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Opinión

  • | 2000/05/29 00:00

    Los continentes del teatro

    ¡No moriré mientras los actores respiren, miren, sueñen, imaginen y sean poetas del mundo del horror, de la esperanza y de la felicidad!

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Las nociones de diferencia, cruces insólitos, teatro esencial, clásicos y demarcaciones, conformaron los continentes escénicos durante los 21 días del Festival Iberoamericano de Teatro en Bogotá·. Toda clase de géneros y de estilos asomaron por los distintos escenarios para satisfacción del público y posibilitar un viaje inusual por las expresiones que hoy conforman el paisaje teatral del mundo. El teatro convoca a sus demonios y ·ángeles en la arena de los géneros para mostrar las fatalidades y grandezas de los seres humanos, y los actos de interpretación de los admirables creadores de cábalas, sentimientos, olvidos y memorias. El teatro clásico llegó al Festival por tres caminos. El tradicional, concentrado en la significación de la palabra y en la teatralidad seria y respetuosa. Las variaciones con respeto por el texto esencial, y la representación que se toma licencias de tiempo y espacio para esparcir la creatividad por diversos sonidos, movimientos y actos escénicos que muestran un decidido espíritu creador capaz de acendrar la vigencia de los maestros eternos. Esta tendencia, muy marcada desde finales de la década del ochenta, abrió para el teatro la puerta donde habita el signo plural de los lenguajes. El riesgo de interpretar los clásicos se basa en la incansable búsqueda de las articulaciones y la puesta en marcha del mecanismo de la innovación, las variaciones y las nuevas lecturas del arte de fin de siglo aplicadas al teatro. Otra vez la literatura, su alma guerrera y la amistad con el conflicto y lo teatral se aproxima al escenario. Yukio Mishima, Alejo Carpentier, Chu Yuang, Chejov, Berkoff, Joyce y mucho otros, contaminaron con sus sentidos universales las nuevas corrientes dramáticas. Los vasos comunicantes que forman el arte suelen jugar en diferentes Épocas a encontrarse para enriquecerse o cambiar de horizonte. Es la fisiología de la significación, con el aporte del teatro, lo que permite que se guíen el ojo Joyce y Guarini, Don Quijote y Herrendorf, Cervantes y GarcÌa, y el excepcional Rimas Tumina con la sensibilidad magnífica de Mikhail Lermontov. Son los senderos que se bifurcan para darse la mano más adelante al asumir, cada uno de ellos, el valor del texto, del movimiento, el silencio y la contemplación del drama humano. La emoción y la imaginación , en estos casos, son las encargadas de compaginar lo aparentemente distinto. Es la cultura de final de siglo que le exige al teatro otras alternativas, nuevas síntesis y arreglos complejos con los lenguajes. La danza, ciudadana notable del teatro de fin de siglo ya ocupa lugar destacado. De cenicienta a princesa, busca con afán cimentar su espacio para habitar a sus anchas dentro del escenario de las formas teatrales actuales. Se afirma el mundo íntimo desde el movimiento, el horror del Holocausto, la quietud de los orientales, el cuerpo convertido en técnica de los bailarines de Taiwan, las rupturas en la coreografía de Susanne Linke, y la compleja revolución de un escenógrafo categórico como es Jan Fabre. No se puede pasar por alto la plástica de la lentitud de la danza Butho que Ushio Amagatsu le regaló al público. Fue la ceremonia de la reconciliación con el cuerpo, un efecto de profunda comunicación con el espíritu. Otra vez, algunas tendencias del arte guardan para todos una advertencia: el espíritu también alimenta la existencia. América Latina en cada una de sus obras muestra un estado de febril agitación creativa que está emparentada con la realidad del tormento político y las prohibiciones ancestrales. La música popular es un componente destacado, la comicidad nacida de la entraña misma del dolor colabora para reiterar el absurdo y la grandeza. Además, se afianzan los estilos de dramaturgia plural en la que texto y puesta en escena se caracterizan por la exploración de atmósferas y ritmos muy propios de la multiculturalidad. Las influencias dramáticas adaptadas de las grandes teorías teatrales y una lectura cada vez m·s compleja de las realidades barrocas y contradictorias muestran el vigor adquirido por las compañías teatrales del continente. El teatro de muñecos y de calle ha dejado atrás sus peculiares modelos y pone a prueba la validez de sus montajes por medio de un proceso de experimentación que se comunica de forma asombrosa con los espacios y el público. Así pues, un festival habitado por los continentes teatrales en el que se vio la pureza de los montajes, actores medidos y naturalistas, realistas y absurdos. Dramaturgias evocativas de los grandes maestros con elementos modernos, saltos cualitativos en la puesta en escena pero, sobre todo, la victoria de las artes escénicas sobre todos cuantos se apresuraron a decretar, hace pocos años, su desaparición de cara al monstruoso ejército de las tecnologías mediáticas y electrónicas: ¡No moriré mientras los actores respiren, miren, sueñen, imaginen y sean poetas del mundo del horror, de la esperanza y de la felicidad!
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