero la historia también se hace con sueños, y en este caso la estupidez de Bush y la encartada en que está con Irak, Afganistán, Corea, Libia, Cuba, Irán, Siria y demás, podría darle un empujón a un lindo sueño.
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