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Opinión

  • | 2004/03/28 00:00

    Lingüísticamente correcto

    Tengo amigos/as que son destacados/as ministros/as o médicos/as rigurosos/as y por la noche son borrachos/as

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La otra noche, durante uno de esos insomnios pertinaces que padecemos los cuarentones, me dediqué un rato a ese abominable oficio que (mi Dios y Argos desde el más allá me lo perdonen), con terrible neologismo, suele denominarse, en regular inglés y en español bastardo, egosurfing. Ese verbo, que no repito para que no me quemen, consiste en buscarse a sí mismo

por los insospechados vericuetos de Internet, y tal vez pueda traducirse como "navegación ególatra". Uno abre un motor de búsqueda, digita eso que Borges llamaba "el mágico sonido de su nombre", y como por encanto salen listas de archivos en los que ese nombre se menciona.

Ese ejercicio de vanidad (y el que esté libre de culpa que arroje la primera piedra), casi siempre, acaba siendo un baldado de humildad. Encuentra uno reseñas venenosas que amigos del alma publicaron sin decirte en oscuros periódicos de provincia; encuentra actas de bancos en las que se resuelve que te niegan un préstamo porque los poetas (¿de dónde sacarán que todo aquel que escribe, escribe versos?) no tienen dónde caerse muertos; encuentra ensayos furiosos con epítetos malévolos ("intelectual decadente", "apolillado espíritu libresco que desprecia la televisión"); encuentra cartas con la propia firma que uno jamás firmó, y así... ¿Pelearse, desmentir, protestar? Sería inútil. Y además también se hallan cosas de cuño opuesto: caricias, bendiciones, elogios, lambetazos, de todo. Como decía Lichtenberg, el más genial de los aforistas: "En la vida me han hecho tantos elogios inmerecidos, que bien puedo soportar algunas críticas inmerecidas".

Lo que más me sorprendió, en todo caso, fue que me encontré con un artículo en alemán, supuestamente escrito por mí. Yo, claro está, no entendía ni el título ("Berichterstatter eines Familienkriegs"); intenté saber de qué se trataba usando un traductor automático, pero ustedes saben que esos traductores convierten cualquier traducción en un chiste. Así que acudí a un amigo bilingüe, porque para eso, entre otras cosas, están los amigos. Le mandé el recorte a Ricardo Bada, un gaditano que los Castaños buenos han hecho colombiano y que los años de radio volvieron alemán.

Bada me explicó entonces que se trataba de una traducción de un artículo mío difundido por una nueva agencia de noticias latinoamericana. Y me hizo también una pregunta: "¿Tú escribes con la corrección de género que exigen las feministas?". Claro que no, le contesté, porque es imposible escribir así. Si uno empieza, tendría que ser consecuente mil veces en cada página, y la escritura se volvería eterna, con el gravísimo añadido de una explosión demográfica de rayas oblicuas (////), seguidas de una 'o' o de una 'a', para aclarar que alguien puede ser hombre o mujer. La página se ensucia y se entiende peor. Pero, cosa curiosa, parece que en alemán yo escribo como Florence Thomas.

Ya que no pude entender mi artículo en alemán, lo que sí hice (para ocupar el insomnio) fue intentar pasar algún párrafo mío en español, pero traducido a la lengua de la "corrección de género", es decir, a ese nuevo idioma en el que el género gramatical masculino no englobe también al femenino. Mi fragmento de artículo original era el siguiente:

"Tengo muchos amigos que, aunque en la vida diurna son destacados ministros o médicos rigurosos, por la noche se vuelven tan borrachos que cuando van a un bar le piden a algún mesero somnoliento que los acompañe al baño, pues ellos están tan caídos de la perra que no son capaces de llegar por sí mismos hasta allí. Estos amigos míos, casi todos casados, vuelven tarde a sus casas cuando ya sus esposas están dormidas". Cuando yo escribí lo anterior estaba pensando sobre todo en amigos hombres, pero no estaba excluyendo de mi mente a algunas mujeres. Así que para escribir un texto correcto lingüísticamente, tendría que haberlo redactado así:

"Tengo muchos/as amigos/as que, aunque en la vida diurna son destacados/as ministros/as o médicos/as rigurosos/as, por la noche se vuelven tan borrachos/as que cuando van a un bar le piden a algún/una mesero/a somnoliento/a, que los/as acompañe al baño, pues ellos/as están tan caídos/as de la perra (aquí dudé si poner también perro, pero no) que no son capaces de llegar por sí mismos/as hasta allí. Estos/as amigos/as míos/as, casi todos/as casados/as, vuelven tarde a sus casas, cuando ya sus esposas/os están dormidas/os".

No tengo mucho espacio para dar otro ejemplo de cómo debemos escribir con corrección de género, pero sé que según la última propuesta que hacen los correctos, el párrafo modelo quedaría así: "Tengo much@s amig@s que, aunque en su vida diurna son destacad@s ministr@s o médic@s riguros@s...". Y con este signito informático de una 'a' dentro de una 'o' (nosotros le decimos "arroba") parece que el problema se resuelve. En fin, que l@s lector@s (¿lectoros?) escriban como ell@s quieran. Yo creo que seguiré con el método tradicional. Está amaneciendo, el internauta intentará dormir.
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