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Opinión

  • | 2020/06/30 01:17

    La verdad de la Operación Jaque

    La Operación Jaque fue real y no es la caricatura que documenta Gonzalo Guillén. Esta hazaña debe seguir siendo un enorme motivo de orgullo patrio, es el punto más alto al que ha llegado nuestra inteligencia militar y un referente mundial de estrategia de combate sin armas.

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Por fin pude ver el documental de Gonzalo Guillén: ‘Operación Jaque: una jugada no tan maestra‘, desde hace años lo estaba buscando. Por eso me alegré este domingo, cuando el periodista anunció el fin de la censura (sin explicar de dónde venía) y subió el documental a YouTube. Este era el relato que me faltaba, la última ficha del rompecabezas. Ahora que lo vi, pasé de la intriga a la decepción.  

Los recientes trabajos de Guillén que destaparon la ñeñepolítica y el pasado familiar que la vicepresidenta no quería recordar, lo han puesto en la cresta de la ola periodística en el país. Sus logros profesionales no los voy a cuestionar, ni tampoco su independencia periodística, sin embargo esas virtudes no lo hacen infalible. En este caso, el trabajo de Guillén es especulativo y sus titulares superan por mucho a las evidencias que aporta.

La teoría conspirativa de Guillén y Santiago Villa se resume en que: la operación de inteligencia no existió, Jaque fue un montaje del FBI, Santos y Uribe (de cuando eran amigos), y el éxito no se debe a la astucia de la inteligencia militar sino a unas millonarias recompensas pagadas a alias Cesar y Gafas. Esa es la misma tesis que siempre promovieron las Farc.

El principal error de Gonzalo Guillén es que confunde las inconsistencias en el discurso oficial (que las hubo) con evidencias de confirmación para su tesis. Si Guillén fuera un académico, este sería nombrado como un error de verificación de hipótesis alternas. También, le resta credibilidad a la investigación, que ninguna de las fuentes haya sido un testigo directo de la operación, y que no tenga una prueba determinante para establecer que efectivamente existió el pago. En los testimonios se usan conceptos grises como “al parecer…”, “es posible que…”, “creemos que…”, los cuales no aportan fiabilidad alguna.

La voz principal del documental es la del francés Noel Sanz, quien con Jean Pierre Gontard hicieron parte de las comisiones autorizadas para dialogar con las Farc. Sobre su relato se arma el castillo de naipes del montaje. Quienes ven el documental, no tienen cómo saber que unos meses antes de la operación, el par de europeos habían sido estafados por unos “intermediarios” de las Farc, estos les prometieron a cambio de una buena plática llevar a Ingrid Betancourt a Brasil y entregarla al Gobierno de Sarkozy. Eso se supo por los computadores de Raúl Reyes, donde además quedó en evidencia su doble agenda de negociación, traicionando el mandato otorgado por el Gobierno. Con su credibilidad en el piso, su único aporte a la Operación Jaque fue la de servir de distractor y promotor de la falsa noticia de una operación humanitaria. El dos veces engañado Sanz, es el protagonista que eligió Guillén para contar su versión de la historia.

De regreso a las inconsistencias en el discurso oficial, Guillén no considera que estas fueran programadas desde el inicio. Jaque era una operación de inteligencia en la que había fuentes que proteger y capacidades militares que ocultar. La guerra contra las Farc no se acababa ese día. Los militares de la Citec habían logrado desencriptar los códigos de comunicación radial de las Farc y guardaban la esperanza que aún después de Jaque, pudieran seguir escuchando a los comandantes de la guerrilla.

Es por eso, que cuando el secretariado de las Farc se escudó en la supuesta traición de Cesar, desde el Ministerio de Defensa les siguieron el juego, mandaron mensajes cruzados y fomentaron la duda. Si las Farc de verdad creían que había una recompensa para Cesar y mantenían intactas sus comunicaciones internas, esa sería una doble victoria. Muy pronto ese plan dejo de funcionar, las Farc encontraron la fuga y dejaron de usar el packet-radio, los guerrilleros no mordieron el anzuelo completo, en cambio Guillén sí y doce años después aún no lo suelta.

Hay dos argumentos más en los que se apoya el documental, ambos fácilmente falseables. El primero, son los testimonios de los abogados que afirman haber participado en negociaciones con la embajada de EE.UU. para el pago de recompensas por la entrega de los secuestrados. No dudo que eso haya pasado, fui testigo directo. Con una recompensa de cien millones de dólares sobre la mesa, el desfile de abogados, cazarrecompensas, adivinos, brujos y médiums que ofrecían información sobre los secuestrados era parte de la rutina. De ese delirio por cobrar recompensas, recuerdo la entrevista de un “informante” que aseguraba tener la ubicación precisa de los secuestrados y la de Osama bin Laden.

El sistema de pago de recompensas generó un carrusel de oportunistas, que cuando no lograban sacarle plata a las agencias de inteligencia nuestras, pasaban la calle 26, para intentar revenderlas en la Embajada de EE.UU. y viceversa. Ofrecían de todo, desde los huesos de un secuestrado, pruebas de supervivencia con uñas o mechones de cabello, hasta videos, coordenadas, conjuros y hechizos. Lo concreto, es que de los testimonios recolectados por Guillén no se establece que hubiera una negociación en firme con la embajada, que el pago se hubiera realizado y mucho menos que derivado de esa “negociación” se hubiera montado la Operación Jaque.

El otro argumento es el de la suerte judicial de Gafas o Alexander Farfán. Los testimonios insinúan que el secuestrador no fue extraditado porque esto era parte del pago, aunque es raro que los norteamericanos no hayan incluido a Gafas en el mismo indictment con que se llevaron a Cesar, eso tiene más de una posible explicación. Mi lectura es que pudo haber incidido que Gafas no era un narcotraficante como Cesar y que su rango en la organización guerrillera no era ni siquiera de mando medio, sino un simple cabecilla de comisión, un guerrillero lesionado que había perdido la mayor parte de su visión en un bombardeo en Miraflores. El interés por Gafas debió ser menor para la justicia federal, ya que no tenía ni plata ni información que ofrecer.

Durante un tiempo estuve centrado en la Operación Jaque y lo que ocurrió después, entrevisté por largas horas a la mayoría de sus protagonistas, visité los lugares donde ocurrió y leí todo lo que me encontré sobre el proceso de planeación y ejecución. No sé cuántas veces he visto los videos del rescate, y todavía me emociono hasta las lágrimas al ver los primeros abrazos en libertad de Malagón, Bermeo, Marulanda, Pérez, Betancourt, Flórez, Durán, Rodríguez, Castellanos, Romero, Arteaga, Durán y los tres norteamericanos.

La Operación Jaque fue real y no es la caricatura que documenta Gonzalo Guillén. Esta hazaña debe seguir siendo un enorme motivo de orgullo patrio, es el punto más alto al que ha llegado nuestra inteligencia militar y un referente mundial de estrategia de combate sin armas. De mi parte, todo el honor y toda la gloria a quienes soñaron la libertad de sus hermanos, arriesgaron sus vidas en el intento y han celebrado en silencio su heroica gesta. Cave Pro Patria.

@danielmricov

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