Tendencias

Home

Opinión

Artículo

opinión

Columna de Aníbal Fernández de Soto
Columna de Aníbal Fernández de Soto - Foto:

Mayoría silenciosa

Las precandidaturas de centro deben lograr un acuerdo que le dé voz, propósito, identidad y contenido a esa amplia mayoría que no se identifica con los extremos políticos.

Por: Aníbal Fernández de Soto

En su última columna en El Tiempo, el exministro Mauricio Cárdenas analizó las recientes encuestas que miden la opinión pública y afirma que el país no está polarizado. La gran mayoría de encuestados no se identifica con los extremos políticos y puede decirse que más del 50 por ciento se ubica en el centro. Su conclusión es "que la cancha en la que se jugarán las elecciones de 2022 será una en la que las mayores opciones las tendrán los candidatos de centro, sin identificarse con un solo partido político, y con propuestas concretas para proteger la biodiversidad, resolver los problemas de delincuencia y atender el tema del desempleo”. Coincido.

En el pasado he afirmado que en el debate público prima el odio y la mezquindad y que en la agenda nacional se discuten preponderantemente las visiones de los extremos. Sin embargo, lo que reflejan las encuestas es que los colombianos estamos en un lugar distinto al que nos quieren imponer esos extremos. Quizás la polarización es más una percepción causada por el ruido y el tono de las minorías de izquierda y derecha que, además, encuentran eco en medios y redes que buscan ser tendencia en lugar de informar y analizar de fondo y con objetividad.

El reto entonces, de cara al temprano inicio de la campaña presidencial, será interpretar el sentimiento de esa silenciosa mayoría, entender sus preocupaciones y aspiraciones, darle voz a sus expectativas, y, sobre todo, tener respuestas con soluciones que unan y construyan.

Ojalá que la cantidad de precandidatos que están surgiendo con distintos matices de centro logren ponerse de acuerdo en un mecanismo amplio de diálogo que gire en torno al debate de las ideas y el futuro del país.

Sería deseable un proceso de sana emulación que permita construir una propuesta programática concertada, que integre distintas visiones, pragmática y realizable que responda a los principales retos económicos y sociales que enfrentaremos en un difícil escenario pospandemia. Y también lograr una agenda que sepa reconocer y aprovechar las oportunidades que el país tiene en materia de recursos naturales y desarrollo rural integral.

Sería interesante tener unas ´primarias´ que permitan contrastar las distintas aspiraciones y medir cómo se van sintonizando con la opinión pública. A medida que avance el proceso, van saliendo unos y se van consolidando otros. Una idea innovadora sería que los precandidatos que van saliendo se comprometan a integrar unas listas al Congreso que acompañen el ejercicio y que se encarguen de liderar la agenda programática desde el legislativo.

Como algunos analistas han dicho, las elecciones parlamentarias de marzo de 2022 serán los ´cuartos de final´, en donde se definirán las candidaturas de la derecha y de la izquierda para la primera vuelta presidencial. Una apuesta plausible de centro debe también aprovechar el escenario de marzo para culminar sus ´primarias´, rodear una candidatura sólida y unificada y lograr una bancada poderosa que le permita afrontar con vigor la ´semifinal´ dos meses después.

En este proceso de convergencia es medular la identidad que se le vaya dando a la candidatura. Las encuestas recientes también evidencian el deterioro del debate político, el cansancio con los liderazgos negativos y la preocupación por la corrupción. Para lograr una conexión con la mayoría silenciosa es imprescindible ejercer un liderazgo decente, de respeto y constructivo.

Aun más, al ver las constantes manifestaciones públicas, las marchas y protestas y el descontento ciudadano, parece claro que la empatía es una de las características que deben sobresalir en una candidatura que busque representar a esa diversidad de expresiones que están en efervescencia en nuestro país. Sin lugar a duda un referente en este sentido es Jacinda Ardern quien gracias a su liderazgo empático y firme logró una contundente reelección y mayoría absoluta en Nueva Zelanda, un país ecléctico, pluriétnico y multicultural como el nuestro.

Recientemente Sergio Fajardo dijo que “tenemos que construir una convergencia por fuera de los extremos, con un acuerdo programático pero antecedida por un acuerdo ético”. Coincido, aunque no sé si lo que en esta columna se describe se acerca a ese acuerdo ético. Pero lograr que un grupo de aspirantes a la presidencia coincidan en la decencia y la transparencia, se muestren generosos y construyan en equipo, evidencien firmeza y empatía, sería un estupendo comienzo. ¿Quiénes se sumarán?