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Opinión

  • | 1996/09/09 00:00

    LA TROICA DE SAMPER

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Cómo se sostiene Samper? Esa es la pregunta del millón. Con la cuarta parte de lo que le ha pasado a este Presidente habría sido suficiente para que se extinguieran los dinosaurios, se hundiera la Atlántida, se acabara Troya, se desmoronara el imperio romano, se derrumbara la cortina de hierro. Pero en honor a la verdad, Samper ha logrado sostenerse, por ahora, montando un trípode sobre el cual está apoyando su permanencia en el poder, con tal habilidad, que nos habíamos demorado en descubrirlo. Samper, en definitiva, está gobernando con los sindicatos, con los ricos, y con el Ejército. Si una de estas patas de su andamiaje llegara a rompérsele, estaría en problemas. Pero se ha encargado de hacerles concesiones a los tres sectores para mantenerlos contentos y tranquilos. Y esa ha sido, para mí, la verdadera explicación de que no se haya caído. A los más ricos de los ricos en Colombia los tiene entre chantajeados y mimados. A la vez que les mantiene el statu quo, bajo el entendimiento tácito de que "aquí nos hacemos pasito", los complace selectivamente con ventajas tributarias, medidas proteccionistas, concesiones del Estado y hasta nombrándoles ministros sacados de su entraña. De ahí la pregunta tantas veces hecha, y tan pocas veces contestada: ¿qué están haciendo los más ricos del país para resolver esta crisis? Pues nada. Y por eso ahí está, firme, la primera pata del trípode que sostiene a Samper en el poder. La segunda pata son los sindicatos. El país todavía no se repone, porque no alcanza a comprender, del espectáculo de los ministros de Comunicaciones saliente, Juan Manuel Turbay, y de Gobierno, Horacio Serpa, sentados en la mesa en la que se firmó la convención colectiva de Telecom, por una suma muy superior al 13 por ciento de incremento salarial en el sector oficial que apenas hace dos semanas había anunciado el Ministro de Hacienda. Pero todavía nos faltaba el plato fuerte: el aplazamiento de la privatización de la larga distancia, que hizo evidente que el sindicato de Telecom cogobierna en la toma de decisiones que nada tienen que ver con las condiciones laborales, sino con las políticas estatales en materia de comunicaciones. Antes de este escandaloso arreglo con Telecom le habíamos entregado al sindicato del sector eléctrico 60.000 millones de pesos en reajustes salariales y prebendas. Al de la Caja Agraria 40.000 millones de pesos en un acuerdo salarial que estaba 12.000 millones por encima de lo planeado por su entonces gerente, Carlos Gustavo Cano, que corrió en el proceso con la misma suerte de San Juan Bautista. Con el agravante de que Cano no pudo tampoco poner en práctica su programa de reingeniería de la Caja Agraria, que habría evitado el actual boquete financiero de la entidad que está siendo sufragado, por estrambótico que suene, por Bancoldex. En Ecopetrol no se han atrevido a adelantar la urgente reestructuración sugerida por la firma consultora Booz Allen, por cuenta de lo cual Ecopetrol está muy lejos de ser la empresa descentralizada que supuestamente iba a contribuir a tapar el hueco fiscal del Estado. Firma: la USO. Explicación de todo: el presidente de la CUT está temporalmente ejerciendo como Ministro de Trabajo. Y, finalmente, la última pata del trípode: un Ejército que ostensiblemente se salta el nombre del Presidente de la República cada vez que reafirma su lealtad al Estado, en un hábil giro que permite entender que nuestras Fuerzas Militares son críticas con respecto a la situación del Presidente, así sea dentro de la institucionalidad. Pero Samper sabe que su estabilidad requiere tener más cerca al Ejército, y por eso se ha atrevido a proponer una reforma constitucional tan regresiva que le devuelva a las Fuerzas Militares algunas de las facultades que perdió con la reforma constitucional del 91. El paquete incluye quitarle a la figura de la conmoción interior el límite de tiempo y el control jurisdiccional, lo que prácticamente instituiría nuevamente en Colombia la modalidad del Estado de Sitio y la posibilidad de que éste sea permanente, con todas las atribuciones de matiz dictatorial que ella incluye. Y, al mismo tiempo, también pretende devolverle a los militares funciones judiciales y de juzgamiento contra civiles, que desde la Constitución del 91 solo podían ejercer con respecto a sus propios miembros. Esto abriría la puerta a allanamientos, sanciones, multas, órdenes de captura y otras medidas aplicables por militares que no solo empeorarían la imagen de Colombia ante el mundo en el delicado tema de los derechos humanos, sino que chocan abiertamente con el sentimiento democrático que albergamos por fortuna la mayoría de los colombianos. Samper, en definitiva, era menos peligroso cuando sólo se estaba defendiendo. Que Dios nos ayude ahora que está comenzando a gobernar.
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