opinión

JORGE HUMBERTO BOTERO
JORGE HUMBERTO BOTERO. PRESIDENTE DE FASECOLDA BOGOTA, OCTUBRE DE 2017 FOTO GUILLERMO TORRES - REVISTA DINERO - Foto: Guillermo Torres

La política del amor

Rosas, yerbajos y espinas hubo en los discursos de Petro y Márquez la noche de elecciones.


Por: Jorge Humberto Botero

Comenzó bien el proceso de transición presidencial. La Registraduría cumplió con excelencia su cometido. Rodolfo reconoció, con serenidad e hidalguía, el triunfo de su rival. Petro habló en genuino tono conciliador, consciente de que ganó por estrecho margen. Duque invitó al presidente electo a comenzar el proceso de empalme. Estemos, todos, orgullosos de nuestras instituciones y agradecidos con los protagonistas de esta película.

Como suele suceder en estas circunstancias, Petro afirmó que será respetuoso de la oposición e invitó a un gran acuerdo nacional para discutir las principales reformas. Ese acuerdo ocurrirá, será nacional, y, así suene contradictorio, parcial: es necesario para garantizar mayorías en el Congreso (las sociedades democráticas no son unánimes). Servirá ese pacto para garantizar gobernabilidad, lo cual está bien mientras no se convierta en mermelada. La frontera es porosa.

Tanto Petro como Rodolfo dieron gran énfasis al compromiso de luchar contra la corrupción. Como fueron bastante magros en sus ideas para lograrlo, aquí van, de nuevo, tres propuestas: (i) Hay que acabar con la cooptación de la Contraloría, la Procuraduría y la Fiscalía General por el Congreso y el Gobierno. No para eliminar el origen político de quienes las dirigen, aunque sí para modularlo con la participación de la sociedad civil en la selección de candidatos; (ii) es necesario acabar con las listas abiertas para aspirar al Congreso, que son el mecanismo mediante el cual los partidos -ahora degradados a la lamentable condición de maquinarias- son puestos al servicio de los traficantes de votos; (iii) Los contratos interadministrativos entre la Nación y las entidades territoriales se han convertido en un eficiente mecanismo para bajar recursos a departamentos y municipios, previo acuerdo con ciertos políticos influyentes en las regiones. A partir de ahí es sencillo apropiarse de los fondos públicos.

Propuso Petro la realización de pactos regionales vinculantes, que la Carta Política no contempla, y que serían contrarios a ella si menoscaban las facultades del Congreso. No sobra advertir que sus integrantes detentan la representación popular y, en tal condición, expiden las leyes. Los mecanismos de participación ciudadana no pueden afectar las potestades de los órganos del Estado.

Errada e inoportuna su petición dirigida al Fiscal para que libere a personas, cercanas al Petrismo, acusadas por la comisión de delitos. Esa postura no es respetuosa del principio de división de poderes.

El toque adánico o de refundación de la patria fue nítido en el discurso de la Vicepresidente: “Después de 214 años (sí, leyeron bien) logramos un gobierno del pueblo, un gobierno popular”. ¡Colombia sería, pues, un país dominado por esclavistas que solo ahora se asoma a un régimen universal de libertades ciudadanas! Petro no llegó a tanto en un infortunado trino previo a su discurso del domingo.

Ciertos sectores de la derecha presentan al nuevo presidente como un guerrillero que desdeña las reglas de la democracia; que, si puede, se perpetuará en el poder; y que llevará al país hacia el Castrochavismo. Por supuesto, debemos estar vigilantes. Con esa advertencia cabe señalar que Petro fue amnistiado por el delito de rebelión; jamás se le imputaron otros cargos. Que ha jugado dentro de las reglas aunque con cierta rudeza, es cierto (fue el inventor de las funestas tutelatones). Ha negado que intentaría una reforma constitucional para quedarse en el poder, y tiene derecho a que, de momento, le creamos. Pensar que procuraría seguir los modelos fallidos de Cuba y Venezuela es una ofensa a su inteligencia. Sus modelos serán otros, para bien…y para mal: Chile, México, Argentina.

Petro, en realidad, no es fácil, de descifrar. No es un comunista a la vieja usanza; el M-19, el movimiento subversivo en el que militó, era de corte nacionalista, no marxista. Algunos elementos de su ideología son propios de la izquierda socialista: la obsesión por el igualitarismo, la exacerbación de la democracia directa (que no suele ser liberal), el protagonismo estatal en la economía, el cierre de las importaciones y, en fin, una tácita hostilidad a la economía de mercado. A estos elementos se suma una postura ambientalista extrema y utópica: Colombia no tiene la capacidad para acelerar la transición hacia un mundo descarbonizado; lo que hagamos en solitario nos haría daño a nosotros y ningún bien a la humanidad. Aumenta nuestra perplejidad cuando engloba su repertorio ideológico en lo que denomina la política del amor. Sus esfuerzos por intentar explicarnos en que consiste esa figura se me hicieron incomprensibles.

“Nosotros vamos a desarrollar el capitalismo en Colombia”, dijo en su discurso post electoral el presidente electo. Esta afirmación, que es bienvenida, no es suficiente para dar tranquilidad a los agentes económicos. Se requiere saber cuáles van a ser las reglas de juego. Pretender convertir al Estado en empleador de última instancia, financiador de las actividades del cuidado en el hogar, y distribuidor de alimentos gratuitos a diestra y siniestra, harían colapsar las finanzas públicas. La reforma pensional planteada, que está centrada en la canalización hacia Colpensiones de buena parte de las cotizaciones, generaría recursos de caja al gobierno en el corto plazo (especialmente durante el próximo cuatrienio), y una crisis fiscal enorme más adelante. Desconocer los tratados de comercio e inversión vigentes daría lugar de inmediato a represalias contra las exportaciones colombianas. La pérdida de confianza que estas propuestas generan en los mercados externos sería causa de una abrupta devaluación, que depreciaría todavía más la moneda nacional agravando el problema inflacionario.

Hoy, lunes festivo, cuando escribo, me entero de que en las operaciones de divisas en el aeropuerto el encarecimiento del dólar es notable. Cuando esta columna se publique la situación podría ser peor. Es urgente actuar de inmediato para recuperar confianza de los inversionistas y evitar que se marchite el proceso de recuperación económica y del empleo en curso. Según los pronósticos del Fondo Monetario, Colombia crecerá cerca del 6 % este año, una de las tasas más altas del mundo. Desde luego, actuar mal o tarde podría ser fatídico.

Actúe, Presidente Petro, con el sentido de urgencia que la situación requiere.

Briznas poéticas. Dice Gustavo Adolfo Garcés: “De la misma familia / las rosas / las violetas / y el hecho de morir”.