Ventana Modal

Este contenido se reemplaza via ajax por el del html externo.

×

Ventana Modal

Este contenido se reemplaza via ajax por el del html externo.

×

Ventana Modal

Este contenido se reemplaza via ajax por el del html externo.

×

×

Opinión

  • | 1996/12/16 00:00

    LOS PATRULLEROS

COMPARTIR

Al comienzo el asunto parecía ser apenas una cosa de cocteles. Unos amigos reunidos con cualquier motivo, en sesiones que en forma invariable terminaban en el tema del proceso 8.000, de la campaña electoral de Ernesto Samper y de la corrupción política colombiana.Ahí, las pasiones afloraban con fluidez inofensiva, y los más radicales empezaban con lo que entonces era apenas un juego de mesa: agrupar a la gente entre los que estaban en favor de Samper y los que estaban en contra; entre los que creían que se iba a caer y los que pensaban que no...Tal vez fue en el gremio de los periodistas en el cual este juego se volvió más popular, al punto que se convirtió en una forma ritual de divertirse. Las columnas de chismes de farándula dieron cuenta de estos encuentros, y los dibujaban más como una disculpa para la juerga que otra cosa. Y, al parecer, así era.Más tarde los ánimos se fueron calentando. Para unos, porque salían a la luz pública detalles que demostraban que Samper sabía que había entrado plata de narcos a su campaña; para otros, porque se habían comprometido por escrito con el derrocamiento de Samper a tal punto que sería impresentable una postura menos beligerante.A partir de ahí todo dejó de ser un juego. Los más energúmenos empezaron a invocar lo que llamaron sus certezas íntimas sobre la culpabilidad de Samper, para proponer una campaña moral para la erradicación del mal en la Nación. Ahí la charla empezó a hacerse difícil, pues el diálogo en ese terreno suele involucrar más vísceras que razón.En esa época advertía en esta columna acerca de los peligros de hacer prevalecer las certezas íntimas sobre los procedimientos institucionales, no sólo por lo fascista que tiene en sí mismo el comportamiento, sino por el riesgo de la retaliación de los afectados mediante el mecanismo primario de atender sólo a los latidos de un corazón caliente.Poco a poco el asunto empeoró. El motivo fue, sin duda, el hecho de que el Congreso hubiera decidido ejercer sus mayorías en el juicio al Presidente, mediante mecanismos que dejaban ver muy poco interés por llegar a la verdad.El hecho es que a partir de ese momento ciertos sectores periodísticos se sintieron con el derecho a disparar para otros lados. Ya no sólo hacia el Presidente o los políticos que pudieran parecerles cercanos a él, sino ahora hacia los propios periodistas. Al principio, hacia todos aquellos que respaldaban en forma abierta al Presidente. No fueron pocos los escritos de colegas radicales descalificando a otros periodistas por defender el oprobioso régimen de Samper, ni faltaron las insinuaciones de que semejante actitud pisaba los terrenos del encubrimiento o la propia complicidad.Pero eso no ha sido todo. El espectro se ha ido ampliando. La última versión de este patrullaje es considerar la neutralidad periodística como una aberración profesional. Para ellos, el manto del estigma no debe cobijar sólo a los incondicionales sino además a los que no son radicales. Linda tesis.Como ocurre con todas las manifestaciones de la justicia privada, los patrulleros de la moral pierden las inhibiciones y pasan a defender sus intereses particulares como si se tratara de asuntos de Estado. Pero este comportamiento, en realidad, cae en el terreno del pudor, que cada cual maneja como le venga en gana.La expedición más reciente de esta liga de la verdad es descalificar a sus colegas, en general, según aspiren o no a licitaciones del Estado. Ahora se atribuyen facultades adivinatorias para decir que las posturas periodísticas (neutrales o no) de los licitantes obedecen a sus necesidades de resultar favorecidos en estas adjudicaciones.Esta presunción arbitraria lo único que demuestra es que ellos, los patrulleros, harían lo mismo que critican ahora, en caso de encontrarse en esa situación. Sólo así se explica el atrevimiento. O lo que es peor: significaría que ya lo hicieron en el pasado para recibir los favores que hoy defienden con tan patriótica energía. Ojalá no sea así, pues muchos creímos que la rudeza de los patrulleros era un asunto de principios, y sería muy profunda nuestra desilusión si llegamos a descubrir que se trataba apenas del pago de deudas viejas.
¿Tiene algo que decir? Comente

Para comentar este artículo usted debe ser un usuario registrado.

EDICIÓN 1888

PORTADA

Petro vs. López Obrador, ¿cuál es la diferencia?

El recién elegido presidente de México, Andrés Manuel López Obrador, ha tenido una carrera muy parecida a la de Gustavo Petro. ¿Por qué uno pudo llegar al poder y el otro no?

Queremos conocerlo un poco,
cuéntenos acerca de usted:

Maria,

Gracias por registrarse en SEMANA Para finalizar el proceso, por favor valide su correo a través del enlace que enviamos a:

correo@123.com

Maria,

su cuenta aun no ha sido activada para poder leer el contenido de la edición impresa. Por favor valide su correo a través del enlace que enviamos a:

correo@123.com

Para verificar su suscripción, por favor ingrese la siguiente información:

O
Ed. 1890

¿No tiene suscripción? ¡Adquiérala ya!

Su código de suscripción no se encuentra activo.