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Opinión

  • | 2006/03/19 00:00

    La Revancha del Voto (Por Rafael Rodríguez Jaraba)

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A partir del domingo 12 de marzo, Colombia empezará a cavar sepultura para las viejas y desgastadas maquinarias políticas que tanto daño le han hecho al país, y que a fuerza de burlar la fe y la confianza pública, han desprestigiado a más no poder, el arte de la política. Por primera vez, en estas elecciones para Senado y Cámara, los colombianos podremos elegir mediante voto preferente.

El advenimiento de esta nueva forma de elegir, constituye un avance trascendente para el fortalecimiento de la democracia colombiana. El voto preferente es una alternativa cierta y promisoria para desterrar las costumbres que envilecieron la democracia y alejaron a muchos ciudadanos del escrutinio de las urnas. Ahora, es posible elegir a los candidatos de nuestras preferencias, y no seguir eligiendo a los candidatos que improcedente y abusivamente nos imponían las maquinarias.

Mediante el voto preferente, elegiremos de manera directa y sin intermediarios a nuestros candidatos, y no a los ungidos por la argucia electorera de descuadernados partidos políticos, que por perder ideas, y ganar antipatías, ya no representan las mayorías ciudadanas.

El voto preferente, es la revancha del voto. Es la recuperación de la capacidad para elegir de manera libre, y ahora, inmune a las componendas de mercaderes de conciencias y de fletadores de turbas de ingenuos o necesitados.

Si bien en Colombia, votar no es obligatorio, el momento que vive el país, lo hace urgente y obligante. La democracia se nutre del voto. Votar es legitimar la vigencia del marco legal civilizado, en el que es posible el disenso, el pluralismo y la diversidad.

Votar es proscribir el uso ilegal de la fuerza y de las armas. Votar es condenar el secuestro, es rechazar la extorsión y el pillaje. Votar es proscribir la intimidación infame a la población civil. Votar es deslegitimar a los violentos, y reprobar su demencial accionar, que lacera y ofenden a la sociedad.

No votar, es permitir que otros decidan por nosotros. Es renunciar a ejercer al derecho de mayor valía. No votar es autoexcluirnos, marginarnos y aislarnos de la sociedad. No votar es jugar al debilitamiento y a la fractura de un sistema, que aunque imperfecto e inacabado, es la mejor alternativa.

El domingo 12 de marzo es la revancha del voto. Es tiempo de volver a las urnas para votar bien. También es tiempo de recordar lo que Montesquieu sentenció: “Solo habrá progreso en aquellas naciones, donde los ciudadanos libremente puedan elegir a su gobernantes, y estos, sean pulcros, preparados, capaces e inteligentes.


RAFAEL RODRIGUEZ-JARABA*

*Consultor Jurídico y Corporativo. Catedrático Universitario.

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