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Opinión

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Como querían destituirlo de su cargo de comandante del Ejército, el general paraguayo Lino Oviedo dio un golpe de Estado. Y logró su objetivo: ser nombrado ministro de Defensa. Al abrazar al presidente Wasmosy para agradecer su nombramiento, el general subrayó su "acatamiento a la Constitución" y su "invariable lealtad a las instituciones democráticas".Visto desde afuera _desde Colombia, por ejemplo_ el golpe de Estado paraguayo puede parecer cómico.Pero visto desde afuera _desde el Paraguay, sin ir más lejos_ resulta más cómico todavía el golpe de Estado que acaba de dar en Colombia el general Bedoya. También tenía un propósito de estricto respeto a las instituciones: impedir que en los casinos de oficiales entrara a mandar el Inpec, como pretendía el ministro de Justicia. Pues eso, técnicamente hablando, hubiera sido un golpe de Estado (aunque no estaría mal, desde el punto de vista de la comicidad, que dieran un golpe de Estado los guardianes de prisión. A todo llegaremos en Colombia). Tuvo razón el general Bedoya en impedirlo.Lo que pasa es que, así como en el Paraguay lo que estaba en juego no era un simple nombramiento, sino el poder, en Colombia lo que se discutía no eran las atribuciones de los funcionarios del Inpec sino, también, el poder. Se trata de saber si el gobierno del presidente Samper manda lo suficiente como para impedir que el ex ministro de Defensa Fernando Botero, preso en un casino de oficiales, siga incitando a los militares a dar un golpe de Estado en regla. El lo llama "golpe técnico": un golpe de unas pocas horas, las suficientes para escoltar hasta el aeropuerto al derrocado presidente Ernesto Samper y esperar en el aeropuerto a que aterrice el avión con su sucesor el presidente Humberto de la Calle. Golpe, como se ve, de estricto acatamiento a la Constitución, que dispone que si falta el presidente lo sustituya el vicepresidente. Será 'técnico' y tendrá un resultado 'constitucional': pero es un golpe de Estado. También con ese que propone Botero, como con el que ya dio Bedoya, el general paraguayo Lino Oviedo estaría perfectamente de acuerdo. Sería bastante cómico.Pero lo más cómico de todo es que es muy posible que también estuviera de acuerdo con ese golpe el presidente Samper. Porque se trataría de esa 'salida digna' que él, y sus abogados, y sus partidarios, y hasta sus enemigos, llevan meses buscando infructuosamente hasta debajo de las piedras. Nada hay más digno _al menos en América Latina_ que un derrocamiento por golpe militar. Tras sufrirlo, inclusive ese otro cómico general paraguayo que era Alfredo Stroessner quedó ante la opinión divinamente (y eso que un golpe dado, como fue su caso, por el propio consuegro, no tiene a primera vista mucha presentación). Lo malo es que, si de guardar las formas constitucionales se trata, a su llegada al aeropuerto, y aun antes de ser recibido con honores militares, el nuevo presidente De la Calle tendría que destituir al general golpista. Y, o bien no se atrevería, con lo cual su propia imagen quedaría tan malparada como la de Samper al no haberlo destituido por preservar contra el Inpec los privilegios del detenido golpista Botero; o bien el general, como su colega Lino Oviedo, no se dejaría destituir, y seguiría toda esta farsa.Es una lástima que hasta las salidas dignas acaben siendo cómicas.
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