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Opinión

  • | 2018/06/11 09:22

    Mi voto por la foto del Voto Nacional

    La foto del viernes 8 de junio vence resistencias, crea esperanzas y le da un giro a las elecciones. En el atrio de la iglesia del Voto Nacional, de pie detrás de los protagonistas de la escena, Íngrid sonríe con serena satisfacción mientras en la mesa delante de ella, Antanas y Claudia reciben de manos de Gustavo y Ángela su compromiso de 12 puntos tallados en piedra.

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Punto 1, no expropiaré. Punto 2, no convocaré a una Asamblea Nacional Constituyente. Punto 3, manejaré los recursos públicos como recursos sagrados. Punto 4, impulsaré la iniciativa privada, el emprendimiento y la formalización. Y así hasta el punto 12, pasando por expresiones de respeto al Acuerdo de Paz, la meritocracia, la educación pública, la diversidad y al resultado de la consulta anticorrupción.

Tal vez Íngrid recordó esta misma escena en 1998 cuando ella, senadora electa, firmó con Andrés Pastrana el compromiso de sacar adelante una reforma política ambiciosa, con la que se frenara la corrupción de la clase política. Pastrana firmó ante las cámaras, pero desde el 8 de agosto empezó a escurrir el bulto, a hacerse el no heterosexual. Cuando Íngrid reclamó por el incumplimiento, se exacerbó la crítica en su contra, le dijeron intensa e histérica, publicaban pedazos de noticias mal editadas (las fake news de la época) e intentaban callarla mientras liberales y conservadores se repartían a manos llenas la mermelada de la época.

Muchas cosas pasaron en estos 20 años. Hoy Ingrid está en esta foto como evidencia de los buenos oficios que presta, tendiendo puentes para conciliar posiciones, acordar apoyos y gestar mutuas promesas con confianza. A su lado en la foto se ve a tres las escuderas de los protagonistas, Angélica, Katerine y Maria José, quienes construirán bancada en el nuevo congreso.

Todo en ese acto estuvo cargado de simbología. En la iglesia del Voto Nacional, construida después de la guerra fratricida de los Mil Días; de cara al lugar donde, a nombre de la madre patria, Pablo Morillo sacrificaba a los patriotas que luchaban por la libertad; con una huérfana del símbolo de paz de una guerrilla y una secuestrada por otra guerrilla, invitando a votar por un candidato que fue guerrillero; con los profes y los doctores dándole el aval a un candidato intelectualmente estructurado, estudioso y serio.

Gustavo Petro, así delimitado por los acuerdos con las fuerzas políticas que lo respaldan, crea una nueva confianza, pero también es indudable el mensaje poderoso que transmiten las mujeres que lo rodean en esta foto, y que son garantía de que las cosas se harán con honestidad, seriedad y berraquera. “Tenemos la opción maravillosa”, dijo Claudia a la prensa “no de dejar una constancia simbólica de rechazo a través del voto en blanco, sino de ocasionar una derrota histórica por primera vez a toda la clase política tradicional”.

Y tiene toda la razón, estamos a una X de sacar del poder a toda la politiquería reunida bajo las toldas uribistas. Por primera vez un candidato recibe de forma unánime a todos los enquistados en el poder, a los investigados, los chupasangres, los harapos del partido liberal, los ‘cambio radical’ que ya se le habían volteado a Vargas Lleras antes de la primera vuelta, los de la U desparchados buscando ubicadero, los conservadores que se babean por los puestos y los contratos, los lavadores profesionales de los rastros de la corrupción, los fundamentalistas de la moral, los timadores de oficio. Me imagino cómo será esa sede de campaña, con esta gente husmeando para hacerse a un ministerio, a una alta consejería, a una superintendencia o a una embajada. Lo que por estos días negocia ‘el que dijo Uribe’ con sus apoyos, deja embargadas las arcas del Estado por los próximos cuatro años, asignándoles dueños a la salud, las obras públicas, el servicio exterior, la alimentación escolar y así, a todo peso del gobierno.  

Anuncié mi voto por Sergio Fajardo en primera vuelta, y por supuesto hubiera querido votar por él el domingo 17. Me seducía la idea de que gobernara este desmadre de país una tecnocracia organizada para la ejecución de proyectos bien planeados. Pero si a Fajardo lo había elegido mi razón, a Petro lo voy a ayudar a elegir con la emoción, porque mi corazón está en esa foto, con Íngrid que concilia, Ángela María que teje, Claudia que construye, Angélica que impulsa, María José que recoge.

Y a quienes siguen repitiendo como loros que Petro nos volverá Venezuela, les pido observar cómo, si Duque gana, es Uribe quien concentrará una dosis de poder muy poco sana en democracia, con capacidad para controlar la Presidencia, las mayorías en el Congreso y con ganas de tumbar a las cortes. Estamos a una X de evitarlo.

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