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Opinión

  • | 2017/11/27 07:16

    Mezquindad como bandera

    “Mire, nosotros somos luchadores solos que necesitamos apoyo de muchos”.

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En el Balcón del Patía, nombre que con orgullo le dan sus habitantes a Balboa en el departamento del Cauca, el conflicto armado hizo fiestas. Allí, estuvieron las Farc, los paras, la coca, hubo bombardeos, minas antipersonal, artefactos explosivos sin detonar, alianzas de Ejército y Policía con paramilitares, asesinatos y violaciones.

Entre desplazados propios y venidos del vecindario, se cuentan 6.370, entre los cerca de 25.000 habitantes del municipio.

A un año y días de haberse firmado el acuerdo de paz, los avances son evidentes: se redujeron los asesinatos, hay más tranquilidad y como bien dice Jesús un vecino productor de café, “ya no hay ese sometimiento de las Farc al campesino que era mucha injusticia, hay más tranquilidad. Pero para qué, cuando estaba la guerrilla, todos éramos mansos porque con ellos la ley era de mano fuerte. Pero ahora, como no llega la ley del Estado a los rincones empiezan a verse robos, empieza a ponerse maluco”.

Y es que el control territorial deja mucho que desear por allí.

No ayudan la compleja y extensa geografía del país que exige muchos hombres, como tampoco, la necesidad de proteger sitios e infraestructuras estratégicas para el Estado de amenazas aún existentes como el ELN, las bandas criminales y las disidencias, que, si bien, no son comparables con la amenaza que significaban las Farc, tienen capacidad desestabilizadora en espacios locales y regionales.

A ello se suma que el Estado no logra articularse para que todas sus manos y no solo la armada lleguen a las regiones.

Otro asunto es la coca.

Balboa no está exenta. Varias veredas viven del cultivo, el procesamiento y los desarrollos de esta economía ilegal.

Como balón de fútbol, la coca salta de un lugar a otra desde los ochenta por la cordillera Occidental.

Los campesinos saben que es un negocio de supervivencia para ellos y de sangre y riqueza para los armados, para algunos políticos pequeños, medianos y grandes y para muchos “señores” que viven en Cali, Medellín, Bogotá, Panamá, Estados Unidos y Europa.

Desde Nariño, Cauca, Valle del Cauca y Chocó este cordón de coca a lo largo del Pacifico y la cordillera Occidental es el mayor reto de desarrollo, inclusión y presencia institucional planteado al Estado Colombiano.

Es importante saber que exclusión y atraso existían antes de que llegara la coca.

Los avances para enfrentar los cultivos ilícitos y su economía son residuales. El programa de sustitución más destacable en esta cordillera es el que hizo Antonio Navarro como gobernador de Nariño, programa que no fue sostenido por los gobiernos subsiguientes y que a pesar de la valoración positiva de actores de gobierno nacional e internacional, fue diferente de lo que se plantea hoy como programa por el Gobierno nacional.

Carmenza, quien ofrece un generoso almuerzo dice: “Lo de la coca, nosotros sabemos que sembrar esa mata no es futuro sino veneno para nuestros hijos y tiene que haber otro camino, por ejemplo: la arroba (de hoja de coca) está a 25.000, el que la coge se lleva diez y hay que abonar y limpiar las matas. Eso ya no está dando.

Si pudiéramos con el café, aquí seríamos grandes en tres años con variedad Castilla y Colombia, que no exigen tanto abono y cargan mucho.

Lo que sí llegó este año, es lo del desminado, lo del PDET que son reuniones pa´hacer un plan, y a ver, ¿qué más?, Ah con lo de regalías, para 2700 cafeteros que somos, no más a 200, nos han entregado tanques-toma y plásticos para secaderos.

Mire, nosotros somos luchadores solos que necesitamos apoyo de muchos”.

A Balboa, municipio donde recuerdan con orgullo que, en 1989, Luis Carlos Galán fue a echar discursos días antes de que lo asesinaran en Soacha, se llega luego de dejar “El Estrecho”, en la ruta Popayán-Pasto.

Desde El Estrecho se va por una vía recta y pavimentada hasta el puente sobre el rio Patía y desde allí, se toma un ascenso de 12 kilómetros en el que se cuentan 225 curvas, para llegar al casco urbano.

El promedio es una curva cada 53 metros.

Algunas son más cerradas y exigentes que otras, pero las mismas pueden asimilarse a las dificultades que sus pobladores, las autoridades municipales y departamentales, enfrentaron en los tiempos de guerra y las que hoy, sin la presencia de las armas y de la violencia cotidiana en su territorio enfrentan con poco acompañamiento.

Con todo y eso, al año de paz aquí, ha valido la pena.

La gente ve los acuerdos como esperanza frágil, pero, esperanza al fin de cuentas.

Las curvas marean a quienes viajan a diario o semanalmente pero enfrentan las 225 con estoicismo. Piden solo que el resto de colombianos, gobernantes o no, los acompañemos en su esfuerzo y camino por superar el atraso y la exclusión económica que como herencia dejaron el olvido institucional y las violencias en la región.

Sus habitantes, no parecen conocer el debate sobre la Justica Especial para la paz (JEP), pero a un año de los acuerdos entienden claramente que si no llega integralmente la mano del Estado, la violencia puede retornar y no podrán concretar sus ilusiones de mejor vida.

Esto no debe permitirse.

La sociedad y el Estado tenemos la palabra.

Adenda para leer: Si se mira con calma, el acuerdo con las Farc ha traído resultados ciertos para los empresarios, las Fuerzas Armadas y la imagen internacional del país y del Gobierno.

¿De qué se quejan sectores de estos grupos?

A las comunidades de zonas de conflicto no les ha ido tan bien. Tienen liderazgos asesinados a lo largo del año de paz (Más de 60) y el Estado no llega con soluciones a la velocidad que se requiere.

A los ex Farc, tampoco les va muy bien que digamos. Les han asesinado en número cercano a los 20 entre combatientes desmovilizados y familiares, han visto cómo el control de sus miembros que los hizo inexpugnables por décadas, se derrumba con las disidencias y se han incumplido los términos de lo pactado. Al tiempo escuchan a quienes aspiran gobernar en 2018, anunciando que echarán atrás las ganancias políticas que les dio el acuerdo.

Tanta mezquindad agrede.

@alvarojimenezmi
ajimillan@gmail.com

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