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Columna de opinión Marc Eichmann
Columna de opinión Marc Eichmann. - Foto: Cortesía

La primera vuelta y las instituciones

Independientemente de quien sea el ganador, lo que está de por medio es la credibilidad del proceso electoral, que de terminar socavado podría desembocar en un país más polarizado y enfrentado.


Por: Marc Eichmann

En junio de 2019, Gloria Stella Ortiz, presidente de la Corte Constitucional, Álvaro García, presidente de la Corte Suprema de Justicia y, Lucy Bermúdez, presidente del Consejo de Estado, se encontraron en el Centro de Estudios de la Policía (CECOP) y no en su lugar habitual de reunión, debido a las manifestaciones citadas por el comité nacional del paro en Bogotá. El motivo de su reunión era entrevistar a Alexander Vega para el cargo de registrador nacional.

En días anteriores, los presidentes de las cortes habían decidido sorprendentemente que la experiencia y la educación de los candidatos ya no sería tan importante y que prevalecerían los resultados de la entrevista a puerta cerrada que ellos estaban a punto de hacer.

Vega, que era cercano a la magistrada Bermúdez, había llegado a su cargo desde la vertiente política y tenía como logro más valioso, el haber precluido la investigación a Juan Manuel Santos y Óscar Iván Zuluaga por el caso Odebrecht, como magistrado del Consejo Nacional Electoral (CNE).

El resultado de la entrevista lo propulsó como registrador nacional, a pesar de la baja calificación (40/200) que le ameritaron su experiencia y educación.

Los presidentes de las cortes habían sido protagonistas de los más relevantes episodios del acontecer nacional. Gloria Ortiz, quien fue socia del exfiscal Montealegre, en su bufete de abogados, ha sido activista en temas de género.

El magistrado García hizo parte de la decisión de no capturar a Jesús Santrich, lo cual justificó en la defensa de sus derechos y terminó con la fuga del exguerrillero del “quizás, quizás, quizás”.

La magistrada Bermúdez profirió la controversial medida cautelar en la cual se afirmaba que en la campaña del No, en el plebiscito del proceso de paz, hubo un “engaño generalizado”, por lo que fue recusada.

Alexander Vega tiene su propia historia. Fue acusado en 2010, por el senador Andrés Guerra, de ser el mensajero del entonces magistrado del CNE, Marco Emilio Hincapié, para solicitarle 1.200 millones de pesos con el fin de devolverle su curul al senado, investigación que no prosperó, pero en cuya acusación se mantiene el congresista. Una vez nombrado registrador, Vega reemplazó, de acuerdo con versiones periodísticas, a más de 300 funcionarios claves de la institución con el fin de darle cupo a políticos.

De acuerdo con Camilo Enciso, director del Instituto Anticorrupción, hay evidencias de sobra que advierten que el proceso de elección del registrador realizado por los presidentes de las cortes en el SECOP, estuvo enmarcado en una chambonería jurídica, omisión y una clara negligencia.

La presencia de Vega en la Registraduría culminó en escándalo en las últimas elecciones legislativas. La falta de capacitación de los jurados, el tardío acceso al software de preconteo a los medios informativos y la diferencia de más del 7 % entre los resultados de las elecciones inicialmente estimados y el resultado definitivo, hablan muy mal de la gestión de la entidad, que nunca había estado expuesta a este tipo de inconsistencias electorales.

Las cosas no pintan mejor para la primera vuelta presidencial, que procederá el próximo 29 de mayo. Para empezar, los jurados de votación están mayoritariamente con la Colombia Humana con 23.384 jurados, mientras al Partido Liberal le correspondieron 2.582, al Centro Democrático 1.798, al Partido Conservador 6.371, al partido de la U 4.797 y a Cambio Radical 3.580.

Adicionalmente, la presencia de grupos al margen de la ley, que han manifestado sus preferencias electorales abiertamente en favor de un candidato, genera que en muchas regiones los votantes estén constreñidos a votar por un candidato diferente al de su parecer.

Con una institucionalidad débil y procesos complejos, es importante que los partidos políticos hagan presencia efectiva en las mesas de votación para garantizar un conteo imparcial de los votos. Una eventual falta de compromiso, en este sentido, perjudicará no solo a los candidatos sino principalmente a la democracia. Bienvenidas las veedurías internacionales, pero antes de todo, el desarrollo de un proceso electoral justo depende de que los jurados en las mesas dejen una trazabilidad verificable de los resultados por medios alternos.

Independientemente de quien sea el ganador en primera y segunda vuelta, lo que está de por medio es la credibilidad del proceso electoral, que de terminar socavado, podría desembocar en un país más polarizado y enfrentado.