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Opinión

  • | 2002/11/03 00:00

    'Lula', Chávez, Gutiérrez, Uribe y demás

    La apertura acabó con el agro. Por eso Pachakutik tumbó a Mahuad, los quechuas casi eligen a Morales y las Farc crecieron como nunca antes

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Brasil, al filo de la quiebra, escoge a 'Lula'. Duhalde tiene que anticipar las elecciones. Ecuador vacila entre dos populistas sin ideas. Perú se desengaña de Toledo. Venezuela está rota en dos mitades. Bolivia casi tiene un presidente cocalero. En Uruguay puede triunfar la izquierda, aunque el país también esté quebrado.

Parecen hechos sueltos, y sin embargo intuyo que son hilos de una sola tela. La tela de 10 años de euforia y desencanto, cuyo hilo principal viene, claro, de Washington aunque -debo aclararlo- tiene el concurso entre iluso, sumiso, oportunista y miope de nuestros "dirigentes".

Medio iluso y muy miope fue el entusiasmo con aquello de "democracia, mercados y globalización" que inundó el hemisferio hace apenas 10 años. En efecto:

-La "democratización" de América Latina fue demasiado rápida para ser genuina. Así que el fin de los gobiernos militares no se debió a la madurez de nuestras ciudadanías sino a algo más prosaico: muerta la Urss, ya no hacen falta dictadores para extirpar "la amenaza comunista".

-Lo de mercado se quedó en la parte fácil, es decir, en las reformas "de primera generación" (apertura y privatizaciones) cuando lo serio era comenzar por las de "segunda generación", por lo difícil, por las instituciones, la eficiencia, la productividad.

-De modo que a la nueva economía global entramos en reversa: como importadores y como receptores de capital golondrina, no como exportadores de valor agregado o como sede de empresas productivas.

Sin dictador a la vista y con la burbuja de prosperidad que naturalmente implicaba ese tipo de apertura, cada país gozó unos años dorados, los de Cavallo, Salinas y Gaviria, los de constituciones nuevas preñadas de promesas, los de los yuppies, los movimientos cívicos, las minorías indígenas y evangélicas.

Pero vendrían el tequilazo del 95, la crisis asiática del 97 y la de Rusia en el 98, a separar los justos de los glotones. Los tres países donde las cosas se habían hecho al derecho -Chile, Costa Rica y México a la brava- siguieron al paso de la aldea global. Los demás se quedaron con el sistema político abierto y la economía estancada, con movimientos sociales y sin partidos, con derechos constitucionales y sin recursos, con expectativas y sin futuro.

La apertura, como sabemos, acabó primero con la agricultura. Por eso no es raro que los embates más desconcertantes vengan hoy del campo. Los indígenas de Pachakutik tumbaron a Mahuad y dieron el triunfo a Gutiérrez hace dos semanas. Los quechuas del MAS casi eligen a Morales en Bolivia. Toledo ganó a punta de invocar la Pachamama. Y por supuesto las Farc, que son campesinas, crecieron más rápido que nunca antes.

Con la excepción notoria de Colombia, en este Sur de América se están imponiendo movimientos y candidatos que descreen de la ortodoxia económica, el neoliberalismo y la globalización, para reivindicar lo popular, el intervencionismo y el nacionalismo. Es el resultado de tener libertad y movimientos sociales por un lado, pero tener recesión y empobrecimiento por el otro.

Y sin embargo no estamos ante un giro a la izquierda, sino ante populismos sin esperanza, con el de Chávez como ejemplo más cumplido. Y eso que Chávez tiene el campo de maniobra que nace del petróleo.

Otros países tienen aún menos espacio. Por eso 'Lula' se plegó al FMI y propone un "diálogo nacional" para concertar cada reforma con todos los sectores. O por eso Gutiérrez ya está hablando de negociar con el Fondo y liberar los mercados.

Si Colombia fuera como sus vecinos, el presidente sería Serpa y Serpa estaría incumpliendo su programa. Pero en Colombia la guerra silenció la pobreza, y en vez de movimiento o candidato campesino, popular, populista o izquierdista, el "palo" resultó ser el candidato del palo.

Y es porque el hilo que amarra a Colombia con Washington no es el mismo que amarra a los demás países de América Latina: acá el lazo se llama narcoguerra.
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