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Opinión

  • | 2002/03/25 00:00

    Más de 30.000 nuevas empresas

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El año anterior Confecámaras tituló el informe de constitución y disolución de empresas "La reactivación en marcha". La confluencia de indicadores macroeconómicos en recuperación y los datos propios recogidos a través del Registro Mercantil, se sumaban al optimismo de comienzo de año acerca de la situación económica de 2001.

Tal situación se reflejó en las expectativas de los empresarios que vieron crecer sus pedidos y disminuir sus inventarios durante 2000. Con base en tal escenario, la previsión de Confecámaras fue que la etapa de recesión estaba superada.

En concordancia con estos pronósticos, las cifras de constitución y disolución de empresas para el año 2001 mostraron una notable y positiva diferencia respecto de 2000. Tales indicadores no solamente muestran expectativas de inversión; además reflejan decisiones reales, así como la intensidad de éstas. El alcance y valor de los datos de Confecámaras radica en su capacidad para anticipar tendencias de producción en diferentes sectores y ciudades.

El crecimiento del número de empresas constituidas es un elemento positivo del balance del año anterior. Durante el año 2001 crecieron 15% respecto al año 2000. Se destaca el caso de Cali en donde este crecimiento alcanzó el 41%, el mayor del país. En contraste, el número de empresas constituidas en Barranquilla apenas creció en un 3%. No obstante, vale la pena anotar que en 2000, el número de empresas creadas en Barranquilla cayó en 8,9%, lo cual muestra cierto grado de recuperación en esta ciudad.

Por otro lado, el capital de las empresas constituidas cayó en 40%. Un comportamiento explicado por lo sucedido en las ciudades de Bogotá y resto del país fundamentalmente. La participación de estas ciudades en esta variable es de 55% y 21% respectivamente, por lo cual, el comportamiento negativo de las mismas arrastró a la baja el total nacional. En Bogotá, la caída de 55% en el capital de las empresas constituidas responde al hecho de que, de manera excepcional, en 2000 se constituyó la empresa Cerrejón Zona Norte con un capital de $509.875 millones mientras que durante 2001 no se registró ningún movimiento de esta magnitud. Si se descuenta el efecto de esta empresa, la caída total es apenas de 5%. En un país cuya estructura productiva está compuesta en más de 90% por micro, pequeñas y medianas empresas, la entrada de cualquier megaproyecto es un hecho extraordinario que altera los análisis comparativos.

Por su parte, en Barranquilla, Cali y Medellín, el capital de las empresas constituidas creció en 69%, en la primera y en 14% en las dos últimas. Cuando se comparan estas cifras con las de número de empresas constituidas, se observa que en Barranquilla se experimentó una entrada de grandes empresas, en Cali de pequeñas y en Medellín se mantuvo la estructura empresarial.

Así, Cali y Medellín fueron las ciudades con una dinámica más positiva. La primera, no solamente experimentó el mayor crecimiento en la constitución de empresas; además fue la de mayor disminución en la disolución (-27%). Mientras tanto, en Medellín se observó la mayor disminución de capital en empresas disueltas (-63%). El caso de Barranquilla es particular.

De otro lado, los sectores de mejor comportamiento fueron el de transporte y comunicaciones, y el de construcción, los cuales experimentaron un crecimiento de empresas constituidas de 51% y una disminución en la disolución de 63% respectivamente. Por otro lado, el sector de minas y canteras, y el de electricidad, gas y agua, fueron los más afectados con una caída en constitución de 23% y un incremento en empresas disueltas de 165% respectivamente. En el primero de ellos se repite la explicación del caso Cerrejón Zona Norte.

El informe de constitución y disolución de empresas de 2001 confirma una tendencia positiva iniciada en el año 2000. Además del crecimiento en el número de constituidas, las empresas disueltas durante 2001 fueron inferiores a las de 2000 en 2% y el capital que estas se llevaron de la economía lo hizo en 31%.

Estas cifras, en contra de la creencia generalizada de decaimiento en los proyectos empresariales muestra que, por necesidad o confianza, muchos empresarios están tomando la decisión de producir y vender en Colombia. Las 30,098 nuevas empresas así lo muestran. Adicionalmente, el movimiento de disolución de empresas es cada vez menos fuerte sobre la economía nacional. De cada $100 que las empresas disueltas retiraron durante 2000, el año anterior salieron $69.

Hay pues, un buen número de nuevas empresas listas para producir y vender tanto adentro del país, como en el exterior. Para consolidar este movimiento de empresas y traducirlo en efectos reales sobre la economía, resulta fundamental dotarlas de capital de trabajo, fortalecer la demanda interna y reforzar la inteligencia de mercados internacionales.

En el campo del déficit fiscal, que tanto daño hace a la economía, es fundamental reconocer que solucionando el problema de la corrupción, no tendríamos necesidad de financiarnos con deuda. Según cálculos del Banco Mundial y la alianza de lucha contra la corrupción, la fuga de recursos por este fenómeno alcanza valores iguales al 80% del déficit de 2001. La desviación del presupuesto del Estado, los sobornos en la contratación estatal que alcanzan en promedio niveles del 19% del valor de las contrataciones, los sobornos para agilizar trámites menores y la captura del Estado, no solamente generan enormes fugas de recursos públicos; además mellan la confianza social y retrasan las soluciones a los problemas estructurales. Adicionalmente, en el estudio citado se muestra cómo los que gastan mayor proporción de sus ingresos en sobornos para poder acceder a los servicios del Estado son los pobres.

En relación con la demanda interna, 2001 dejó varios retos: la tasa de desempleo en niveles cercanos al 18% convirtió a Colombia en el segundo país con menor empleo de Latinoamérica. Este fenómeno se combinó con la pérdida de poder adquisitivo de cerca de medio millón de familias afectadas por la crisis cafetera y la entrada en vigencia de la reforma tributaria. Como resultado, el consumo de los hogares no contribuyó a la recuperación de la demanda interna.

El gobierno tendrá que sacrificar un punto de inflación para utilizar estratégicamente una emisión monetaria. La experiencia de Perú en los años 1986 y 1987 muestra que cuando hay capacidad ociosa, medidas de este corte pueden afectar positivamente la dinámica económica. Con emisión monetaria ese país logró crecer al 8% y 9% durante los años en mención. Dirigidas hacia generación de capital de trabajo y fortalecimiento de la demanda interna, este tipo de medidas generan un impulso al crecimiento del producto y, por tanto, del empleo.



*Presidente de Confecámaras
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