opinión

FELIPE LOPEZ
Felipe López - Foto: JUAN CARLOS SIERRA PARDO

Lobo con piel de Lobo

Petro es un populista de izquierda, elocuente, pseudointelectual y sofista. Hernández es un populista de derecha, elemental, ramplón y folclórico.


Por: Felipe López Caballero - Columnista invitado para esta edición

Los dos candidatos que hoy son tema de conversación en el mundo político no podrían ser más diferentes. Petro es un populista de izquierda, elocuente, pseudointelectual y sofista. Hernández es un populista de derecha, elemental, ramplón y folclórico.

El candidato del Pacto Histórico tiene propuestas concretas sobre prácticamente todos los problemas del país. Deja la impresión de que estas son el producto de un profundo estudio y de un gran conocimiento del Estado. El problema es que si bien la mitad de sus propuestas son vanguardistas y sensatas, la otra mitad no solo son absurdas, sino peligrosas. Sin embargo, tanto las unas como las otras suenan convincentes dada la impresionante capacidad de comunicación que él tiene.

Todos los que han trabajado con Petro coinciden en tres cosas: que es muy inteligente, pésimo administrador y que tiene una personalidad muy compleja con visos de autoritarismo. Como lo de la inteligencia no se discute, sorprende su indiferencia frente a las consecuencias económicas de algunas de sus propuestas. Hasta ahora, las más notorias han sido: no más nuevas licencias para la exploración de hidrocarburos; pasar el dinero de las pensiones que está en los fondos de ahorro privado al Estado; reemplazar las EPS por médicos domiciliarios; jugar con la independencia del Banco de la República; emitir billetes para financiar los programas sociales; subir violentamente los impuestos y ponerles aranceles a algunos productos agrícolas e industriales.

Si de algo no se puede acusar a Petro es de no ser claro sobre sus intenciones. Él no es un lobo con piel de oveja, sino un lobo con piel de lobo. De ponerse en práctica la totalidad de sus iniciativas, podría venirse abajo la frágil estantería macroeconómica e institucional del país. El resultado sería una fuga de capitales, un déficit gigantesco, un desorden en salud, un caos en pensiones y la posibilidad de una inflación desbocada. Con su anuncio de que el día después de su posesión invocaría la emergencia económica, la mayoría de esas propuestas podrían ser realidad en los primeros 90 días de gobierno, aunque el Congreso y la Corte podrían ponerle palos en la rueda.

Petro con su conocimiento del Estado tiene teorías y estadísticas sobre cualquier asunto público. Rodolfo Hernández, por su parte, tiene solo un tema: “Acabar con la robadera”. El exalcalde de Bucaramanga es el único fenómeno electoral que ha aparecido en estas elecciones. Su grito de batalla, de “fuete a los bandidos”, es lo que lo ha catapultado a la posibilidad de pasar a la segunda vuelta. De vez en cuando menciona otras ideas, pero estas pasan inadvertidas frente a su papel de gladiador contra la corrupción.

Hernández, quien en una ocasión elogió a Hitler, parece estar siguiendo al pie de la letra los conceptos del Führer sobre propaganda política contenidos en Mein Kampf (Mi lucha): definir un solo enemigo, no desviarse nunca de ese objetivo y martillar esa causa en forma incesante. Uno pensaría que la razón por la cual se lanzó a la presidencia, siendo un desconocido a nivel nacional, es porque esa misma fórmula aplicada a nivel regional lo llevó a la alcaldía de Bucaramanga cuando nadie creía eso posible.

Así como Petro tiene un conocimiento real de los temas de Estado, Hernández en esa materia es un ignorante. Sin embargo, nada de eso les importa a sus seguidores. Él es el verdadero outsider, y los outsiders por definición no tienen que dominar esos asuntos, porque no son parte de la rosca. Es también el Trump colombiano: el hombre de negocios exitoso que nunca tendrá que robar porque es multimillonario. En una elección en la que todos los políticos se disfrazan de antipolíticos, él es antipolítico de verdad. Su estilo puede ser primario y hasta vulgar, pero también auténtico y espontáneo. Eso en estas elecciones ha gustado más que el de los candidatos libreteados y llenos de lugares comunes.

Hoy no parece imposible que los dos candidatos populistas lleguen a quedar enfrentados en la segunda vuelta. Petro la tiene asegurada, principalmente por la frustración con el sistema que sienten hoy la mayoría de los colombianos. Hernández, a pesar de no tener la maquinaria para convertir la intención de voto en resultados en las urnas, se ha escapado del pelotón en la última semana. Su cuento de que su único aliado es el pueblo y su rechazo a todo lo que tenga que ver con los partidos tradicionales son su fortaleza, pero al mismo tiempo su vulnerabilidad. La cosa no le va a quedar fácil. Hay que reconocerle, sin embargo, que logró el milagro de amenizar una de las elecciones más melancólicas de la historia reciente.