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Opinión

  • | 1984/10/01 00:00

    LA POLVOREDA DE "EL FARAON"

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Terrible polvareda ha levantado "El Faraón", hasta el punto que ya es imposible no intervenir en el debate. Primero fue la multa por inmoral que produjo pataleta contra los gringos porque ellos "sí pueden mostrarnos sus suciedades en las series enlatadas". Luego la reacción de los artistas que alegan estar presentando sólo la realidad y por último el público dividido entre dos opiniones: "ya era hora de la multa" y "son problemas de doble moral..."
A vuelo de pájaro se puede apreciar la superficialidad del debate que ha estado moviéndose en un terreno de frases hechas lugares comunes y conceptos imprecisos, como suele suceder siempre que se habla de telenovelas.
La reacción contra los enlatados ha pecado de irreflexión. No es cierto, como se alega, que las series extranjeras tengan luz verde para presentar todo lo que quieran. Dinastía en su momento produjo también fuertes controversias; Los Borgia generó más de una carta de protesta en los correos especializados y los archivos de Inravisión guardan larga lista de programas extranjeros que no sólo han sido multados sino retirados del aire por acusaciones a la moral. Recuérdese el caso de Amor a la americana, Soap, Los protectores, Kaz Belleza brutal o Viviana, para mencionar sólo algunos.
No podemos entonces defender nuestras producciones diciendo "si a ellos los dejan a nosotros también", porque sería tanto como pedir "dennos a todos el derecho de fallar". Es mejor el otro argumento, el que alegan sus realizadores diciendo que que no están haciendo nada diferente a reproducir la realidad.
Sólo que hay formas de reproducir la realidad y es aquí donde radica la ambiguedad de conceptos que ha desatado El Faraón, por que uno puede no estar de acuerdo con la forma de la telenovela puede no disfrutar de esa clase de dramaturgia, puede incluso molestarse con el desarrollo de ciertas escenas, pero lo que sí no puede es desconocer que este equipo de trabajo esta presentando una alternativa de telenovela opuesta al melodrama.
Efectivamente El Faraón desconoce en forma intencional los elementos tradicionales usados en las telenovelas para enfrentar al público con personajes frustrados, anodinos, insignificantes, cuyas vidas, por cotidianas y estériles, destruyen toda posibilidad de sueño azul en el televidente. Por eso no hay parejas felices (parecía que La Candelosa había logrado estabilidad con Capitolino y éste resulto peor que Telésforo. Se esperaba que Amelia lograría un happy end con el gringo, cuando se atravesó la hija del gamonal. Se creía que Diana podría, al fin, escaparse con Telésforo y el ciclista le falló a última hora...) Además El Faraon es irreverente con los valores que por costumbre han puesto a la mujer en una urna de cristal: ellas cambian de pareja como cambiar de vestido; ellas los persiguen, les proponen, los reciben a altas horas de la noche, ellas se emborrachan igual que ellos, y ésa no es la imagen que tradicionalmente la telenovela ha mostrado de la heroína protagonista.
Visto el problema desde este ángulo, se comprenden mejor muchas cosas:
¿Por qué se critica El Faraón cuando reproduce un ambiente bajo, pero se acepta sin reparos un barrio como el de Don Chinche? Es porque en Don Chinche se sufre pero también se goza, porque la realidad esta trabajada buscando recompensar al televidente con un manojo de sonrisas.
¿Por qué el público soporta sin escándalo que una hija se enamore de su padre (Electra) y pone el grito en el cielo con los enredos de Otegua? Es porque Electra se ve como una tragedia griega y El Faraón como una telenovela sin olvidar que en la telenovela se aceptan las frustraciones, siempre y cuando quede un margen de historia para soñar...
En síntesis, el problema de El Faraón es que quiso acabar de un solo golpe con todas las ilusiones del género y encontró un publico que no estaba preparado para eso. Todo lo cual parece indicar que detrás de la polémica por la moral, se esconden razones de gusto.
Superado entonces el trauma del bien y del mal, de los pecados extranjeros y los colombianos, valdría la pena entrar a analizar con cabeza fría cuál es la propuesta real de Jaime Santos y Luis Alberto García sobre el tratamiento de las telenovelas.--
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