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Opinión

  • | 1998/03/09 00:00

    LOS FRESCOS DEL VATICANO

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Estaban ricos los calamares. Pero es hora de retomar el oficio, en otra orilla, por razones conocidas. La ciudad de Roma en invierno, aunque el periplo presidencial ha concluido. Veo al presidente Samper en el Vaticano, al lado del Papa. El Papa es santo y el aura que de él emana santifica. El propio Fidel se sintió niño bueno al lado del Pontífice y rememoró sus años escolares, en el Colegio Belén de La Habana, cuando era el único de los pequeños estudiantes que se daba cuenta de que allí no había cabida para los niños negros. Samper ha viajado tras la prueba reina de su inocencia: una foto con el Papa.Entre arcadas románicas y guardias suizos, apostados como pilares, ha hecho su entrada la comitiva del elefante. Está Aníbal ad portas _quien también llegó con elefantes_, y creo ver a monseñor Melguizo, el prelado del Palacio de Nariño, al propio nuncio apostólico, señor Romeo, a la primera dama, doña Jacquin, sin que falten María Emma y el embajador Turbay y Juan Mesa. Esas arcadas y las logias de Rafael han visto pasar de todo, a través de los siglos. Físicamente tragan entero, como si engulleran calamares. Calamares y alamares. La diplomacia es así, llena de contradicciones y por eso no hay que ofuscarse, sino analizarla con toda su liviandad de ser. Por si fuera poco, el Papa es paciente; el Papa es universal y de esta manera acoge al lejano Presidente colombiano, con elefante y todo, como podría hacerlo con un sultán.
Debidamente el nuncio Romeo le ha implementado la invitación papal al Presidente de Colombia, asegurando el aforismo: de Roma viene lo que a Roma va. Y la nunciatura, que es oficina diplomática, estuvo obligada por la reciprocité de honores y condecoraciones recibidos, a su turno, del gobierno de Colombia. Queda sumisa y en entredicho la condena del arzobispo primado al mismo Gobierno, como quedó aplazada la púrpura cardenalicia para la sede de Bogotá, con tal de no ofender al Presidente, al que tal vez se otorgue, además, la Orden Piana al mérito electoral.Voy a emplear elementos de una descripción oral (vaya) que le escuché, en alguna ocasión, a García Márquez, en relación con una visita suya al Vaticano. De este lado, Samper, Jacquin, María Emma, los señores Melguizo y Romeo y otros miembros de la comitiva. Reluce el mármol del piso y el de las columnas jaspeadas. Al fondo, una puerta de madera nobilísima y tallas profundas, la cual permanece cerrada. Hay una distancia entre la comitiva y la puerta. De golpe, ésta se abre y ¡suás! cae un rayo de sol, que ilumina la sotana, de tono más beige que blanco, del Santo Padre. Parecerían efectos especiales del Espíritu Santo. Muchos monseñores no identificables _aunque se puede reconocer por sus espectaculares gafas a los dos cardenales colombianos_ rodean la excelsa figura, adornada por la vejez y la enfermedad.Samper, descomplicado, con una mano entre su bolsillo izquierdo, impecable en azul grisoso, camisa azul pastrana y corbata fucsia (de estrellitas doradas), saluda con su mano derecha, en gesto de limpiabrisas; a su lado, Jacquin, envelada de negro, sastre chanel morado, botones Zapata y encintado negro, esboza una sonrisa que destapa su bonita dentadura superior. La comitiva en actitud orante. Por fin, el Papa, aleccionado por monseñor Dell' Acqua, o por su correspondiente de hoy, reconoce la presencia de nuestro jefe de Estado, abriendo un ojo y haciendo avanzar dos pasos sus zapatillas rojas. Con el bastón insinúa que pueden acercarse, e inmediatamente después un eclesiástico violeta hace dividir la comitiva, dejando solo a Samper, quien se dirige a una audiencia especial.
En el escritorio y frente a frente, el anciano y el todavía joven Presidente no encuentran mucho de qué hablar. Samper se moja los labios y el Papa levanta la cabeza queriendo interpretar el silencio. Al fin, el procardenal Castrillón, olvidado del voto en blanco, recuerda que ambos fueron víctimas de sendos atentados a bala. El del Papa, que mermó mucho su vigoroso estado físico y el de Samper, que amerita revisiones periódicas para devolver turnos presidenciales. Se puede decir que le quedaron palomitas en el estómago. Dos palabras más sobre la 'guerilia' y la 'pache', el narcotráfico, el neoliberalismo y el concordato que no respetó el Estado colombiano, en tiempos del presidente Gaviria. "Qué vaina", ha contestado Samper, pero el Pontífice no ha entendido el giro, Fidel lo llamó "Santidad"; Samper lo ha tratado de "usted".De nuevo reunidos en el salón donde esperaba la comitiva, el mismo donde lloró Nancy Reagan al escuchar el himno americano, Samper, rojizo, se abraza con una lagrimeante Jacquin y son todos invitados a visitar las estancias y museos, así como la Capilla Sixtina, restaurada. En este lugar, Samper no ha tenido empacho en quitarse el saco y acostarse sobre sus muy capaces espaldas para observar los frescos de Miguel Angel, mientras otras muchas personas, y monseñores a porrillo, lo observan con extrañeza, a él y a los suyos, cansados como están de mirar los otros frescos vaticanos.
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