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Opinión

  • | 1997/05/19 00:00

    LA TRAMPA

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La candidatura presidencial con más despliegue publicitario en los últimos tiempos es la de Antanas Mockus. No hubo acto oficial de lanzamiento, no hubo ceremonia con discurso ni hubo tampoco distribución de su plataforma electoral. Bastó una frase del ex alcalde de Bogotá para que los medios de comunicación, por su propia cuenta, se encargaran de todo: "Voy a cobrar por las entrevistas para poder financiarme".El revuelo fue total. El gremio de los periodistas se sentó a pensar (!) Unos se han puesto a favor y otros en contra, y por ahí derecho se reabrió el debate sobre la financiación de las campañas políticas. Con un pequeño gesto Mockus demostró que su habilidad en materia de comunicaciones está a leguas de distancia de todos los demás. Esta columna y las muchas otras que han sido escritas sobre el tema, en favor y en contra, son una muestra de la capacidad del buen Antanas para generar ruido. Mockus dice que en su papel de maestro es justo y lícito que sus entrevistas con los medios sean consideradas una manera de ejercer la docencia, ejercicio por el cual debe haber una remuneración. Los medios de comunicación, dice él, se benefician de los servicios educativos del profesor y deben pagar por ello. Además, y haciendo gala de una gran decencia, le deja al buen juicio del entrevistador la decisión de si hubo o no algo de aprendizaje en el proceso, para exonerar al periodista del pago en caso negativo.Lo único que no concuerda con su lógica es que la tarifa que cobra se relaciona con el costo de la publicidad en los medios y no con el promedio de lo que se le paga en Colombia a un maestro por clase dictada, que parece tener más que ver con el asunto. Pero, bueno, hay que reconocer que por esta vía saldría demasiado tumbado.El hecho es que, ya que nos puso a pensar, pensemos. Y pienso que no se le debe pagar a Mockus por las entrevistas. Hago la salvedad de que por su honradez y su manera espartana de vivir, sería el único político colombiano al que me gustaría pagarle por las entrevistas. Pero creo que no es sano hacerlo.La campaña electoral es, por definición, una temporada en la que unos personajes les piden a sus compatriotas que crean en sus respectivos discursos. El resultado de sus gestiones culmina cuando, por unos más y por otros menos, los ciudadanos depositan su voto en las urnas. Es el veredicto. Los periodistas, por nuestra parte, tenemos el encargo social de informar sobre este proceso como observadores imparciales, salvo en los casos en que cada cual hace expresa su parcialidad, si le da la gana hacerlo. Pero el pago a un político por parte de un periodista, como contraprestación por un servicio, es un acto de adhesión a la tesis del candidato sin advertírselo al usuario del medio. Si Mockus pide a sus electores que lo nombren a través del voto como gran maestro de la escuela nacional, por decirlo de alguna manera, al pagar el periodista por sus servicios lo está graduando desde el primer día de clases, y esto es un acto de traición (sin duda involuntario) con los lectores, oyentes o televidentes.Un ejemplo. Es muy probable que si Mockus no hubiera anunciado que cobraría por entrevista SEMANA no lo hubiera entrevistado o, al menos, no le hubiera dado su portada. El encanto periodístico de recoger el reto del ex alcalde era inmenso. Pero estamos ante el hecho de que un candidato presidencial acaba de comprar una portada de una revista de gran influencia, o el espacio que le entreguen a cambio de plata los periodistas que accedan a la entrevista remunerada. El que se trate de un hecho involuntario, tanto por parte de los periodistas como de Mockus, no lo hace menos grave como precedente. Tal vez sin quererlo, Mockus le acaba de poner al periodismo una de las trampas más peligrosas de su historia. Y ni hablar del riesgo que entraña para un político el enfrentarse a un periodista que ha comprado sus palabras desde antes de sacarlas de la boca. Pero si así va a ser toda la campaña de Antanas Mockus, perfecto, porque es mucho más agradable la invitación a la reflexión sobre la base de hechos cumplidos que las promesas lanzadas a gritos desde una tarima de pueblo. Se declara así la apertura formal de la campaña presidencial para el primer período del próximo siglo. Que Dios nos tenga de su mano.
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