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Opinión

  • | 2019/11/19 10:34

    Marchar masivamente

    Los países donde el miedo y la ira se han convertido en políticas de Estado e instrumentos de control y dominación se han polarizado y dividido, y han generado un pueblo indignado y fastidiado, tal cual sucede hoy en Colombia.

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Parafraseando a Borges, a los colombianos no nos une el amor sino el espanto. Estos últimos días el gobierno, amenazante, lo ha sacado a pasear a la calle. Y ahí tenemos a Bogotá desde antier militarizada, con lo que han logrado justo el efecto contrario al miedo: espolear a muchos más a marchar masivamente.

El miedo ha sido un instrumento político desde el nacimiento de la política. En Grecia y Roma las élites dominantes ya lo tenían como tal buscando controlar, dominar y movilizar a las masas. Según Quintiliano, “a la mayor parte de los hombres los mueve más el miedo del mal que la esperanza del bien”. Cicerón era tan consciente de que el miedo es un arma poderosa para manipular al pueblo que lo utilizó hábilmente contra la Ley Agraria argumentando que ponía en peligro la identidad de la República, pondría en riesgo el statu quo y limitaría la libertad para el pueblo.

Maquiavelo dedicó un capítulo de El Príncipe al uso del miedo para controlar a la población, concluyendo que para el gobernante es mejor ser temido que amado. Hobbes fue más allá: para él política y miedo son lo mismo. El miedo, dijo, lleva a la sociedad a crear el Leviatán y recibe como respuesta la creación de la política.

Pero los tiempos han cambiado y las democracias se han fortalecido en los países civilizados. En cambio, los países donde el miedo y la ira se han convertido en políticas de Estado e instrumentos de control y dominación se han polarizado y dividido, y han generado un pueblo indignado y fastidiado, tal cual sucede hoy en Colombia.

Como escribió Salcedo Ramos, “En 2016, durante el Plebiscito, hicieron una campaña con mentiras dizque para que el pueblo “votara verraco”. Ahora riegan entre su rebaño la idea de que la protesta es una amenaza para el país. Siempre asustando a la gente para legitimar su discurso político del odio”. ¿Por qué tanto afán del gobierno en estigmatizar lo que la ley no prohíbe?

El país no olvida aquella amenaza del senador Uribe: “Si la autoridad, serena, firme y con criterio social implica una masacre es porque del otro lado hay violencia y terror más que protesta”. ¿Masacrará el gobierno a quienes salgamos a marchar? ¿Convertirán a Colombia en una nueva Ruanda? "Si la marcha se prolonga, todo está previsto", ha amenazado también la ministra del Interior, Nancy Patricia Gutiérrez. ¿Por qué todo lo del actual gobierno es así: amenazas, odio, mentiras, miedo, chantaje, manipulación?

Sin embargo, aún antes de la fecha prevista la marcha ya ha sido un éxito en cuanto ha movilizado a millones de colombianos a manifestarle al gobierno el desacuerdo con su forma de hacer política y de manejar al país, y a expresarle que no nos representa. “Por ahí no es la cosa”, le hemos dicho un millón de veces, pero insisten en retar a Colombia.

No lo dude, presidente: la responsabilidad de lo que suceda en el país a partir de mañana es completamente suya. No podrá decir luego que otros actuaron a sus espaldas o sin que usted se diera cuenta. Y tenga claro: no se trata de marcar un antes y un después en su gestión. Se trata de marcar un antes y un después en el país, presidente.

PD: Increíblemente, el senador Uribe repitió el domingo, a lo largo de sesenta y ocho trinos, una sola cosa: que el gobierno todo lo ha hecho a medias. O que no lo ha hecho.

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