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Opinión

  • | 2007/04/21 00:00

    Las armas y las letras

    Hay muchos uribistas de pura cepa que defienden el porte de armas, como los gringos de Bush

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Existe un punto en común, aunque no estén relacionadas, en las dos noticias más ruidosas de la semana pasada. Me refiero, claro, a la masacre en Virginia cometida por un estudiante demente, y a la polémica del senador Petro y el uribismo sobre la para-política en Antioquia, y lo buen o mal guerrillero que fue este ex militante del M-19, según la curiosa respuesta del Presidente. En ambos casos, por distantes que sean, hay una discusión sobre el uso de las armas de fuego y la moral.

Declaró el estudiante Cho que iba a matar por motivos morales. Porque el hedonismo de los ricos lo tenía asqueado. En sus delirios escritos, antes de caer en el definitivo amok, mezcló homofobia (la violencia es de machos, la no-violencia de mariquitas), misoginia (veía promiscuidad en los ojos de las mujeres) y martirio (se veía a sí mismo como otro Jesucristo que muere por los más débiles). Locos o no, hagan lo que hagan, los que disparan siempre se justifican y se consideran buenos.

Pero ¿qué tienen que ver las insensateces de un perturbado mental con nuestra discusión doméstica? Ante todo, que también aquí los guerrilleros y los paramilitares se han considerado buenos; creen que luchan con armas de fuego por una causa justa. Petro, en su respuesta a Parodi, justificó el levantamiento armado del M-19: era contra un orden inicuo, contra el estado de sitio, contra las torturas de los militares. Y también los paramilitares justifican todos los días sus masacres: han sido contra el secuestro, la extorsión y el caos creado por la guerrilla. Todos los armados creen tener la moral de su parte.

Y entre los armados ¿quién viene a ser el bueno? Al parecer, el que gana. Eso lo dijo implícitamente el Presidente al declarar que él sí habría sido buen guerrillero, no como el mediocre Petro. Que él sí hubiera sabido usar el fusil (entiéndase matar) en vez de usar la lengua para calumniar. En cambio yo pienso que tal vez sea preferible un guerrillero mentiroso que un guerrillero con buena puntería, como 'Tirofijo'. Es triste que se condene el uso de la palabra, por imprecisa que sea, y se defienda como una virtud el uso preciso de las armas de fuego.

Oigamos lo que dijo Cervantes sobre ellas, en su discurso sobre las armas y las letras: "Bien hayan aquellos benditos siglos que carecieron de la espantable furia de aquestos endemoniados instrumentos de la artillería, a cuyo inventor tengo para mí que en el infierno se le está dando el premio de su diabólica invención, con la cual dio causa que un infame y cobarde brazo quite la vida a un valeroso caballero, y que sin saber cómo o por dónde, en la mitad del coraje y brío que enciende y anima a los valientes pechos, llega una desmandada bala (disparada de quien quizá huyó y se espantó del resplandor que hizo el fuego al disparar de la maldita máquina) y corta y acaba en un instante los pensamientos y vida de quien la merecía gozar luengos siglos".

Sin embargo, veo algo bueno en lo que está pasando aquí, y en las lecciones terribles que nos da el mundo cuando vemos el uso que se hace en todas partes de las armas de fuego. Estamos asistiendo a su definitivo desprestigio. Por muy morales que se consideren los que usan armas (justicieros allá, guerrilleros, paramilitares y militaristas en nuestro caso), hay una conciencia creciente que abomina su uso. No creo que nadie en Colombia gane mucho renombre o gane elecciones declarándose abiertamente guerrillero, paramilitar o armamentista. Las profesiones de matones son una vergüenza.

Hace un siglo, y más todavía hace dos siglos, tenía gran prestigio quien llegaba a las altas posiciones del Estado después de haber disparado sus armas. Eran héroes valientes. Ahora a Petro le desarman sus acusaciones puramente civiles y de palabras, porque alguna vez empuñó las armas. Cuando los paramilitares se meten a hacer política, también se les recuerda que sus manos están manchadas de sangre.

Hay todavía un sector muy cercano a este gobierno que sigue defendiendo el uso de las armas y la idea de que los ciudadanos se armen. Es más, algunos de ellos viven armados. Así vivía la mano derecha del gobernador de Antioquia, Pedro Juan Moreno, y así parece que vive su primer ministro de Gobierno, Fernando Londoño, con el fierro en el bolsillo. Y hay muchos otros uribistas de pura cepa que defienden el porte de armas, como los gringos de Bush. ¿Por qué irán siempre armados? Yo tengo una sospecha: para defenderse de las palabras de los que hablan y escriben. O para asustarlos.

Pero insisto: veo un avance moral en el rechazo creciente que hay aquí, y en todo el mundo, a las armas de fuego. Sólo el Ejército y la Policía -con un férreo control político- deberían poder llevarlas. Y por ese destino trágico de tener que usarlas a veces, se les quita un derecho: no pueden participar en política. Tendrían que ser esas armas oficiales las únicas permitidas. ¿Qué estamos esperando para prohibir el porte legal de cualquier arma? Aquí a los que cogen con armas no amparadas, ni siquiera los meten en la cárcel.
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