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Opinión

  • | 2019/07/30 19:48

    Estoy viva

    "Una líder en mi lugar. Cedo mi columna en la revista SEMANA al coraje y a la vida. Habla Yirley Velasco." Gonzalo Sánchez G

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Cada día me sorprenden más las exactitudes que poseo. Esas cosas tan valiosas, esos momentos vividos al lado de los seres que más he amado en mi vida. Mi viejo, ese hombre ejemplo de vida, mi orgullo.

 LA VIDA. (Mi historia) nací en El Salado, Bolívar, rodeada de una familia maravillosa, una familia muy unida, mi padre Jaime Velasco, mi madre Edita Garrido, mi hermano, mi hermana…

Crecí rodeada de mucho amor, educada al ritmo de mi padre, con voz de mi madre. Conociendo y poniendo en práctica cada uno de los valores que escuchaba a diario.

Jugaba por las calles de El Salado, mi pueblo hermoso, con la inocencia de una niña. Esa niña que soñaba con estudiar y convertirse en una gran psicóloga. Empecé a crecer física y espiritualmente y con ese crecimiento entendí lo maravilloso y lo grandioso que es el tiempo.

TIEMPO: Era lo que yo amaba cada día, cada espacio, cada compartir.

MI VIDA: Ese ciclo de lucha, de resistencia, cada día amaba más mi ser. Estudiaba, participaba de muchos espacios en la escuela. A mi corta edad, viví de frente lo que nunca pensé que viviría, un desplazamiento por culpa de la violencia que un grupo armado nos impuso. Me tocó dejar mi pueblo y en él se quedaban mis ilusiones, mis esperanzas, mis amores…

Me llevé mi maleta muy pegadita a la de mis padres y mis hermanos. No dejé de pensar ni un segundo en mi pueblito, carajo, pueblito bonito. Volví después de tres meses, meses eternos. Pero volví con mis metas más fuertes, mis ilusiones más vivas. Volví con mi padre, con ese viejito terco, inculcándome los principios más bellos. Agarrándome siempre de la mano.

No te desvíes de tus sueños, no dejes de soñar. Siempre me lo recalcaba. 1997, 1998, 1999, tres años fuertes, llenos de alegría, tristezas y experiencias.

Año 2000, mi edad, 14 años, una chica llena de vida, de alegría y llena de amor familiar. Con un proyecto de vida muy claro. 18 de febrero 2000: Me mataron al lado de mis compañeras y compañeros de lucha, al lado de mis vecinos, de mis amigas, al lado de la señora costurera, al lado del chico que manejaba ese carro azul. Al lado de Eduardo, el que jugaba fútbol con mi hermano. A mí no me pusieron hacer fila como dicen por ahí. Mentiras. A mí me sacaron de la iglesia. Pero ya habían asesinado a mucha gente.

¿PERO CÓMO ASI QUE ME MATARON? ¿Entonces quien está escribiendo estas líneas? Yo sigo VIVA, VIVA, MÁS VIVA que nunca, me mataron solo ese día, ese 18 de febrero de 2000, ese fue uno de los días más oscuro de mi vida. 14 años, muy delgada, con mucho cabello, con una inocencia, pero con actitud fortalecida. Me violaron, me torturaron, me cortaron mi cabello, mi lindo cabello, maquillaron mi rostro, me exigían que me arrodillara. Pero quiénes eran ellos para yo arrodillarme, con mi voz fuerte les dije que solo me arrodillaba ante la presencia de Dios, porque Dios existe.

Jamás se me olvidó la imagen de mi madre suplicándoles a ellos (los paramilitares) que no me hicieran daño. Que no me mataran, esa imagen me hizo más fuerte. Y me aferré más a la vida.

VIDA: ¿Cuál vida? Qué sentido tenía seguir viviendo si ya no tenía mi inocencia, ya no tenía ilusiones, ni las esperanzas, ni las ganas de seguir adelante. Todo, todo quedó ahí en esa casa, en esa cancha y lo peor, yo me sentía tan culpable de todo lo que me había pasado.

2000, 2001, 2002. Yo seguía viva. Seguía respirando, no con las mismas fuerzas. Pero lo seguía haciendo. Pero no le veía sentido a vivir. Llegó la hora de despedirme de todo y de todos. Desperté nuevamente y toqué mi piel, mi boca, mi nariz, yo seguía viva. Esas pastillas solo me dieron vómitos y diarrea, todas esas 40 pastillas de complejo B. ¡Que risa! no MORÍ, un intento fallido. Nuevamente Dios estaba conmigo. Al despertar vi esos ojitos negros y esas manos pequeñas tocando mi cabeza y esa voz que me decía ¡te quiero mucho!, ese era mi papá, a quien no me cansé de pedirle una y mil veces que me perdonara por mi acto de cobardía.

En mis brazos estaba mi pequeña Kate. La vida, mi hija me llenó de fuerzas.  Tomé la decisión de regresarme a mi pueblo. A mi Salado con mi familia. Sentía que en esa ciudad no había espacio para mí.

Y desde entonces empecé a alzar la voz por las mujeres víctimas de violencia sexual, logrando organizar un equipo de mujeres que querían ser escuchadas y es así como nace nuestro equipo MUJERES SEMBRANDO VIDA. Todas víctimas de violencia sexual y yo soy la representante legal. Nuestro objetivo social es apoyar a mujeres víctimas de toda clase de violencia. Acompañamos a 120 mujeres de todas las veredas de El Salado y El Carmen de Bolívar. Todo este trabajo lo hago con el alma.

He sido víctima de muchas amenazas, sin saber de dónde provienen.  En enero de este año se han intensificado, a toda mi familia, mis hijos, mi mamá, mis hermanos, en mi casa de El Salado me dejaron un panfleto con un mensaje muy aterrador en el cual expresaban que me van a matar y que me puede pasar igual o peor que a María del Pilar Hurtado.

Todas estas amenazas lograron intimidarme, hasta el punto de tomar la decisión de abandonar mi pueblito hermoso. Salí con toda mi familia. En estos momentos estoy en otro lugar.  Sigo con mi lucha constante. Sigo trabajando con mujeres. Salgo a veredas con un chaleco antibalas y con un celular que me entregó la UNP. Sigo con muchas ganas de acompañar a muchas mujeres. Le pido a Dios que me deje seguir viviendo, creo en la paz que nace desde nuestros corazones, creo en el perdón.  Y puedo decir en voz alta: ¡Estoy viva!

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