Ventana Modal

Este contenido se reemplaza via ajax por el del html externo.

×

Ventana Modal

Este contenido se reemplaza via ajax por el del html externo.

×

Ventana Modal

Este contenido se reemplaza via ajax por el del html externo.

×

×

Opinión

  • | 2001/07/09 00:00

    Lidiando con dos monstruos

    Ha llegado la hora de aceptar que la paz en medio de la guerra debe negociarse con ambos, así como contra ambos debe haber guerra

COMPARTIR

A quien se le ocurre sostener que el conflicto colombiano sólo tiene una cabeza y no dos, la subversión y las autodefensas?

Pues esta verdad tan de a puño viene siendo equivocadamente empañada por el gobierno. Mientras a la primera le reconoce naturaleza política, a las segundas sólo naturaleza delictiva. Pero la realidad de los acontecimientos ha desbordado la capacidad del Estado colombiano para sostener esta farsa. La de que mientras unos son unos subversivos con el proyecto político de derrocar al Estado, lo que amerita diálogo y proceso de paz, los segundos sólo son unos hampones sin proyecto político alguno que lo único que buscan es tirarse la fiesta con las Farc.

Los recientes cambios en la cúpula de las AUC y las aterradoras consecuencias de que al frente de las autodefensas asuma una línea dura —sí, más dura que la de Castaño—, auguran un empeoramiento de la situación de orden público.

¿Cómo tratar con los paras en Colombia?, se preguntaba la semana pasada un editorial de El Tiempo, a la vez que advertía que aunque pensando con el deseo, los recientes cambios en la cúpula de las AUC podrían llevarnos a concluir que es el principio del fin, lo cierto es que no hay indicios claros de que eso sea así.

Las autodefensas nacieron para combatir a la guerrilla, y punto. De ahí que para la opinión pública cada vez sea menos comprensible que haya simpatía y complicidad del gobierno con la guerrilla, en desarrollo de su estrategia de negociar la paz en medio de la guerra, pero que en cambio ninguna puerta se le abra a unos señores que no es que tengan más derechos que ‘Tirofijo’ y sus hombres, sino por lo menos los mismos, por cuenta de un criterio de simetría que no ha sido aplicado frente a los protagonistas del conflicto colombiano.

Es cierto que Carlos Castaño es un monstruo. No puede decirse algo diferente de quien ordena tasajear niños con motosierras. Pero Manuel Marulanda también es un monstruo, que mata, secuestra, extorsiona, sólo que por estos días está aliado con el gobierno en el marco de un proceso de paz.

Ha llegado la hora de aceptar que la paz en medio de la guerra debe negociarse con ambos, así como contra ambos tiene que haber guerra, bala, Plan Colombia y todas las demás estrategias que surjan en desarrollo del uso legítimo de la fuerza por parte del Estado.

Después de haber reconocido que por lo menos uno de los carros bomba colocados recientemente en Bogotá —el que no explotó— fue de su autoría, unido a su renuncia como jefe militar de las AUC, lo que parece claro es que Castaño está haciendo esfuerzos para no ‘escobarizarse’, sembrando las grandes ciudades de terrorismo y de muerte. Supongo que él sabe que ese camino no conduce sino a que lo maten, al igual que a Pablo Escobar, y que obligar al gobierno a que les ponga bolas a las autodefensas a punta de terrorismo puede conseguir el resultado, pero a costa de echarse encima de manera irreversible a la opinión pública.

A las fuerzas de Castaño, frente a las de Marulanda, les está pasando lo mismo que cuando el Estado perseguía implacablemente al cartel de Medellín: que para atajarlo, resolvió tratar al cartel de Cali como si fuera de mejor familia. La verdad es que tanto Castaño como Marulanda son de pésima familia, y por eso no resulta coherente la falta de simetría en el tratamiento.

Pero esa mentirilla la sostiene el gobierno colombiano por miedo a ‘Tirofijo’, porque las Farc han dejado claramente establecido que no negocian si no se le declara la guerra al paramilitarismo. Y esa mentirilla también la sostiene Estados Unidos, pero no por miedo a ‘Tirofijo’, sino por miedo a las presiones de los grupos de derechos humanos, que han logrado vender internacionalmente la discriminación de que si la atrocidad viene de la guerrilla es menos atroz que si viene del paramilitarismo. Aquí estamos hablando de un mismo nivel de atrocidad: sólo que la que adelanta ‘Tirofijo’ lleva 40 años, mientras que la que protagoniza Castaño lleva 10.

Privadamente todo el mundo acepta en Colombia la eventualidad de que el proceso de paz que se adelanta con las Farc también se adelante, tarde o temprano, con las autodefensas. Pero mientras este día llega es peligroso poner a Castaño y a sus hombres contra la pared.

El proyecto político de las autodefensas, abominable en sus métodos, es innegable en sus objetivos y contundente en su dinámica.

No aguanta, entonces, ni desde el punto de vista teórico, ni práctico, que las fuerzas subversivas que se rebelaron contra el Estado resulten teniendo más méritos políticos que las fuerzas terroristas que se rebelaron contra las fuerzas subversivas que se rebelaron contra el Estado.
¿Tiene algo que decir? Comente

Para comentar este artículo usted debe ser un usuario registrado.

EDICIÓN 1874

PORTADA

La orquesta del Titanic

Para tomar decisiones en el Consejo Nacional Electoral son necesarios 6 de los 9 votos. Cinco de esos votos ya están listos contra la posibilidad de que exista una candidatura viable de centro. La determinación del Consejo Nacional Electoral no será jurídica, sino exclusivamente política.

Les informamos a todos nuestros lectores que el contenido de nuestra revista impresa en nuestro sitio web será exclusivo para suscriptores.

Queremos conocerlo un poco,
cuéntenos acerca de usted:

Maria,

Gracias por registrarse en SEMANA Para finalizar el proceso, por favor valide su correo a través del enlace que enviamos a:

correo@123.com

Maria,

su cuenta aun no ha sido activada para poder leer el contenido de la edición impresa. Por favor valide su correo a través del enlace que enviamos a:

correo@123.com