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Opinión

  • | 2001/07/02 00:00

    La propuesta

    Para un mejor futuro, el nuevo presidente debería encarnar un formidable proyecto ciudadano con fuerza bastante para rescatar el bien público

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DigAmonos la verdad. Gana Serpa y volvemos a Samper. Gana Noemí y seguimos en Pastrana. Gana Uribe y nos vamos a la guerra. Los otros candidatos no tienen opción. O vienen a parar en una de esas tres cosas.

Por supuesto que a todos les molesta el diagnóstico. Serpa no quisiera ser Samper. Noemí quiere ser la antítesis de Pastrana. Uribe piensa que busca la paz. Y los demás creen que son distintos o que pueden ser ellos.

Y sin embargo, encima de las personas y sus buenas intenciones, hay una inercia histórica, una base social y unas condiciones objetivas que los candidatos se limitan a encarnar y los gobernantes a administrar. Con variantes de rostro, estilo y circunstancia, esos son pues los futuros que hoy se ofrecen.

Entre las tres opciones, preferiría yo que se mantenga el rumbo actual, o sea que prefiero a Noemí. Voté por Pastrana y sé que bajo Serpa la situación habría sido aún peor. Con toda su frivolidad, sus pifias y sus amigos serrucheros, Pastrana ha tratado de insertarnos al mundo, de hacer la paz y la reforma política, de sobreaguar la economía y aun de paliar la tragedia social.

Su fracaso redondo es el reflejo terminal de nuestra crisis: el Presidente ya no puede gobernar. Ni éste ni el que siga. Porque el Estado no es soberano sino un actor de más. Un actor, para peor, partido en varios feudos.

Por eso, para un mejor futuro, el nuevo presidente tendría que encarnar un formidable proyecto ciudadano. Un proyecto que invada los feudos del Estado y que le dé al gobierno base social y fuerza histórica bastante para rescatar el bien público del raponazo de los violentos, el de los narcos, el de la DEA, el del serrucho, el del clientelismo, el de los monopolios y el de la burocracia sindicalizada.

Semejante tarea no es siquiera pensable sin la unión de quienes pensamos y actuamos en función del interés público, por encima de diferencias personales o ideológicas secundarias ante la enormidad de la crisis. Y así me atrevo a insistir en que los candidatos independientes se unan y organicen aquella fuerza ciudadana, pensando tanto en las próximas elecciones como en las próximas generaciones.

El proyecto tendría cuatro metas concatenadas. La primera es ganar las elecciones, o sea evitar que Serpa se acabe de colar por entre los independientes divididos. La segunda es llevar una bancada propia al Congreso, para que pueda gobernar el presidente que elijamos. La tercera es poner ese gobierno independiente y fuerte al sencillo servicio del bien público. La cuarta es construir el partido estable y no caudillista que represente al país de adelante, así como los partidos existentes representan al país de atrás.

No digo yo que sea fácil y ni siquiera probable. Digo que Colombia lo necesita para tener al menos un rayo de esperanza. Apelo al dolor de patria y al sentido de responsabilidad que sé que sienten y tienen los señores candidatos para aunar sus esfuerzos en el bien superior. Si existe la voluntad, existirá la manera:

—Manera de definir la candidatura de unión y la división del trabajo, donde hay trabajo noble para todos ellos: presidente, vicepresidente, jefe de bancada en cada Cámara, ministro del Interior, de Defensa, de Relaciones, de Hacienda. La manera puede ser una superencuesta a fines de año, un colegio electoral, unos compromisarios o una consulta adelantada por la Registraduría.

—Manera de aclarar las bases programáticas. Sobre reformas que el presidente podría pactar con la guerrilla. Sobre estrategia militar. Sobre paramilitarismo y derechos humanos. Sobre la droga y el nuevo diálogo con Bush. Sobre reforma política, referendo y Constituyente. Sobre los monopolios. Sobre privatización y descentralización (que son medios y no fines). Sobre la prioridad del gasto social y su eficiencia. Sobre la competitividad y el pacto productivo... Unas pocas ideas claras pero tomadas seriamente.

Me dirán que todo eso es imposible. Pues entonces será más Samper. O más Pastrana. O más guerra.
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