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Opinión

  • | 2004/01/26 00:00

    Las perspectivas electorales en los Estados Unidos

    La semana pasada, con los <i>caucus</i> o reuniones de miembros de del partido demócrata en Iowa y en el discurso anual del presidente sobre el "estado de la unión" empezó el largo proceso para elegir presidente en los Estados Unidos. Sobre el tema escribe Francisco Thoumi, experto en política internacional.

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De aquí en adelante vendrá una serie de elecciones primarias en los estados que llevarán a la elección de un candidato demócrata que se opondrá a George W. Bush en noviembre entrante. Los demócratas esperan tener candidato a principios de marzo, antes de su convención formal, para tener suficiente tiempo para montar una buena campaña contra Bush.

A pesar de que el presidente actual es sin duda muy popular y sería reelegido si las elecciones fueran hoy, esto puede cambiar antes de la elección. Si bien los eventos del 11 de septiembre de 2001 unieron al país detrás del presidente, la guerra en Irak ha reproducido la polarización causada por la última elección presidencial. Esta división no se había visto en la sociedad estadounidense desde la guerra en Vietnam.

La popularidad del presidente Bush ha sido sustentada en el temor al terrorismo y el patriotismo, y la mayoría del electorado apoya su política exterior, pero los Estados Unidos enfrentan problemas estructurales internos muy graves que no están siendo enfrentados. El gran avance tecnológico ha aumentado notablemente los costos de los servicios de salud a los que la ciudadanía considera que tiene derecho. La generación del "baby boom" de la posguerra empezará a jubilarse en pocos años y a demandar más servicios de salud. La red de electricidad del país es obsoleta. Estos y otros factores están poniendo una gran presión sobre el presupuesto y sus proyecciones en el mediano plazo.

Además, la globalización presenta desafíos muy grandes para el país. Durante toda su historia, Estados Unidos ha sido un país en el que la mano de obra ha sido escasa con relación a sus acervos de recursos naturales, capital y tecnología. Esto ha permitido que los salarios de los trabajadores con pocas destrezas hayan sido altos y que sus familias pudieran haber tenido un nivel de vida satisfactorio. La globalización está acabando con la escasez de mano y ha disminuido notablemente la disponibilidad manufacturera en el país. Esto hace que al recuperarse la economía, como está sucediendo, el empleo en manufactura no crezca y las importaciones aumenten, al igual que la desigualdad en la distribución del ingreso, lo que ya está creando tensiones sociales que se acentuarán en el futuro.

A los factores anteriores hay que agregar el enorme déficit fiscal financiado con endeudamiento externo, que ya ha causado una devaluación notable del dólar y que para muchos se debe en parte a la gran disminución de impuestos que ha beneficiado principalmente a los más ricos. Irónicamente, el déficit fiscal del país símbolo del capitalismo mundial está siendo financiado en parte sustancial por la China comunista.

Por todo lo anterior, la política exterior del presidente Bush tiene apoyo popular, pero existe una gran preocupación entre la ciudadanía por sus políticas internas y por la situación macroeconómica. En efecto, si no fuera porque el dólar es la moneda divisa para la mayoría del mundo, lo que hace que la deuda externa de los Estados Unidos esté denominada en su propia moneda, los Estados Unidos ya hubieran tenido que recurrir a un acuerdo de ajuste estructural con el FMI.

En la campaña electoral, el presidente Bush enfatizará en los temas de la seguridad externa y el terrorismo, mientras que el candidato demócrata se concentrará en la agenda interna, que refleja los problemas mencionados. En este momento no es posible predecir quién será el candidato demócrata, pero cualquiera de los tres que obtuvieron más votos en Iowa o el general Clark, que no participó en los caucus, sería un candidato fuerte.

A pesar del apoyo al presidente Bush, el país está dividido de manera muy pareja entre demócratas y republicanos. El resultado de la próxima elección dependerá de muchos factores impredecibles hoy: qué tanto crecerá el empleo, el desarrollo de la guerra en Irak, qué sucederá con la inflación, cuáles serán las actividades terroristas dentro y fuera de los Estados Unidos, los niveles de la tasa de interés y de la bolsa de valores el día de las elecciones, la posibilidad de la captura de Bin Laden, etc.

Lo que sí es cierto es que la campaña electoral será mucho más reñida que lo que la alta tasa de apoyo al presidente actual sugiere, y sea cual fuere el resultado, el presidente electo se enfrentará a un país profundamente dividido, con problemas fiscales estructurales muy graves. La pregunta clave es si quien resulte elegido tendrá la capacidad de enfrentar estos retos.

*Investigador y experto en Estados Unidos.
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