Ventana Modal

Este contenido se reemplaza via ajax por el del html externo.

×

Ventana Modal

Este contenido se reemplaza via ajax por el del html externo.

×

Ventana Modal

Este contenido se reemplaza via ajax por el del html externo.

×

×

Ventana Modal

Este contenido se reemplaza via ajax por el del html externo.

×

Opinión

  • | 2019/01/21 01:07

    Faltan muchos muertos todavía

    Dice Williams que las guerras por lo general se desatan por la necesidad de responder a una ofensa con otra ofensa mayor, y se acaban cuando las partes se dan cuenta de que si siguen en esas van a terminar todos muertos y se sientan a negociar.

COMPARTIR

Hace unos años vino a Colombia Jodi Williams, premio nobel de paz de 1997, a dar una conferencia sobre su visión del país y del proceso de diálogos que entonces se adelantaba entre el Estado y la ahora desmovilizada guerrilla de las Farc.

Al terminar la conferencia, tuve la fortuna de sentarme un par de horas a almorzar con ella y me di a la tarea de interrogarla sobre todo lo que se me viniera a la cabeza. Tenía claro que la oportunidad de un espacio de charla con una mujer de ese calibre no llega todos los días. Así las cosas, la bombardee con preguntas hasta quedarme sin tema. Hablamos del conflicto, de las distintas guerrillas, de la situación en Siria, de Rusia, de la contienda entre Trump y Hillary, de Israel, de Palestina, de los ataques con drones, de su cruzada contra las minas antipersonal y hasta de la entrevista en la que dijo que Clinton era un pendejo.

Ya hacia el final de la charla, se me dio por hacerle una pregunta de esas que le hacen a las candidatas a Miss Universo. Bueno Jodi, después de hablar de tanto conflicto quisiera saber, apelando más a la utopía que a la realidad, si se ha imaginado una estrategia que lleve a conseguir la paz en el mundo. Su respuesta jamás se me va a olvidar y hoy, en estos días turbulentos que atraviesa el país, la tengo más presente que nunca. Pues mira, la verdad es que si he pensado en una fórmula: la salida para poder vivir en un mundo sin guerras sería inventarse una pastilla que acabe con la testosterona y que todos los hombres se la tomen.

Algo confundido, le pedí que desarrollara un poco más esa idea. No entendía bien a que se refería la premio nobel. Acto seguido me explicó que, a su manera de ver, es esa la causa de todos los conflictos. Dice Williams que las guerras por lo general se desatan por la necesidad de responder a una ofensa con otra ofensa mayor, y se acaban cuando las partes se dan cuenta de que si siguen en esas van a terminar todos muertos y se sientan a negociar. Según ella, ese deseo de venganza, de imponerse y de saberse más fuerte y poderoso que el adversario, tiene su origen en esa hormona masculina.

Recuerdo hoy esa conversación pues, tristemente, el atentado cobarde y criminal del ELN contra nuestros policías nos hará, de manera inevitable, entrar de nuevo en el círculo de la violencia y de la venganza. En la dinámica del ojo por ojo. Por más vueltas que le he dado al asunto, aun no consigo entender en qué estaban pensando los miembros de esa guerrilla cuando planearon el atentado. No se trató solamente de un acto inhumano, cruel, estúpido y sanguinario, sino del sablazo final que hacía falta para acabar con la esperanza de una Colombia en paz.

En este escenario, la única salida lógica que le quedaba al gobierno era la de pararse de la mesa y reactivar las órdenes de captura contra los jefes de una guerrilla que no solo no quiso mostrar un solo gesto de paz, sino que ha dejado claro que no es más que una organización criminal que quiere joder y asesinar a nuestros compatriotas. Así negociar es imposible. Eso nadie lo discute. Como tampoco nadie discute el hecho de que el Estado debe hacer todo lo que en sus manos esté para combatir y llevar ante la justicia a los autores de este cobarde crimen. Hasta aquí todo es triste, desesperanzador, y a la vez razonable. La puerta de la negociación hoy está cerrada.

No hay ambiente ni disposición en las partes para sentarse a hablar de paz. Esa es la triste realidad. Estamos entonces ante la inminencia de una confrontación militar. Ese camino tampoco es fácil y ahí tampoco hay esperanza. Distinto a lo que afirmó el Ministro de Defensa, mis fuentes en el ejército sostienen que derrotar militarmente al ELN es prácticamente imposible. Ese es un hecho que salta a la vista para cualquiera que medio conozca la dinámica de esa organización.

Los elenos, distinto a lo que pasaba con las Farc, están camuflados entre la población, casi no tienen campamentos, se visten de civil y son muy difíciles de detectar. Es perfectamente posible que en los pueblos el líder del ELN sea el tendero, el señor de la droguería, o el maestro de la escuela. No podemos ahora ponernos a bombardear las plazas en los municipios.

Esa imposibilidad de derrotar al enemigo por la vía militar, es un aspecto fundamental para entender las profundas implicaciones que a futuro puede tener la torpe decisión del gobierno de pedirle a Cuba que no respete los protocolos de rompimiento previamente establecidos.

Respetar los protocolos es fundamental para poder volver a sentarse con esa guerrilla en el futuro. Esas medidas se toman justamente para garantizar las vidas de dos enemigos que se sientan en una mesa de diálogo mientras sus tropas se matan entre sí. Si no se cumplen los protocolos quedará cerrada la puerta de la paz para siempre. Nadie se sentirá tranquilo de abrir un diálogo con el gobierno colombiano.

Sonará extraño que hable hoy de la posibilidad de sentarse a dialogar con el ELN. Entiendo que así sea. Lo cierto es que en esta coyuntura, para volver a hablar de paz, nos faltan muchos muertos todavía. Falta que el ELN ponga otra bomba para demostrar que sigue teniendo capacidad de daño, falta que el gobierno luego mate a varios líderes del ELN para responder a esa bomba, y que para contestar a eso la guerrilla asesine a cientos de militares, y que luego el Estado mate a los guerrilleros que ordenaron esa ataque, y así sucesivamente.

Y en esas nos la pasaremos los próximos años, queridos lectores. Ellos nos matan a uno, nosotros les matamos a dos. Ellos nos matan a tres, y nosotros les matamos a cuatro. El tema es que dentro de unos años, y dentro de quién sabe cuántos muertos, el ELN se dará cuenta de que no tiene ninguna posibilidad de tomarse el poder, y el Estado, así mismo, se dará cuenta de que no tiene ninguna posibilidad de derrotar al ELN. Entonces, para ese momento en el que, como me dijo Jodi Williams, las partes entiendan de que la única salida es negociar, será fundamental que exista el precedente de que el Estado colombiano respeta y cumple su palabra.

Queda entonces terminar con la frase que el antiguo jefe de las Farc, Alfonso Cano, pronunció hace 27 años a terminarse los diálogos en Tlaxcala: ¨Nos vemos dentro de 10.000 muertos¨…

En Twitter: @federicogomezla

¿Tiene algo que decir? Comente

Para comentar este artículo usted debe ser un usuario registrado.

EDICIÓN 1979

PORTADA

SOS a la economía

La crisis del coronavirus tiene a la economía colombiana en emergencia. Se requiere pensar en fórmulas rápidas y drásticas para evitar un colapso. ¿Cuáles son las opciones?

05

Queremos conocerlo un poco,
cuéntenos acerca de usted:

Maria,

Gracias por registrarse en SEMANA Para finalizar el proceso, por favor valide su correo a través del enlace que enviamos a:

correo@123.com

Maria,

su cuenta aun no ha sido activada para poder leer el contenido de la edición impresa. Por favor valide su correo a través del enlace que enviamos a:

correo@123.com

Para verificar su suscripción, por favor ingrese la siguiente información:

O
Ed. 1979

¿No tiene suscripción? ¡Adquiérala ya!

Su código de suscripción no se encuentra activo.