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Opinión

  • | 2010/09/06 00:00

    Las negociaciones palestino israelíes: del deseo a la realidad

    El optimismo manifestado por los medios choca con la dura realidad y con los obstáculos estructurales para que se inicien negociaciones entre palestinos e israelíes.

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Presionada por el gobierno de Estados Unidos, la Autoridad Palestina, presidida por Mahmoud Abbas, y el gobierno de Israel, dirigido por el primer ministro Benjamin Netanyahu, reiniciaron conversaciones directas con el objetivo de negociar una salida al conflicto. Después de dos días del encuentro y para diseñar el marco de referencia de las negociaciones, acordaron continuar las mismas el 14 y el 15 de septiembre en Egipto. El optimismo manifestado por los medios choca con la dura realidad y con los obstáculos estructurales para que se inicien dichas negociaciones.

En primer lugar, para la Autoridad Palestina, el retorno de los palestinos expulsados de sus tierras, desde la creación del Estado de Israel en 1948, constituye un derecho inalienable, mientras que para la dirigencia israelí está fuera de toda consideración, ya que aceptarlo implicaría la disolución de la identidad judía del Estado.

En segundo lugar, está Jerusalén Este que los palestinos consideran debe ser la capital de su futuro Estado y que de hecho y por ley (1980) fue anexada y considerada (a pesar de la resolución 478 del Consejo de Seguridad de la ONU) la capital de Israel y en donde se ha adelantado una política de despojo y de judaización.

En tercer lugar está la construcción del muro que pretende separar a las comunidades palestinas de Cisjordania de Israel, cuyos diseño y ejecución constituyen una violación del derecho internacional al anexar territorios que fueron ocupados militarmente durante la guerra de 1967.

En cuarto lugar están las implantaciones o colonias judías en Cisjordania, las cuales han convertido el territorio del futuro Estado Palestino en un queso gruyere al romper la contigüidad del mismo y crear una situación de inseguridad para la población árabe, la cual se ve sujeta al despojo de sus tierras y a las humillaciones y el maltrato de las fuerzas de ocupación con el pretexto de ofrecer seguridad a los colonos judíos.

Este último punto se convierte, en la coyuntura actual, en el detonante que podría llevar al fracaso de la ronda de negociaciones aun antes de que se inicien. La posición del presidente de la autoridad Palestina es clara, a pesar de las presiones que recibe por parte de la administración Obama, si la moratoria que actualmente existe sobre el inicio de nuevas construcciones, la cual termina el próximo 26 de septiembre, no es extendida, la delegación palestina se retirará.

A estos obstáculos estructurales se añaden las condiciones políticas internas en el campo israelí y en el campo palestino. El primer ministro Netanyahu, quien ya debió abandonar el poder en 1999 por la desafección de los partidos ultra ortodoxos -que son quienes apoyan el movimiento de los colonos judíos en los territorios ocupados con el pretexto que éstos constituyen el Israel bíblico- vería nuevamente su permanencia en el poder cuestionada si cediera frente a las exigencias palestinas de detener la construcción de nuevos asentamientos.

Por el lado palestino, las preliminares a las negociaciones han dejado de lado al movimiento Hamas, quien ganó las elecciones legislativas del 2006 y quien legalmente tiene la mayoría en el Parlamento palestino a pesar del ostracismo al que ha sido condenado por Israel y por los principales actores de la comunidad internacional. El aislamiento impuesto no ha logrado cuestionar el poder que Hamas ejerce en la Franja de Gaza y es imposible pensar en una solución definitiva al conflicto palestino-israelí sin integrar este movimiento en algún punto de las negociaciones, previendo que éstas puedan avanzar.
 
*Director de la Maestría de Relaciones Internacionales de la Pontificia Universidad Javeriana.
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