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Opinión

  • | 2003/06/09 00:00

    La 'salvada' del vaso de agua

    ¿Existirá quien tenga la autoridad de decir qué puede entender y qué no un campesino colombiano de los artículos de un referendo?

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Moises fue salvado de las aguas, pero el Ministro del Interior y de Justicia fue salvado por un vaso de agua. (Por cierto: ya está confirmado que no era agua sino jugo de lulo juagado. ¡Qué asco!). A los pocos minutos de ocurrido, la gente se preguntaba jocosamente quién le habría hecho ese favor: el sociólogo de la Nacional debió ser antiguo amigo de

Londoño de las épocas en las que él era obrero de Invercolsa.

Pero si el vaso de agua evitó su caída del Ministerio (que parecía ser aún más inminente después del regaño presidencial), los planes del Congreso de adelantarle una moción de censura lo atornillaron en su cargo. El Presidente ha tomado la decisión de sostenerlo por lo menos hasta julio.

Mientras tanto Londoño, con cada una de sus salidas de agenda, construye un capital político propio que indefectiblemente lo enfila hacia la candidatura presidencial.

Pero eso tiene un costo grande para Uribe. Ya no son pocos los que piensan que las salidas de Londoño tienen que ser secretamente toleradas por el Presidente y que este juego de que Londoño dice alguna embarrada y el Presidente sale corriendo a regañarlo en público es, sencillamente, una táctica de gobierno.

De los invitados a la audiencia de la Corte me impresionaron unos en particular.

El presidente de la Cámara. William Vélez, demostró sólidos conocimientos del derecho público. El profesor Luis Carlos Sáchica, dio en el blanco al suplicarle a la Corte que le soltara las amarras al constituyente primario. Jaime Castro demostró una impresionante claridad en sus conceptos. Y el ex ministro Hernando Yepes habla con tal sustento doctrinario, que escucharlo es un deleite intelectual.

En el que sí voy a detenerme un poco más es en el ex magistrado y actual senador Carlos Gaviria, quien según sondeos, "se robó" el show con su vehemencia y sapiencia.

En una hábil jugada oratoria, arrancó hablando como magistrado, siguió hablando como profesor y terminó hablando como político.

Con cierta tristeza veo que su militancia en el 'polo' democrático lo está haciendo perder su polo a tierra. No de otra manera se explican ciertos de sus argumentos. Por ejemplo, el de afirmar que a un campesino se le puede preguntar en un referendo si está o no de acuerdo con la pena de muerte, pero en cambio es un abuso preguntarle por la cifra repartidora.

Para comenzar, la pena de muerte es uno de los temas más difíciles que le ha tocado resolver a la humanidad. Aún hoy el debate se reabre furiosamente en países como Estados Unidos, donde cada rato aparecen inocentes que fueron o estuvieron a punto de ser ejecutados. Afirmar que un campesino colombiano tiene el discernimiento suficiente para resolver quién es el dueño de la vida o de la muerte, pero en cambio debe impedírsele la posibilidad de que vote por una fórmula matemática cuya única función es repartir unas curules en el Congreso "porque ella es muy complicada" y por consiguiente se está abusando de su libertad para votar, es francamente un contrasentido.

Gaviria se pregunta, como argumento contra la complejidad del referendo: "¿Podrá votar libremente una persona que ignora los efectos de su conducta, de su decisión?". Y yo le respondo: muéstreme al primer campesino colombiano que alguna vez haya votado, por ejemplo por algo tan aparentemente sencillo como es escoger un nombre entre los candidatos a Presidente, con la conciencia absoluta de los efectos de su conducta y de las consecuencias de su decisión. Esa garantía no se la puede dar, senador Gaviria, ni José Fernando Isaza, presidente de la CCA, uno de los hombres más inteligentes de Colombia.

¿Existirá quien tenga la autoridad de decir qué puede entender y qué no un campesino colombiano de los artículos de un referendo? Gaviria dice que no van a entender la cifra repartidora. Pero no faltará quien diga que no van a entender nada, entonces que no los dejemos votar el referendo porque carecen de la libertad de hacerlo. Por este camino del senador Gaviria: o suprimimos el referendo, o vamos derecho al voto calificado. Que no puedan votar sino los colombianos con cierto grado de educación -definir cuál también va a resultar arbitrario- y con un mínimo de ingresos mensuales.

Pero lo que más me preocupa de Gaviria es su afirmación de que el Derecho es el que la Corte Constitucional diga que es. Este es un organismo compuesto por simples mortales al que le queda imposible sostener su infalibilidad. Precisamente uno de los debates más serios que ha suscitado su creación es el de que su excesiva omnipresencia amenaza con romper el equilibrio de los poderes públicos.

Este 'gobierno de los jueces' que defiende Gaviria es peligroso. Cuando conmina a la Corte a "defender lo poco que nos queda de democracia" olvida que a este referendo lo precede una decisión presidencial, una autorización legislativa, actualmente pasa por una revisión judicial, y lo aguarda el voto de la opinión.

Eso es, en su conjunto, lo que es la democracia. Y no la que diga, profesor Carlos Gaviria, la Corte Constitucional que es.
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