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Opinión

  • | 2020/02/06 12:48

    Lamento general

    Si al presidente Duque, Comandante en Jefe de las Fuerzas Armadas del país, le toca salir a corregir a sus ministros día de por medio gracias a la falta de sintonía con su propio jefe, ¿qué va a hacer con el general Zapateiro? Esto no es una metidita de pata por parte de un militar tropero.

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Ayer temprano, como a muchos periodistas de este país que servimos de corresponsales a diarios en el mundo, redacté con malestar la noticia de la muerte de John Jairo Velásquez Vásquez, alias ‘Popeye’, el sicario de Pablo Escobar, el delincuente que se preciaba de haber matado personalmente a 300 personas.

Se trata del mismo criminal que se inventó la ruleta de un millón por policía asesinado (¿de eso se acordará el general?); el artífice del asesinato de Galán, los ministros Low Murtra y Lara Bonilla; el que armó el tiquete sin regreso para los pasajeros del avión de Avianca, ayudó con la logística del Palacio de Justicia, del secuestro de Andrés Pastrana y de Francisco Santos. Alias ´Popeye’, el mismo al que no le tembló la mano para asesinar y acabar con quien se le atravesara. El que nunca lamentó la muerte de ningún inocente ni tuvo un gesto de humanidad con sus familiares.

Reportar su muerte fue un acelerador mental y emocional que se hizo película a medida que escribía: el asesinato del director de El Espectador, Guillermo Cano, y de muchos colegas de ese diario que en esos años tenebrosos no podían ser identificados como reporteros, abogados o repartidores del diario en Medellín porque ‘Popeye’ les mandaba la moto. Vivíamos acosados por su maldad y obligados a entrenarnos contra sus bombas.

Esos mismos diarios que reportaron en la mañana la muerte del sicario de sicarios –que Caracol televisión tuvo el desatino de novelar en “Alias JJ” hace exactamente tres años- en la tarde hablaban del comandante del Ejército de Colombia, Eduardo Zapateiro, quien lamentó la muerte de Velásquez Vásquez. Tremendo privilegio: muerte natural y condolencias de un general.

Y luego dicen que la moral del ejército se derrumba y la tropa se aletarga o pierde sintonía con el país por cuenta del Acuerdo de Paz, porque se acostumbró a la “baja intensidad”. Es imposible dejar de cuestionar qué entiende por “sintonía con el país” el general. Para sacar la pata, luego echó una retahíla sobre la Doctrina Damasco (¿de dónde sacan esos nombres y justificaciones bíblicas?), que busca la renovación de las FF.AA. de cara al 2030.   

¿A cuenta de qué un general de esta república sale a lamentar la muerte de asesinos? ¿En qué lucha contra el narcotráfico estuvo en 1993? Dijo ayer –para borrar con bota dura la metida de pata de la mañana- que su deber es despertar al ejército para que se afine y salga a combatir al narcotráfico. Lo que logró fue dejarnos a todos con los ojos abiertos y atónitos con tan sentidas condolencias, que los familiares de líderes sociales asesinados, víctimas de sicarios que hoy replican ese negocio de muerte sobre el cual alias ‘Popeye’ construyó fama y fortuna, no recuerdan haber recibido de tan distinguido militar.

Si al presidente Duque, Comandante en Jefe de las Fuerzas Armadas del país, le toca salir a corregir a sus ministros día de por medio gracias a la falta de sintonía con su propio jefe, ¿qué va a hacer con el general Zapateiro? Esto no es una metidita de pata por parte de un militar tropero. Zapateiro ocupa el cargo más alto en su profesión; sus palabras y gestos deberían servir de referentes, de ejemplo.   

Ayer en la mañana seguramente varios políticos y poderosos descansaron en paz con la muerte de John Jairo Velásquez Vásquez, al saber que con él se fueron sus más oscuros secretos. Tal vez muchos sí quedarán enterrados, pero al menos ya sabemos que no todos. 

 

 

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