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Opinión

  • | 2020/02/19 14:03

    Merlano nos abrió los ojos

    El debate está servido y plagado de evidencias objetivas que seguramente se consolidarán cuando la señora Merlano revele las pruebas y ratifique con ellas lo dicho, pruebas que demostrarán las alianzas de estas castas políticas con las élites para gobernar a su antojo.

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Habló Aida Merlano y no me equivoqué cuando en una reciente columna dije que era la caja de Pandora que en su interior contenía la trama corrupta electoral de la región caribe que tanto atrae, no solo a los poderes nativos, sino a la clase política tradicional del país, pero fue más allá, nos develó todo ese entramado delincuencial entre contratistas y congresistas que acceden a los auxilios parlamentarios (cupos indicativos) para tumbarse los dineros públicos.  

 Lo importante de la declaración de la señora Merlano es que nos corroboró lo que era un secreto a voces y que nadie, perteneciente a esas empresas corruptas electorales, se había atrevido a contarlo. Nos confirmó la secular estrategia de las mafias políticas colombianas: la compra de votos, las ingentes cantidades de dinero producto de la corrupción y del narcotráfico en las campañas, la compra de cédulas de personas muertas, manipulación de las registradurías regionales y nacional, así como la intromisión del gran capital que tiene capturada la contratación estatal para el mutuo beneficio; lo importante de esa declaración es que nos abrió los ojos, hablo de la sociedad en general, para que dejemos de ser pendejos y salgamos en las próximas elecciones a votar a conciencia, de manera independiente e indignados. Y a la justicia exigirle que actúe.  

 

No faltarán los áulicos de esa clase corrupta que buscarán desprestigiar lo dicho por la señora Merlano; dirán que es una persona desquiciada que está respirando por la herida; sin embargo, para quienes están en el otro lado del espectro político esas contundentes revelaciones no pueden pasar desapercibidas, deben derivar en una acto de sublevación masiva contra ese régimen corrupto. Es la única manera de liberar a Colombia del maloliente poder que nada en privilegios y lujos personales mientras al pueblo, como siempre, le exigen sacrificios. 

 

El debate está servido y plagado de evidencias objetivas que seguramente se consolidarán cuando la señora Merlano revele las pruebas y ratifique con ellas lo dicho, pruebas que demostrarán las alianzas de estas castas políticas con las élites para gobernar a su antojo. Esto nos debe indignar. Es un hecho que desde sus corporaciones, los clanes económicos, diseñan proyectos y le garantizan a cada político una jugosa participación. Bien lo dice Aida Merlano: “Tú le entregas el cupo indicativo (en el pasado auxilios parlamentarios) a un contratista y a cambio te da un 15 por ciento del valor total (asignado)”.

Colombia está a punto de romper con esa vagabundería, así lo demostraron las elecciones regionales del año anterior tras el triunfo de propuestas diferentes y alternativas distintas a estas castas o clanes políticos que por décadas vienen usurpando el poder y haciendo uso indebido de los dineros públicos que los colombianos pagamos a través de los impuestos. 

Asumir el reto de plantearse un discurso distinto a las castas política regionales y nacionales representativas de esa política tradicional, es un compromiso ineludible por parte de quienes lideran el otro lado del espectro político, ya sean formaciones de izquierda, centro izquierda o de centro; tienen la responsabilidad de consolidar un mensaje que aglutine en torno a un proyecto político basado en la decencia, el respeto por los dineros públicos, volver al ciudadano pobre sujeto de derechos para que entiendan que su voto cuenta para el futuro de su familia, del país y comprendan que el cambio está a la vuelta de la esquina. 

Ahora, ese reto lo deben asumir las fuerzas alternativas desde la unidad, la división es allanarle el camino, como siempre ha ocurrido, al viejo país que tan detalladamente describió la señora Merlano. No es solo la costa caribe la que sufre los embates de la corrupción y el narcotráfico, también lo hacen otros 42 clanes políticos que operan en los territorios y que muy bien los explica en su libro Los clanes políticos que mandan en Colombia, el investigador y escritor León Valencia.

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